El León de la Blume se siente enjaulado estos días, pero su hiperactividad ha encontrado atajos para seguir viviendo, hablando y aprendiendo de la pasión que le alcanzó de niño, que no es otra que el atletismo. Juan Carlos Higuero (Aranda de Duero, 1978) ideó casi por casualidad la iniciativa #EnCasaconlosAtletas, tras hablar con dos amigos deportistas confinados en Sierra Nevada, donde les sorprendió el Estado de Alarma. Con esas charlas a través de su instagram nos descubre el día a día de los mejores atletas de nuestro país y de paso da rienda suelta a su nuevo rol, el de comentarista deportivo: «El periodismo también me ha apasionado desde siempre, por eso me fijaba en los grandes oradores».

Atrás queda un palmarés plagado de rosas y espinas donde florecen los 11 campeonatos de España, el oro europeo de 1.500 (2007), la plata en 3.000 o el bronce en 5.000. La variedad habla también de la calidad de sus piernas, las mismas que se quedaron a un parpadeo, 28 centésimas, de una medalla olímpica aquella tarde de 2008. Aunque Higuero prefiere mirar hacia delante, tiene demasiados sueños por cumplir todavía, el más grande, quizá, tener su propio programa de televisión.

—¿Qué nos podemos encontrar en sus conversaciones con los atletas? ¿Una clase de atletismo, una charla de amigos, aspectos personales y emocionales sobre la situación que nos está tocando vivir?

—En realidad hablamos de todo. Repaso la biografía de los protagonistas, abordamos los lugares donde se entrenan habitualmente, el entorno donde lo hacen y con quién: su equipo de trabajo, su entrenador, sus compañeros. También nos referimos a sus mejores o peores momentos deportivos. Al final intentamos profundizar con el atleta y conocerle un poco más como persona. Somos conscientes de que el atletismo no tiene un lugar destacado en los medios habitualmente y así intentamos darle más visibilidad.

—Dicen que el atletismo no seduce a los jóvenes porque es demasiado sacrificado y no se gana suficiente dinero.

—Es evidente que en términos económicos no tiene nada que ver con otros deportes. Pero en cuanto a valores está plagado de ellos, no solo es el sacrificio, la tenacidad o la disciplina que conlleva, también encuentras el valor de la amistad, los grandes recuerdos y experiencias que vives en las concentraciones, en las competiciones, eso hace que el esfuerzo se valore mucho más. El respeto entre los atletas es máximo porque todos saben lo que cuesta llegar ahí. Yo te puedo hablar por mi experiencia personal y en el atletismo me he encontrado a gente que es capaz de ofrecerte todo lo que tiene, que comparten contigo su experiencia y sus vivencias, incluso en algún caso cosas materiales. Eso es el atletismo, es un deporte muy agradecido y respetuoso.

—¿Por qué se hace alguien atleta pudiendo hacerse futbolista?

—Te tiene que gustar. No hay una explicación directa. Habrá gente a la que le guste más el deporte individual frente al deporte en equipo. El atletismo te tiene que entrar por los ojos, es una cuestión de libertad, incluso. Yo me sentía libre corriendo. A mi es que me gustaba tanto que no me planteé otra cosa.

«El día que Fermín Cacho me puso una medalla lo miraba de reojo como si estuviera viendo a un superhéroe»

—Usted tenía 14 años cuando Fermín Cacho ganó el oro olímpico en Barcelona, ¿cómo lo vivió? ¿Decidió entonces hacerse atleta?

