Cuarta semana de confinamiento en España. Echamos de menos las terrazas de los bares, las comidas familiares de los domingos y hasta acudir al trabajo jornada tras jornada hasta convertirlo en rutina. Vivimos en el segundo país más afectado por la pandemia de todo del mundo, y las cifras de fallecidos se nos quedan tatuadas en la mente telediario tras telediario.

Pero, ¿hasta qué punto debemos creer que realmente estamos en el podio de los países más perjudicados? 

Sin restar importancia a la crisis sanitaria que todos sufrimos y lamentamos, debemos ser conscientes de que somos afortunados. Todos somos conscientes de que España cuenta con uno de los sistemas de sanidad pública más punteros del mundo. Sin tener en cuenta las últimas inversiones de urgencia en sanidad efectuadas por el gobierno, el presupuesto del Ministerio de Sanidad destinado a la salud pública entre los años 2018 y 2019 ascendió a 37,6 millones de euros.

Sin embargo, no solo contamos con nuestro propio colchón, esos casi 40 millones de euros de inversión anual. Si éste falla, España cuenta con un segundo filtro de ayudas proporcionadas por la Unión Europea. La iniciativa supranacional dispone de 37.000 millones de euros en concepto de fondos comunitarios destinados a suplir las posibles carencias de los sistemas sanitarios, ayudar a las pymes o a los mercados laborales de los estados miembros. En la actualidad, los líderes europeos trabajan por conseguir resoluciones sobre ayudas en los distintos sectores existentes.

En los países desarrollados como España, los profesionales sanitarios se ven obligados a tomar la decisión de a cuál de sus pacientes privilegiar con un respirador ya que desafortunadamente no cuentan con más de uno por cada 250 habitantes. Sin embargo, esta cifra sería considerada un milagro en países como Zambia que ni siquiera cuenta con un doctor por cada 10.000 habitantes o como Mali, que cuenta con tres respiradores por cada millón de ciudadanos. El continente africano sigue siendo el menos afectado por esta pandemia. A día de hoy, parece casi imposible que el virus cruce el desierto subsahariano y azote el territorio africano. Pero no debemos olvidarnos que hace apenas unos meses, también nos parecía imposible imaginarnos que de una ciudad de 8.500 kilómetros cuadrados (con una superficie menor que la de Asturias) saldría un virus que causaría una pandemia sin precedentes en nuestra historia reciente. 

Aunque nos estemos viendo azotados por una serie de anomalías sin precedentes que hacen muy difícil valorar la actuación del ejecutivo durante esta pandemia, existe un índice que evalúa la capacidad de los distintos sistemas sanitarios para hacer frente a las crisis sanitarias, el «Global Health Security Index». España se sitúa en la posición 15 de los 195 países que lo conforman, con una puntuación de 65,9/100. Es Somalia quien cierra el índice sin llegar a los 17 sobre 100.  Entre medias, encontramos al segundo país más poblado del mundo, la India. En este país, el distanciamiento social es algo inimaginable para sus habitantes. Allí, los sanitarios deben esconderse a la salida de los centros hospitalarios para no ser agredidos por la población. Con una puntuación ligeramente superior a la somalí se encuentran países con cientos de miles de refugiados, que tratan de sobrevivir a esta pandemia a pesar de no contar con el mínimo número de profesionales sanitarios para atender a su población en situaciones normales y en los que no cuentan con un respirador por cada 250 habitantes, pero tampoco cuentan con agua potable la gran parte del tiempo.

Entonces, deberíamos plantearnos cómo es posible que con estos datos, países privilegiados como Italia o España se sientan desprotegidos con respecto al resto del mundo. 

Para finalizar y habiendo sido partícipes, una vez más, de la falta de voluntad de los integrantes del G20 para financiar la recuperación sanitaria del resto de países del mundo. Me gustaría recalcar que se nos está escapando un pequeño (gran) detalle, y es que en diciembre de 1948, 48 naciones firmaron la Declaración de los Derechos Humanos Universales de las Naciones Unidas, entre los cuales podemos encontrar el derecho a la asistencia sanitaria. Y es que los países que tenemos la suerte de tener un sistema sanitario puntero deberíamos mentalizarnos de que hay otros que ahora más que nunca necesitan nuestra ayuda. Mirar, por una vez, más allá de nuestras fronteras.  

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here