El fútbol se empeña en crear leyendas antes de tiempo. De la misma manera, tampoco tiene pudor para destruirlas y archivarlas en el rincón del olvido cuando se cansa del nombre de un jugador.

Si el marketing se pone al servicio de la exageración , la ambición de los representantes se frota las manos, ciertos ojeadores ven súper poderes antes de hora o, simplemente, el peso de una camiseta de élite se apoya en la espalda de un chico que no puede con ella, el resultado equivale a decepción. Veamos algunos de los casos más graves:

Bojan Krkic

La frase: Me tildaron como el nuevo Messi. Jamás me juzgaron de otra manera”.

Al chico se le vendió públicamente con tanto fervor que terminó preso de ataques de ansiedad con 17 años. Serbia y España se peleaban por reclutarle. La directiva le puso, en su primer año, un contrato superior a compañeros del primer equipo para evitar su fuga. Su único mérito era el de jugar bien en el filial. Y lo hacía porque era bueno. Quizá con más paciencia, mejor tratamiento deportivo, mejores consejeros y sin la necesidad de que cada acto suyo en el campo fuese una genialidad, Bojan hubiese sido un gran jugador para el Barça. Posteriormente, el «a ver si explota aquí» le ha hecho pasar por muchos equipos. A los 30 años, ha jugado en el Barcelona, Roma, Milán, Ajax, Stoke City, Alavés y Montreal Impact, su actual equipo.

Conclusión: Con un listón más bajo de exigencia, es probable que Bojan continuase en el Barça. Quizá no hubiese tenido esos ataques de ansiedad y tampoco algunas de sus lesiones. El problema es que le pidieron ser Messi, cuando pudo ser Lucas Vázquez.

Andrés D’ Alessandro

La frase: ¡Me equivoqué tanto!

Andrés era de esos jugadores que parecen salidos de una serie de dibujos animados. Driblador, canchero, de los que miran fijamente al contrario para desafiarle. Un futbolista que para ser feliz tenía que regatear a su defensor más de una vez. Y se quedó por el camino. Fue otra víctima de las falsas comparaciones con Messi y de las ganas que tenía River de que fuera así. Ahora tiene 29 años. Ha jugado en el mencionado River Plate, Wolfsburgo, Porstmouth, Zaragoza (donde montó un escándalo), San Lorenzo de Almagro, Internacional de Porto Alegre, otra vez River, y otra vez Internacional.

Conclusión: Si a Bojan le pudo la presión, a D’Alessandro le pudo el fútbol. Un jugador que no aguanta la comparación con los más grandes. El fútbol no fue justo con él, le dio lo que merecía.

Adriano

La frase: “Cada día llegaba bebido a los entrenamientos”.

Aquí sí que no hablamos de un proyecto de crack. Éste lo era.

Un prodigio de la naturaleza al que no había forma de quitarle el balón. Un Ronaldo Nazario 2.0, capaz de romper líneas como el que se bebe una caña. Goleador y con un guante en la pierna izquierda. Era como un tren, pero con un extraño poder de decisión que le hacía elegir siempre bien.

Dicen que le hundió la muerte de su padre y que esto le incrustó en el alcohol. Lo cierto es que no fue capaz de salir de esa adicción.

Jugó en Flamengo, Inter, Fiorentina, Parma, Sao Paulo, Corinthians, Atlético Paranaense y Miami.

Conclusión: Las adicciones han roto toda o parte de la carrera de jugadores que ahora estarían en el Olimpo de los mejores de la historia. Sócrates , Best, Gascoigne, Roy Keane, el Burrito Ortega… y hasta el dios del fútbol, Maradona, se han dejado trozos de gloria en el fondo de un vaso o en sustancias poco recomendables. Alguno consiguió recuperarse.

A Adriano le pilló el toro antes de que pudiera consolidarse en ranking de los mejores.

Alexandre Pato

La frase: “En Milán no entendieron la preparación física que necesitaba mi cuerpo».

Con Pato volvemos a los casos de Bojan y D’Alessandro. Era más grande el cartel que el torero. Por el chico se peleó media Europa. Se llevó el Milán el premio gordo. No pudo debutar con los italianos hasta que cumplió los 18 años. Le costó un mundo adaptarse al fútbol europeo, tanto que iba de lesión en lesión. Y él lo achacaba a la preparación física a la que se le sometía. Las malas lenguas hablaban, por el contrario, de la dolce vita de El Heredero, apodo que le colocaron por ennoviarse con la hija de Silvio Berlusconi.

Jugó en Internacional, Milán, Corinthians, Sao Paulo, Chelsea, Villarreal y Tanjim de China y, nuevamente, Sao Paulo

Conclusión: Buscando al nuevo Garrincha, el Milán se dio de bruces con los realidad. Pato no era mejor que Gilardino.

Y hasta aquí llegamos con los nuevos Messi, Ronaldo o Garrincha. Decepciones ha habido muchas: Robinho, Jesé, Macheda, Giovinco, Sahin… y puede que mañana tengamos que meter en esta categoría a Dembelé, Coutinho, Dybala o Vinicius… jugadores de los que se espera que se queden a escasos palmos del cielo. Sin embargo, los cuatro casos de arriba fueron decepciones mucho más fuertes. Futbolistas a los que consagraron antes de que lo merecieran. El caso de Adriano es como si ahora le pasara lo mismo a Mbappé.

Es más fácil acertar con un melón dulce en febrero que hacerlo con lo que va a ser la carrera de un chico menor de 20 años. Esperemos que la catástrofe que estamos viviendo sirva, al menos, para que los grandes clubes tengan los pies en la tierra. Me temo que no.

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