—Aquello fue una gesta. Todavía tengo la portada de un periódico español que tituló El Cacho que faltaba, para que veas, ahí ya me gustaba el periodismo o me fijaba en esas cosas. Es una imagen que tengo guardada para siempre. A mí, pocos atletas me han hecho emocionarme o llorar, es cierto que los éxitos de los deportistas españoles me llegan, me tocan mucho, pero ver algo diferente como aquello que hizo Fermín Cacho y que ocurre tan pocas veces, me emocionó. Para mí Cacho ha significado bastante en mi vida, primero porque me enganché al atletismo con aquella medalla de oro suya y poco después porque acudió a una prueba en un pueblo cercano al mío, Quintana del Pidio. Allí se corría una milla en la que Fermín iba a entregar los premios, yo me enteré a través del Diario de Burgos, y rápidamente se lo dije a mis hermanos y mis padres. Participé en la prueba y la gané. Tenía 15 años y ahí estaba Fermín Cacho entregándome el premio. Yo lo miraba de reojo como si fuera un superhéroe. Para mí fue como un sueño, un orgullo enorme. Luego, el gusanillo de la competición lo pude ir alimentando gracias a las pruebas que cada fin de semana organizaban el Instituto Deporte y Juventud de Burgos y la Diputación.

—En qué momento el atletismo pasó de ser un juego a algo más serio, cuando la diversión dejó paso a la responsabilidad.

—Depende mucho del atleta. Yo con 21 años estaba corriendo en unos Juegos Olímpicos. Hay atletas que cuajan mucho antes y otros se hacen más tarde. Ese corte lo situaría entre 21 y 24 años. En ese momento tienes que dar el paso definitivo, el salto a profesional si te quieres dedicar a esto. En ese momento ya tienes que haber tenido algún que otro buen resultado, tienes que tener algún patrocinador y seguramente tener alguna beca deportiva para poder seguir adelante. Luego ya depende del atleta y de la persona el momento en el que alcance su máximo, pero en esa horquilla de edad, es cuando tienes que hacer un clic en tu cabeza si te quieres dedicar profesionalmente a esto.

—Cuando uno corre, qué es mejor: ¿imaginar que persigues a alguien o que alguien te persigue a ti?

—Todo responde a la concentración. Todo es una cadena y responde a un plan: llevar bien la respiración, no darte muchos golpes con los rivales, correr más por la calle uno que por fuera. Todos tenemos una táctica o un plan a la hora de correr, pero tienes que estar muy concentrado en carrera y además ser flexible para alterarlo según cómo actúen los rivales. Yo era de los que tenía un plan pero también me guiaba por sensaciones durante la carrera.

—¿Está más preparada la cabeza de un deportista de élite para un confinamiento?

—Pues creo que sí, porque psicológicamente su cerebro está más preparado para los esfuerzos y esto no deja de ser un esfuerzo. También están muy acostumbrados a la rutina; su día a día pasa por entrenar, comer, descansar… Ahora se ha alterado su lugar y quizás sus tiempos de entrenamientos, pero el atleta y el deportista en general tiene esa facilidad para buscarse sus rutinas, para compartimentar el tiempo y para sacarle el máximo rendimiento. Y eso en esta situación es clave.

—Todo el mundo dice que usted es una buena persona, ¿se puede ser deportista de élite siendo una buena personal? ¿No hay que tener un punto de mala leche?

—Para mí lo más importante es ser buena persona, todo lo demás viene después. Ser buena persona no te impide ser un gran deportista. Al menos yo todos los grandes deportistas que conozco son buenas personas, todos cuidan de su gente, cuidan de sus entrenadores, de sus fisios, de su entorno. Yo no concibo un gran deportista que no quiera ser buena persona. A lo mejor los hay, no lo dudo.

«Quizá podía haber conseguido más réditos deportivos en el 5.000, pero no podía traicionar al 1.500, no podía traicionar a mi prueba»

—También decían que usted podía haber alargado su carrera deportiva si hubiera optado por pasarse al 3.000 o al 5.000, donde también obtuvo resultados.

