Mariano Arias (Fabero, León, 1946), conocido como Marianín, nunca sintió un amor loco por la pelota. De hecho, señala a su padre como el culpable de que fuese futbolista. Cuando comenzó en el Fabero no podía disputar los partidos fuera de casa porque trabajaba los fines de semana en el bar familiar, así que el club le pagó dos camareros a su padre para poder contar con el chico. En su primer encuentro lejos del pueblo, el equipo venció 2-8 y Marianín marcó seis goles. Fue un presagio. En la temporada 1972-73 terminó Pichichi.

—¿Cuánto hace que no le piden un autógrafo?

—Hace un año estuve en Oviedo y allí firmé algún que otro autógrafo. Fui a una cena de una peña.

—Usted fue pichichi con el Oviedo en la temporada 72/73 con 19 goles, por delante de jugadores como Gárate, Amancio, Quini, Luis Aragonés o Santillana. ¿Cómo lo hizo?

—No era muy técnico, pero era veloz y remataba bien tanto de cabeza como con los dos pies. Tuve buenos compañeros tanto en la Cultural como en el Oviedo. Ellos me pasaban buenos balones y yo no hacía más que correr y empujarlos. Parece que se me daba bien.

—Gárate dijo una vez: “Para nosotros, los que jugábamos en Atlético, Real Madrid o Barcelona era fácil marcar goles. Pero lo de Marianín, Vava o Porta sí que tenía mérito”.

—Eso lo comentó en una entrevista y en un homenaje que nos hicieron en 1988, en Bilbao, a los pichichis. Dijo que, jugando en esos grandes equipos, ellos tenían que haber quedado por delante. También afirmó que yo era un jugador fuera de lo normal. Si hubiera jugado en el Madrid o en el Barça quizá hubiera quedado máximo goleador todas las temporadas. Ahora es más difícil, porque son muchos defensas contra un delantero o casi ningún delantero. Yo estoy muy orgulloso de haber sido pichichi en un equipo ascensor como el Oviedo.

—¿Qué delantero de los actuales cree que se parece a usted?

—Algo Luis Suárez y Aduriz. Yo no era técnico, pero driblaba algo. Me solía colocar por el área, aunque también jugué de extremo por cualquiera de las dos bandas. Cuando fiché por la Cultural, empecé jugando de extremo derecho. Luego pasé a ser extremo izquierdo y finalmente me colocaron como delantero centro. Ahí fue cuando empecé a marcar goles. El año antes de ascender con la Cultural me quiso el Málaga y aquello hubiera sido un trampolín. Porque el que iba al Málaga, y destacaba un poco, solía fichar por el Madrid o el Barcelona. Si llego a ir al Málaga, hubiera acabado en un grande.

—¿Por qué no fichó por el Málaga y sí por el Oviedo?

—Estaba casi todo cerrado e íbamos a viajar a Málaga a firmar, pero el día que teníamos previsto desplazarnos mataron al presidente del Málaga. Yo era un capricho suyo y por su fallecimiento me quedé sin fichar. Allí hubiera ganado tres veces más de lo que gané en el Oviedo.

—Usted se fajaba bien, pese a no ser muy alto (1’75)…

—Yo iba muy bien de cabeza porque saltaba mucho. De hecho, Santamaría, central del Zaragoza, dijo que no había visto un jugador saltar tanto de cabeza como yo. Decían también algunos centrales que yo me mantenía arriba, mientras que ellos descendían, que yo era capaz de poner con la cabeza el balón donde quisiera. Solía marcar muchos goles corriendo a la espalda de la defensa.

«La mitad de los futbolistas de ahora no jugarían al fútbol con Aguirre Suárez y Fernández»

—¿Fue el recién fallecido Benito el defensa más duro de la época? Se cuenta que Aguirre Suárez y Fernández, ambos del Granada, también eran terribles…

—La mitad de los jugadores de ahora no jugarían al fútbol con Aguirre Suárez y Fernández. Benito era duro, porque el fútbol de antes era más duro que el de ahora. Si los actuales jugadores vieran las patadas que se daban antes… También recuerdo a Touriño, otro defensa del Madrid. En un Oviedo-Real Madrid, me cubrió a mí y pasé más tiempo en el aire que en el suelo.

—Parece que en el fútbl de los 70 era más fácil salir corneado que en los sanfermines…

—Es completamente distinto. El fútbol ya no tiene tanta dureza. También hay que decir que ahora tienen unos campos de cine. Cuando empecé a jugar, en invierno te enterrabas hasta los tobillos. Jugar al fútbol en esos campos era bastante difícil. El agua, el barro… Si mi compañero Javier Álvarez Alonso hubiera pillado los campos de ahora, Madrid o Barcelona se habrían quedado cortos para él. Era un poco chupón, pero era uno de los extremos que más me gustaban. Antes se jugaba con extremos, pero ahora son siete u ocho defensas contra un delantero o ninguno. Y los laterales son los extremos…

Las camisetas de Marianín expuestas en su casa.
Las camisetas de Marianín expuestas en su casa.

