El pasado mes de julio, el Fútbol Club Barcelona anunció que había cerrado la temporada 2018-19 con récord de ingresos y beneficios. Según informó, los ingresos habían ascendido a 990 millones de euros y los gastos a 973, de tal manera que el beneficio de explotación quedaba en 17 millones de euros, con un beneficio neto después de impuestos de 4,5 millones. Según hizo notar el propio el club, la pasada temporada fue la octava consecutiva en la que la gestión presentó beneficios, lo que ha permitido a la entidad un beneficio total en ese tramo de 192 millones.

Se entiende que gracias a esa brillante gestión el club pudo permitirse el pasado verano los fichajes, entre otros, de Griezmann (120 millones) y Frankie De Jong (75).

Bien, pues como todos ustedes saben, el Fútbol Club Barcelona presentó un ERTE el pasado 1 de abril, cuando se habían cumplido tres semanas de la declaración del estado de alarma. Asimismo, procedió a rebajar el sueldo de los futbolistas de la primera plantilla (que completaron el sueldo de los empleados afectados por el ERTE), en lo que supone un ahorro estimado de 21 millones de euros, tres más de lo que costó fichar a Braithwaite en el mercado de invierno.

Antes de reflexionar sobre los números y ponerlos en perspectiva, hay que decir que el Barça no es un caso único. El Atlético de Madrid cerró la última temporada con un beneficio neto después de impuestos de 13,9 millones y el crecimiento económico del club es tan formidable (y encomiable) que este verano fichó a Joao Félix por 126 millones, además de contratar a Marcos Llorente (30), Hermoso (25), Trippier (22)… Y no entro aquí en la compensación de fichajes y ventas porque la cuestión no es la habilidad de las secretarías técnicas para cuadrar sus balances. Lo que pretendo poner sobre la mesa es la incapacidad de los grandes clubes para cubrirse financieramente las espaldas, hecho que ha puesto de manifiesto el coronavirus. Parece que la victoria contable es que el beneficio supere al gasto, aunque sea por una cantidad insignificante en comparación con los gastos deportivos por superfluos que sean. La victoria contable debería ser la optimización del ingreso y del gasto, también deportivo; el fracaso contable es fichar a Coutinho por 160 millones de euros, con independencia del balance final de ingresos/gastos.

Me asombra que no exista un clamor social contra los grandes clubes que ahora se acogen a las ayudas del estado. Es evidente el enorme perjuicio económico que está causando la suspensión de la Liga en todos los clubes de fútbol. Pero también es evidente que los más poderosos, y por eso cito aquí en primer lugar al Barça y el Atlético (por acogerse ambos al ERTE), tienen muy fácil recaudar 21 millones o 42 llegado el caso sin recortar los sueldos de los empleados, y diría que ni siquiera de los futbolistas. Les basta con vender a un par de jugadores, y si es necesario con renunciar a un par de fichajes, cuestiones que no alterarían sustancialmente el funcionamiento deportivo e institucional. De manera que cuando el Atlético habla de “asegurar la supervivencia del club” para justificar su ERTE no se ajusta a la verdad. La supervivencia es otra cosa y afecta a otras empresas o instituciones para las que está pensado el Expediente de Regulación Temporal de Empleo, y que no arreglarán su situación con la venta de un par de collares.

En el Real Madrid el caso es diferente, al resolverse el recorte al margen del ERTE, pero no deja de sorprender que la rebaja voluntaria de sueldos de jugadores, entrenadores y empleados evite “medidas traumáticas que afecten al resto de los trabajadores”, según se indica en la nota oficial. Se deduce, por tanto que, sin ese recorte, el club se hubiera visto abocado a un ERTE después de haber registrado el pasado curso un beneficio de 38’4 millones de euros, con un saldo en tesorería de 155,7 millones de euros.

O los números son mentira o lo son las palabras. Si las instituciones deportivas más ricas del mundo no soportan tres meses de inactividad (llevamos uno, les recuerdo) sin tocar los sueldos de los empleados, algo falla en los modelos de gestión. No parece lógico que el Real Madrid se haya gastado hace tres meses 30 millones de euros en Reinier (18 años) y ahora señale como una emergencia recortar los sueldos de los futbolistas y altos cargos. Nadie podía prever una pandemia mundial, es obvio. Pero eso no justifica “vivir al día”, expuesto al primer temblor de tierra.

Nos han vendido que la gasolina de los grandes clubes es el gasto permanente en fichajes (para mayor gloria de agentes y comisionistas) y no es cierto. Los fichajes importan tanto como la gestión sensata de los recursos, como la inversión en cantera o los topes salariales, como la precaución ante imprevistos que por propia definición no se pueden prever.

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