—Conseguí una medalla de plata en 3.000 y otra de bronce en 5.000, ambas en un Europeo. Luego volví a correr algún otro 5.000 pero sin preparar esa prueba específicamente, sin centrarme. Lo que ocurre es que yo soy un enamorado del 1.500 y yo sabía que en 5.000 podía tener opciones, pero es que yo no concebía seguir en el atletismo sin el 1.500, simplemente por eso. Con mis errores y con mis aciertos esa fue mi decisión. Quizá podía haber conseguido más réditos deportivos en el 5.000 pero no podía traicionar al 1.500, no podía traicionar a mi prueba, así lo sentía.

Higuero con su plata en 3000m en el Europeo de Goteborg, 2013. CordonPress.

—¿Todavía le gusta escuchar los discursos de los políticos? Con la que está cayendo…

—Ahora lo miro de otra forma. Sí que sigo escuchando los discursos políticos pero ahora selecciono más lo que escucho y las intervenciones. Son auténticos oradores y yo creo que se pueden aprender cosas de ellos en este sentido, a la hora de transmitir un mensaje o lanzar una idea. Es algo que también me ocurre con los periodistas. Pero te reconozco que antes me escuchaba los Debates de la Nación, ahora ya no. Ahora veo trozos o resúmenes.

—Desde que se retiró del atletismo has cultivado una nueva faceta, la de comentarista deportivo ¿Qué es lo más difícil del comentarista?

—Me considero un soldado raso en esto del periodismo deportivo, mi papel es más de analista de atletismo. Lo más difícil, quizá, es encajar tu mensaje con lo que está ocurriendo en directo. El directo es muy difícil, porque están pasando muchas cosas a la vez, tienes que estar atento a todo lo que sucede y luego tienes que ordenarlo muy bien para lanzar el mensaje que quieres transmitir e incluso explicar al espectador lo que está ocurriendo o cómo se está sintiendo el atleta en ese momento. Estructurar lo que ocurre en directo y acoplarlo a tus intervenciones, eso es lo que me resulta más complicado. Por ejemplo, en algunos streaming de pruebas de atletismo que he hecho, ahí te tienes que reinventar, porque ahí estás desnudo. Tienes que tener varios roles en una misma persona, ser presentador, comentarista, incluso animador si la prueba decae. Ahí no tienes al compañero que te salven en un momento dado. Los streaming me han servido para valorar aún más la labor de mis compañeros de Teledeporte.

—¿Se tiene que morder mucho la lengua para no atizar a los atletas?

—No me gusta subrayar con mayúsculas cuando un atleta ha competido mal, pero si se ha confundido hay que decirlo con respeto y explicar al espectador lo cruel que puede ser el atletismo porque te lo juegas todo en una prueba en un día. Y ahí te tiene que salir todo perfecto, el mínimo error te deja fuera. Hay que llegar en plenitud de forma y encima que todo salga bien ese día, ahí está la dificultad de nuestro deporte. Pero si se compite mal hay que decirlo, porque el primero que lo sabe es el atleta. Para mí la clave es explicar los motivos de tu crítica y ser preciso en tus intervenciones, ese creo que debe ser el valor añadido que aporte un comentarista deportivo.

—¿Dónde estaba más nervioso, en la línea de salida de una gran prueba o en el plató de Teledeporte comentando una prueba de atletismo?

—Me ponía mucho más nervioso en una línea de salida. Mucho más, no tiene nada que ver. Lo que sí mantengo en la televisión es el mismo ritual que cuando competía. Me tomo mi café 40 minutos antes de entrar al directo, repaso el guión igual que antes vislumbraba la carrera, antes de que se encienda la cámara hago mis respiraciones de diafragma e intento mantener la concentración al máximo.

—¿Quiénes son sus modelos en el periodismo deportivo?