—¿Echa de menos a los extremos en el fútbol actual?

—Está muy bien que los defensas suban, pero antes el fútbol era completamente distinto. Antes los defensas subían y los interiores cubrían el espacio que dejaban, pero ahora no. Ahora van todos al ataque y hay unos contraataques… Un delantero rápido se hincha a marcar goles.

—Usted con su rapidez se aprovecharía de eso…

—Sin lugar a dudas. Jugando con Messi, yo sería la leche. Él filtrándome balones y yo corriendo.

—¿Es cierto que algunos jugadores utilizaban agujas para pinchar a los contrarios en los saques de esquina?

—Había jugadores que en un córner te pisaban, te empujaban, te pinchaban, te escupían… Hoy también. Antes no pitaban penalti, pero ahora sí. Tenía que ser algo muy grave para que lo pitaran.

Los más grandes

—¿Messi sería igual de bueno en el fútbol de los 70?

—Podría ser. Para mí, Messi es de otra galaxia. No va a haber un jugador como éste en la vida en su puesto. Ni mis nietos ni mis bisnietos verán uno como él.

“Cruyff era más hábil, artista, fino y elegante que Maradona. Pero me quedo con Messi por encima de los dos”

—Coincidió con Cruyff. ¿Qué le hacía diferente?

—Cruyff con el balón en los pies era un crack. Hablan de Maradona, pero Cruyff era tan bueno como Maradona. Era más hábil, artista, fino y elegante que Diego. Cruyff era un jugador de casi todo, pero no marcaba goles; Messi sí. Eso lo engrandece más. Me quedo con él por encima de Cruyff y Maradona.

—Le apodaron El Jabalí del Bierzo. ¿Imprime carácter ser hijo de minero?

—Mi padre fue minero, pero yo empecé trabajando en un taller mecánico que había comprado mi familia. Después, estuve de camarero y más tarde pasé a trabajar en el taller. En ese momento, tuve que hacer la mili. Lo del apodo de El Jabalí del Bierzo me lo pusieron porque era muy valiente. No tenía miedo a nada. Recuerdo en un Oviedo-Burgos que me tiré de cabeza a un centro y el balón estaba sólo a 30 centímetros del suelo. Al día siguiente, me dijeron que estaba loco, pero yo lo hacía todo conscientemente.

—El Real Madrid pensó en usted como sustituto de Amancio. ¿Por qué no se dio su fichaje?

—No sé. También me pasó con el Barcelona. Conmigo no hablaron. El último año que estuve en el Oviedo me quiso el Celta. Sabía que me iban a dar la baja, pero no me dejaron marchar finalmente. El único club con el que tuve trato fue con el Málaga. No tuve constancia del interés del Madrid y del Barcelona hasta que salió en la prensa. En el museo que he montado en casa, repaso los recortes de prensa y me querían el Betis, el Sevilla, el Rayo Vallecano, el Valencia… Yo no leía la prensa en aquel momento.

—¿Cómo podía no enterarse de lo que se cocía a su alrededor?

—Nunca hablé nada con nadie. Tampoco me preocupé por el fútbol. Yo fui futbolista gracias a mi padre, que en paz descanse. Él me animó y, sin él, yo no hubiera llegado a nada. No me gustaba el fútbol y actualmente casi no veo partidos. Antes sólo veía al Real Madrid, al Barcelona y a la Selección, pero ahora ni eso. Por eso no me enteraba de nada, sólo del interés del Málaga.

De izquierda a derecha, Puskas, Di Stéfano, Marianín (de pie) y Zarra.

—¿Tanto le influyó su padre?

—Yo trabajaba con él en el bar, además de en el taller que teníamos. Los sábados y los domingos lo ayudaba como camarero. Cuando el Fabero, el equipo del pueblo, jugaba fuera, yo no podía ir, porque tenía tarea. Así que sólo jugaba los partidos de casa. El equipo decidió pagar dos camareros para que yo pudiera jugar también fuera. En el primer partido que disputé lejos de casa ganamos 2-8 y marqué seis goles. Fue en Villaseca de Laciana. Mi padre me animó a jugar al ver lo bien que lo hacía. Él firmó el contrato con el Bembibre cuando yo estaba en la mili. Y en el bar que teníamos también firmó mi carta de libertad en una servilleta.

—La historia de Messi en el Barcelona también comenzó en una servilleta…

—Eran otros tiempos. Cuando firmé por la Cultural Leonesa, me denunció la Ponferradina. En el Bembibre marqué 13 goles en 12 partidos, aunque el campo era horrible. Antes de marcharme a la Cultural, no me había entrenado en mi vida con un equipo de fútbol…  

—¿Cómo se preparaba entonces para los partidos?

