Cuando se habla de juegos que han dejado huella por los motivos que sean dentro de la historia del mundo de los videojuegos hay que reconocer que el nivel de exigencia que se le presupone debe ser máximo para estar a la altura de su legado y más si cabe cuando se lleva a cabo uno de los mayores desafíos a los que se puede plantear como una actualización a los tiempos modernos en forma de remake o reimaginación.

En este sentido, cuando se anunció aquella demo técnica allá por 2005 para ilustrar las capacidades de cierta solución gráfica, el movimiento de los fans de la saga Final Fantasy VII fue capaz de ir generando más y más inercia a lo largo de los años a la hora de conseguir lo que se pretendía: disfrutar de las hazañas de los carismáticos personajes contra la malvada empresa Shinra y no tener que regresar al clásico de 1997 en la primera Playstation.

Por este motivo, el instante en el que se proclama en 2015 que Final Fantasy VII iba a contar con su particular remake y puesta al día fue un sueño hecho realidad por los seguidores para este título sin el que sería imposible entender la popularidad de los JRPG en Occidente y cuyo estreno para PS4 procedemos a detallaros.

Más grande y mejor

El argumento del juego no debe sorprender a nadie a estas alturas, pero no deja de ser estupendo incluso para los más profanos. Nos situamos en la ciudad de Midgar donde un grupo de eco-terroristas que responden al nombre de Avalancha tienen como objetivo la destrucción del reactor de mako que extrae la energía vital del planeta y que está acabando con su propia existencia a costa de cubrir con las necesidades de la población, lo que constituye una metáfora respecto a lo que ocurre en la Tierra.

Asumiendo el rol de Cloud Strife, un antiguo miembro del cuerpo militar de élite Soldado que respalda a la malvada corporación de Shinra, se unirá a un peculiar grupo de personajes con el único objetivo de la recompensa económica como mercenario al uso y que iniciará una serie de acontecimientos que han marcado un antes y un después de legiones de seguidores a lo largo del mundo.

Para esta reinterpretación y ese es el término que debemos utilizar para referirnos a este remake, Square Enix ha decidido centrar exclusivamente sus esfuerzos en la ciudad de Midgar que ve incrementada su importancia casi de forma exponencial respecto al juego original y hace buena la expresión anglosajona “bigger and better”.

En lugar de superar la fase inicial de Final Fantasy VII como sucedía en el clásico de 1997, aquí nos vamos a encontrar una cantidad más que notable de contenidos hasta alcanzar sin excesivo esfuerzo las 40 horas a poco que nos interesemos por unas misiones secundarias, que aquí dejan el poso de ser menos optativas que en otros títulos del género, en lugar de la escasa exposición que teníamos en la trama original, que era superable en muy pocas horas y que no deja de sorprendernos la visión tan equivocada que podíamos tener respecto al material original puesto que Midgar daba la sensación de ser mucho más duradera o es que la memoria nos juega una mala pasada en ocasiones.

El trabajo ha sido colosal a la hora de ampliar la experiencia previa y dotarnos de multitud de contenidos paralelos amén de una serie de minijuegos como la competición de sentadillas o los dardos que son interesantes de experimentar tanto por su entretenimiento como por sus potenciales recompensas. 

Probablemente ningún elemento queda mejor resaltado que el Mercado Muro respecto al original, puesto que una serie de fondos pre-renderizados han dejado paso a una propuesta mucho más atractiva que ha elevado de forma significativa y que es testigo de las posibilidades que hay con el hardware actual.

La duración ampliada de nuestra aventura tiene también como consecuencia evidente la mayor riqueza que podrán tener los propios personajes y a los que se les dedica un mayor tiempo para desarrollar su trasfondo al igual que las motivaciones para sus actos aunque no pueden faltan las habituales líneas de diálogo tan propias de la saga.

El mimo que se le ha dispensado a dotar de una profundidad extra a Cloud, Aerith, Tifa o Barrett, sin olvidarnos de Biggs, Wedge y Jessie, es digno de elogio y va a conseguir que el cariño que se les tenga por sus carismáticas personalidades, con sus fortalezas y sus vulnerabilidades, sea todavía mayor por lo que vemos en pantalla y por lo que está por venir.