–—Soy un apasionado del periodismo deportivo. Estoy todo el día enganchado, sobre todo a la radio. Ahora con los podcast también te facilitan mucho las cosas. El primer nombre que me viene a la cabeza es José Ramón de la Morena, que fue posiblemente al primero que conocí personalmente, después de haberle escuchado muchos años. También escuchaba mucho a Joseba Larrañaga, a Juan Antonio Alcalá, ahora a Juanma Castaño, pero a todos ¡eh! Intento escuchar todo lo que puedo. Consumo muchísima radio y me gusta tumbarme en la cama a la hora de dormir y escuchar los programas deportivos de la noche, ahí se aprende mucho porque llevan toda la vida en la radio. Con ellos te das cuenta de que está muy bien la teoría pero hay que ponerla en práctica y ves cómo guían las entrevistas, cómo les repreguntan, cómo hacen entrevistas complejas y cómo saben salir de situaciones complicadas, de todo eso se aprende. A medianoche me encanta escuchar la radio, esa es mi franja, y ahí voy cambiando de unas a otras para escuchar y ver cómo lo hacen unos y otros. Y si alguna vez me he perdido alguna entrevista me la pongo al día siguiente en podcast.

—¿Y quién diría usted que ha sido el mejor deportista de la historia?

—(Resopla) Pues te podría decir Gasol o Nadal que son los que a todos se nos vienen a la cabeza, pero es cierto que no les conozco personalmente. Tienen que ser buenas personas además de buenos deportistas, solo hay que ver cómo están ayudando y las iniciativas que han lanzado en estos momentos tan complicados, pero a mí me gusta conocer más de cerca a las personas para poderlas valorar.

«Hicham El Gerrouj imponía mucho, cuando competías con él te sentías impotente, te ganaba por KO»

—¿Cómo fue desafiar a El Gerrouj? ¿Cómo era correr contra él?

—Imponía, imponía mucho. Cuando veías la determinación con la que competía, con la que entrenaba, esa seguridad en sí mismo con la que se movía tanto dentro como fuera de la pista, eso impresionaba mucho. Tenía un equipo muy profesional a su lado, que medían todo al milímetro, sus calentamientos eran siempre iguales. El recuerdo ahora de haber competido con él, con el mejor de todos los tiempos, es de no poder hacer nada, de sentirte impotente, te ganaba por KO. Es que sigue siendo el plusmarquista mundial desde el año 1998, ¡Desde el 98! con todo lo que ha evolucionado la tecnología, la alimentación, la preparación y todavía no le han batido. A mí te reconozco que me imponía por todo, por su manera de ser, por cómo afrontaba las carreras, esa determinación. Yo intentaba aprender mucho de Hicham El Gerrouj, y creo que he aprendido con él, tanto dentro como fuera de la pista, donde también compartí momentos en concentraciones, hoteles, etc.

«A los atletas les falta un poquito más de atrevimiento, de descaro. Necesitamos ídolos como Bolt para llegar a más gente»

—¿Cree que al atletismo le faltan en estos momentos referentes a nivel mundial para enganchar al aficionado como antaño?

—Quizá a los atletas les falte un poquito más de atrevimiento, de descaro para llamar la atención al público. Va a ser muy difícil, por ejemplo, volver a ver un Usain Bolt. Estaba en la prueba más mediática, en los 100 metros lisos, y además tenía su carisma, sus récords, lo tenía todo. Evidentemente necesitamos ídolos como Bolt para que el atletismo llegue a más gente, pero bueno, creo que como diría José Mota, haberlos hay. Lo que creo es que los atletas que están arriba tienen que tener un poquito más desparpajo para captar la atención y la mirada de todos.

—¿Y al medio fondo español qué le ocurre?

—Es una suma de factores. Hay generaciones que son imposibles de repetir. Ha pasado en el fútbol, en la Selección española, donde es muy difícil volver a ver ese equipo campeón del mundo del 2010. Todas las generaciones no son iguales. Creo que nuestro atletismo sigue teniendo buena salud, y en concreto el 1.500 también, pero no estamos tan boyantes como antes. No sé muy bien cuáles son las causas de ese posible bajón, porque los entrenadores están cada vez más preparados, los métodos son más avanzados pero el caso es que el último medallista fue David Bustos y eso fue en 2016 (Plata en el Campeonato de Europa celebrado en Amsterdam). Es mucho tiempo y más para nosotros, los atletas, que vivimos de las medallas que ganamos. Aunque es cierto que en otras disciplinas hemos mejorado. Ahí está el 800, el 400 y también las pruebas de velocidad femenina.