—Los seis meses que pasé en la mili estuve en la Virgen del Camino de voluntario en aviación. El día que libraba, venían dos o tres compañeros del Bembibre a recogerme para jugar el partido. Yo no entrenaba. Nunca me entrené hasta que fui a la Cultural.

“Rinus Michels me mandó una carta. Me dijo que los directivos no quisieron ficharme, pero que él sí quería”

—Se interesaron por usted muchos equipos, pero se dice que el Barcelona de Rinus Michels estuvo cerca de su contratación…

—Me mandó una carta Rinus Michels. En ella me decía que era mentira lo que decían por ahí de que yo a él no le gustaba y me pedía disculpas porque decía que él no había sido el causante de que yo no fichara por el Barcelona. Los directivos fueron los que no quisieron ficharme, pero Rinus Michels sí quería.

—¿Ha pensado alguna vez cómo le hubiera cambiado la vida de haber jugado en un grande?

—Nunca lo pensé.

—Usted le marcó tres goles a Iríbar en San Mamés. Eso es casi como ganar un título. Cuéntenos a los más jóvenes cómo era Iríbar…

—El mejor portero del mundo junto a Lev Yashin en aquella época. Para mí, era mejor Iríbar que Yashin. Marcarle tres goles en San Mamés fue algo único. Cogí fama porque se los marqué en 20 minutos.

—¿Cree que ha sido el mejor portero de la historia de España?

—Era un gran portero, pero Casillas ha sido tan bueno como Iríbar, no tiene nada que envidiarle.

La Selección

—Usted jugó sólo un encuentro con la Selección y fue un amistoso en Turquía en 1973. Aquella fue la última vez que España no se clasificó para un Mundial. ¿No había buen equipo? ¿Qué falló?

—Había dos selecciones, una que estaba concentrada para jugar frente a Yugoslavia por la clasificación y otra que tenía que enfrentarse a Turquía en un amistoso. Perdieron 2-1 frente a Yugoslavia y por eso no se clasificaron. España tenía buen equipo, pero había otras buenas selecciones y teníamos mala suerte… El fútbol es único… Cuando España ganó los tres títulos seguidos, creo que ni Brasil en sus mejores tiempos ha jugado tan bien como esa España. El fútbol que hacía la Selección era el que hacía el Barcelona.

—¿La Selección de los tres títulos y el Barcelona de Guardiola han sido los mejores equipos que ha visto?

—Es el mejor fútbol que ha habido en la historia. Durmiendo, sabían dónde estaban cada uno. Había unos jugadores excepcionales. Quedar campeones del mundo y bicampeones de Europa demuestra el potencial que tenía la Selección.

—Se retiró a los 32 años. ¿No fue demasiado pronto?

—En aquella época eras mayor cuando cumplías 30. No jugaba muchos partidos y lo dejé. Antes, el fútbol era más potente, pero ahora hay mucha más preparación física. Nunca me entrené hasta llegar a la Cultural, así que si naciera hoy, quizá no sería futbolista.

Zarra, Hugo Sánchez y Quini, junto a Marianín.

—¿No se planteó ser entrenador, como muchos otros colegas?

-No. No me gustaba mandar. Era demasiado recto. De vez en cuando, algún entrenador, aquí en Fabero, que era amigo mío, me pidió que entrenara al equipo cuando él no podía. Era difícil, porque no podía cambiar el sistema de entrenamiento. Ahora yo hablo con la prensa, porque ya estoy retirado, pero antes veía un micrófono y me escondía. Yo no tengo estudios, sólo el bachillerato de aquella época.

—¿En aquella época se ganaba lo suficiente como para asegurarse la vida?

—Sí. Yo por lo menos sí lo gané.

—¿En qué invirtió usted sus ahorros?

—En Oviedo monté una cafetería y me fue muy bien. En León monté una tienda de cocinas y alimentos, pero no me fue igual de bien y tuve que cerrar a los dos años. Luego regresé a Fabero. Ahora tengo una buena pensión para vivir cómodamente.

—¿Qué le falta al Oviedo para volver a Primera?

-Está teniendo mala suerte. Para mí, tenía que estar casi siempre en Primera. Su afición, y lo dice uno que es de León, es lo mejor que hay.

—Usted con la afición no empezó bien. Le pitaron en su primer partido en el Tartiere y llamó al presidente de la Cultural para que devolviera el cheque del traspaso porque quería volverse…

—El primer partido que jugué con el Oviedo fue en Las Palmas y perdimos 2-1. En Oviedo, no recuerdo contra quién jugamos y jugué los últimos 20 minutos. Me tiré por un balón que no llegaba y me pitó la gente. Nada más terminar el partido, llamé al presidente de la Cultural para decirle que quería marcharme. Vino el presidente a Oviedo a hablar conmigo y me convenció. Yo ya había comprado un piso en Oviedo, pero no me importaba marcharme.

—¿Qué opina de Carlos Slim?

—Me alegro que haya apostado por el Oviedo. Creo que no le va a pesar nunca haber invertido en el club.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here