Una delicia para los sentidos

La soberbia capacidad para sacar el máximo jugo a esta generación de consolas que afronta su tramo final antes del relevo es sensacional y es que este Final Fantasy VII Remake deslumbra incluso más que lo que podían esperar sus seguidores. Tanto en la versión básica de la PS4 como en la versión Pro, que es la que hemos probado nosotros, su aspecto es maravilloso a pesar de la presencia de algunas texturas impropias del nivel global del producto y que seguramente serán corregidas en posteriores actualizaciones.

El juego se comporta como una roca con una solidez de 30 frames por segundo y ni siquiera parece sufrir cuando el caos se apodera de nuestros televisores, con un estallido de luz, color y efectos de todo tipo durante los trepidantes combates que tienen lugar y eso es fruto del trabajo de optimización que se ha logrado con el hardware actual, cuyo músculo se nota en unos modelados de ensueño para todos los protagonistas y que nos recuerdan el largo camino recorrido desde los años 90 hasta alcanzar unas cotas de realismo absolutamente deliciosas aunque se nota un bajón importante en los PNJs, no tanto porque estén mal sino porque los personajes principales son insuperables.

Otro aspecto en el que este remake gana es en el dinamismo que podremos experimentar en los enfrentamientos, donde el grado de espectacularidad alcanza cotas muy destacables en este 2020. Atrás quedan los combates por turnos del clásico para dejar paso a un híbrido entre ese modelo y los ARPG, con la posibilidad de recurrir a una pausa muy estratégica cuando nuestras barras de ATB (Action Time Bar) nos permiten escoger nuestras opciones entre las habilidades de combate del personaje que estemos manejando en ese instante y del que podremos pasar al siguiente con sólo tocar un botón, las vibrantes invocaciones de viejos conocidos como Ifrit entre otros o prestar apoyo al resto de compañeros.

Existe la opción de un modo clásico para enfocar los combates y aunque es verdad que lo hemos probado durante un tiempo, su menor agilidad al igual que una dificultad demasiado asequible nos ha hecho decantarnos definitivamente por una de las grandes innovaciones de este remake, que constituye un acierto en toda regla.

Asimismo, el componente rolero a la hora de asignar los puntos de habilidad a las aptitudes propias de los personajes o a unas armas que poseen un árbol propio para explorar las posibilidades que más se ajusten a nuestro estilo, pese a que existirá la opción de un reinicio de las mismas más avanzado el juego así que hay probar sin miedo a equivocarnos.

La potenciación de nuestras capacidades gracias a la materia será vital cuando llegue la hora de medirnos con los jefes o semi-jefes que son todo un prodigio de diseño y no podemos dejar de subrayar la importancia de explorar todo este episodio que se centra en Midgar aunque puede llegar a ser repetitivo en algún momento, olvidándonos de raíz de estar ante un mundo abierto sino que peca por instantes de ser ‘pasillero’ y para lo que se hubiera agradecido un punto más de agilidad.

Por último, destacar el sensacional trabajo que se ha hecho con la BSO del juego, con una serie de composiciones que mejoran las partituras ya conocidas de los temas clásicos y que aportan un dinamismo sensacional entre los distintos momentos que se nos presentan en el juego, ya sea en los instantes más íntimos o en los más frenéticos propios de los combates o la excelente traducción al español con las voces en inglés o en japonés.

Conclusiones

Ser capaz de cumplir con unas enormes expectativas propias del legado de un clásico como Final Fantasy VII no ha debido de ser sencillo para el productor Yoshinori Kitase y el resto del equipo que tenían delante uno de los mayores desafíos que le pueden venir a la cabeza en la historia de los videojuegos.

Sin embargo, su valiente apuesta por una entrega episódica en lugar de ofrecer el título en su conjunto no puede ser valorada de otra manera sino con un sobresaliente pese a que el tramo final del juego abre una serie de interrogantes respecto a las próximas, lleguen cuando lleguen, de la que no hemos hablado en nuestro análisis para no arruinar la experiencia y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Sin embargo, hay que entender que este Final Fantasy VII Remake como un colosal éxito a la hora de respetar y recuperar la magia del original al mismo tiempo que dotarle una mayor personalidad y profundidad a esos personajes tan entrañables que han hecho delicias desde su estreno en 1997.

Desafortunadamente, tendremos que esperar hasta la próxima entrega aunque se nos han prometido que será inferior al que ha transcurrido desde el anuncio del remake en el E3 de 2015, pero es que cualquier período de tiempo por muy breve que sea hasta seguir con las aventuras de Cloud Strife y compañía ya se puede considerar como excesivo.

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