«Teníamos dos guerras contra el dopaje: demostrar que estabas limpio y convencer al aficionado de que no todos éramos iguales»

—Usted vivió los años de plomo del dopaje en España y nunca se vio involucrado en ninguna de las operaciones policiales ¿Cuánto daño hizo todo aquello al atletismo? ¿Sigue la credibilidad del atletismo resentida?

—Está claro que el dopaje, lamentablemente, se encuentra en todos los deportes. Es cierto que el atletismo sufrió mucho y ha sido una lacra para todos nosotros, para los atletas que íbamos limpios. Lo que más te sorprendía era ver a personas que confiabas en ellas y luego te dabas cuenta que habían estado metidas en estas cosas. Cuando veías que esas personas tomaban esos atajos tú también te sentías mal, yo me quedaba con mal cuerpo. Porque los atletas limpios teníamos dos guerras, teníamos que luchar por nuestra limpieza y encima hacer ver al aficionado y a todo el mundo que no todos íbamos dopados. Esas eran nuestras dos grandes guerras por encima de todo.

—¿Corrió alguna vez contra atletas que sabía que se dopaban?

—No puedes correr pensando que el de al lado puede ir dopado. Si piensas eso dejas de competir, dejas el atletismo, porque esos pensamientos además te quitan energía. Mi percepción en una línea de salida o mientras entrenas era pensar que la gente iba limpia. Lo único que tengo claro de todo esto es la tolerancia cero y los castigos ejemplares. Los castigos tienen que ser mucho más duros, porque dos años de sanción es ridículo. Tenía que ser mucho más, no sé cuanto tiempo, quizá la solución sea que entren en la cárcel, algo muy severo para que el deportista se piense muy mucho lo que va a hacer antes de tomar esos atajos, que sepa cuáles son las consecuencias. Es que se ha comprobado que si la sanción es de dos años a muchos no le importa jugársela.

—¿Estará entonces bastante de acuerdo con la sanción de la AMA a Rusia?

—Esa es la línea que hay que seguir, claro que sí. Aunque insisto, todo castigo contra el dopaje me parece poco. Es que es un delito. Son temas que a mí me enervan, porque lo has vivido, porque te han quitado tu sueño, te han robado tu ilusión, y me pone muy triste.

Tokio 2020

—Aunque los Juegos Olímpicos se hayan retrasado a 2021, la delegación rusa tampoco podrá participar, pero ¿qué supone para un deportista una alteración como esta en su calendario?

—Suspender los Juegos Olímpicos y retrasarlos un año era lo más justo y lógico. Al final son las mismas fechas pero un año después. Es la mejor opción que se podía tomar. Lo más importante era la salud, ese debía ser el primer criterio a tener en cuenta más allá de los intereses deportivos. Pero luego están los deportistas, que son los verdaderos protagonistas de este evento. Ahí habrá algunos que lleguen muy justos por la edad y evidentemente en 2021 no van a estar igual de forma. En el lado contrario están todos aquellos que se lo iban a perder por lesión y ahora les han dado una segunda oportunidad para poder participar. Son lances de la vida, aunque como decía antes si es por la salud de todos nadie se puede quejar.

—Cree que el COI tardó demasiado tiempo en anunciar su decisión o que había que apurar los plazos al máximo.

—Para mí el principal fallo fue de comunicación y no tanto del tiempo que tardaron en dar una solución, debido a los mensajes confusos que lanzaban. Creo que deberían haber hecho menos declaraciones y que estas tenían que haber sido más directas o definitivas. Si salen y de primeras dicen vamos a valorar la situación, y luego cuando tengan algo definitivo se comunica, sea lo que sea, ya está, sin dar tantos rodeos. Creo que los deportistas estaban tan inquietos por que el COI no estaba siendo lo suficientemente claro.

—Uno de los más perjudicados por la cancelación de Tokio es Jesús Ángel García Bragado que iba a acudir a sus octavos Juegos camino de los 50 años. Ahora lo hará camino de los 51, ¿cómo puede encontrar uno la motivación a esa edad?

—Es un caso excepcional. Él tiene claro que su vida es el atletismo, la marcha, y no ve más allá. Es evidente que tiene su trabajo, que hace más cosas además de entrenarse, pero él lo tiene muy claro. Jesús Ángel va por retos, se pone retos a corto plazo, ahora los Juegos Olímpicos, mañana un campeonato de Europa, y dice “a por él”. Y desde el primer día de la temporada está pensando en eso, en el día que va a competir en esa prueba. Para mí es excepcional, algo que no he visto en la vida, no he visto a una persona que tenga tanta ilusión por triunfar en el deporte, por disfrutar con su deporte.

Higuero tras quedarse a 28 centésimas de la medalla en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. J. A. MIGUELEZ (CordonPress)

—Para estos Juegos Olímpicos se había especulado con que la delegación Española podía superar las 22 medallas de Barcelona’92 ¿podemos ser tan optimistas?

—No tengo suficientes datos sobre el estado de los deportistas. Es difícil superar ese listón, porque el deporte cada vez está más perfeccionado y se preparan más a conciencia los deportistas para superar sus propias marcas. Entiendo que los periodistas tienen que agarrarse a los números, es lo que queda después de unos Juegos Olímpicos, pero también tendríamos que valorar los puestos de finalistas, los diplomas olímpicos y ser conscientes de que la medalla es un plus, evidentemente, porque al final estás compitiendo contra los mejores del mundo.

«Mi sueño sería hacer un programa de televisión con atletas»

—Sigamos hablando de futuro, ¿qué querría ser Juan Carlos Higuero de mayor? ¿Qué otros proyectos tiene en mente?

—Me veo en algo vinculado con el deporte. Eso lo tengo claro. Si no hay deporte en mi vida me falta algo. Me imagino haciendo un programa de deportes en la televisión, con un contacto diario con los deportistas, algo similar a lo que estoy haciendo ahora en instagram pero con más medios, con más cámaras. Ese sería mi sueño. Seguramente sea difícil de alcanzar, pero bueno, comentando atletismo, viviendo de cerca el atletismo también soy feliz.

—Y de qué nombres tenemos que estar pendientes en los próximos años. ¿Quiénes son las grandes promesas del atletismo español?

—Pues yo diría varios nombres. En el 800 tenemos a Adrián Vent y Mariano García. Entre las mujeres destacaría a María Vicente, que es más conocida por el gran público por sus éxitos recientes, pero no hay que olvidar que tiene solo 19 años. Y luego hay atletas que a mí me convencen y creo que tienen calidad para llegar arriba pero quizá les falte dar un salto hacia adelante. Ahí te diría a Pablo Sánchez Valladares (800m) y Héctor Santos en salto de longitud, ha sido subcampeón de Europa Sub-23 y yo creo que va a explotar, que lo va a hacer bien. No se me puede olvidar tampoco Yasiel Sotero, que es lanzador de disco y ya ha sido campeón de Europa sub-18 lanzando 64 metros.

—¿Con la pasión que demuestra por el atletismo imagino que habrá visto unas cuántas veces Carros de Fuego? ¿Y Forrest Gump?

—He visto las dos. No sé cuantas veces las he visto, pero te digo más, yo puedo ver una película aunque el guión sea mejorable o directamente malo solo por el hecho de que salga algo de atletismo. También me he visto la de Prefontaine, sobre la vida de Steve Prefontaine, un plusmarquista norteamericano de los años setenta.

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