Lupe Sino fue la novia de Manolete que se metió a torear porque sabía. El hombre que sabía demasiado de Chesterton estaba en medio como el jueves, esa revista humorística e irreverente que salía los miércoles o día de mercurio, eso que había en los termómetros y se prohibió por tóxico, demasiados peces mercuriales, demasiadas paces fallidas. La guerra es la madre de la historia y las fronteras sus cicatrices. Si fueran masculinas serían cicactores en lugar de cicactrices. Y si no hubiera fronteras, habría que inventar una ONG que fuera médicos con fronteras. Justo de lo que no hay, justo de eso hace falta. Falta era lo que lanzaba malamente Prada, no el de los bolsos,s ino el desgarbado pivot. En Prado del Rey estaba la antigua TVE que luego mudó al pirulí. Era en blanco y negro, como la pasión, que dicen que es roja, pero es mentira.

Tantas mentiras hay que Pinochos faltan, de Madeira, de la buena, no de las Azores, ni de los Ozores, Mariano y Antonio, el de deslavazado discurso y tartamudeante retórica, cual Claudio sin yo. Robert Graves vivió en Deiá, en medio de un acantilado, viendo todo el Mediterráneo de Serrat, y sintió eso tan poético de amarillo a la genista que en mi tierra se llama aliaga, y pincha, pero en ese poema cantado pone los pelos de punta como las lanzas de Breda, entre Tilburgo y Roosendaal, en tierra de tulipanes y de quesos y de gente rolliza en zuecos, que no son los naturales de Suecia según un andaluz. Andar y luminosidad, eso es Andalucía, y gracia y fetiche y Peniche está en Portugal, justo en su nariz, cerca de Obidos divisando el Atlántico que si fuera un equipo se animaría tal que así: ¡atlaaantí! El Atalanta sin en cambio, está en Italia, pomodoro e olio, y calcio, mucho calcio, para esos huesos que ya crujen. En Napoli, además de napolitanas, la cercanía de Capri, retiro de Tiberio y de Axel Munthé, el médico huraño que amaba a las bestias. Y por el mar Adriático, que no es sino una gran albufera del Mediterráneo, llegamos a los Balcanes donde la historia tantas veces ha hecho balconing y ha estado a punto de desmandilarse.

Y llegamos también a la bebé provecta Grecia, abuela y nieta de nuestra civilización ,la tierra de Gallis y del gran Macedonio que incluía magno en su apelativo y que deshizo el nudo gordiano por lo recto, como Harrison Ford se deshizo del plúmbeo espadachín de la primera parte de Indiana haciendo uso de su colt. Y es que allí, en la América del Norte está la Asociación del rifle, son muy de disparar y de comprar y vender armas, cada cual se lo guisa y se lo come, el paraíso del individualismo con paracaídas cuáquero.Y ahora tienen a Trump, que traducido quiere decir triunfo, y revela bien a las claras que es lo que significa esa palabra en nuestro mundo dadaísta:innumerables posesiones, poder omnímodo, eterna juventud a base de liftings e injertos capilares imposibles y cónyuges neumáticas que podrían ser hijas si es que no fueran nietas. Nadie sabe más del amor que el actor porno como nadie sabe más del dinero que el acuñador de moneda. Si no fuera un presidiario hubiera preferido ser un ombligo pero el cerebro abdica cuando la tele predica. Y mendigar no es de sabios pero tampoco de necios, ya lo decía Asterix,si quieres tener un menhir,hazte primero con una piqueta.

Del paleolítico vienen las pinturas de bisontes y las hachas de silex, pero los Sirex son sesenteros. Si yo tuviera una escoba cuantas cosas barrería, y la censura franquista no pilló la indirecta. Y vino la transición y Felipe, y España dejó de ser lo que había sido y lo que se empeñan que vuelva a ser, la tierra cainita de odios arrojadizos y cuentas pendientes. No avanzamos nada. Nos limitamos a flotar chapoteando. Pero Iniesta nos recordó que podemos ser grandes, marcándole un gol al presente, a esa Holanda que nos patea en el pecho y nos cose a puntapiés, recordando a los que nos han hecho grandes, Dani Jarque o Cervantes, y mirando al futuro donde un palentino llamado Hicham o una turiasonense llamada Wong logran otra medalla de oro olímpica en el reverenciado tartán. Y Tarzán era Weissmüller, también olímpico, que se abandonó a sí mismo en brazos de su personaje, en ese paraíso de irresponsabilidad que es la locura. Y Jane, en su sucinta indumentaria, de liana en liana, a la mona chita callando. Nueva York era una selva inhabitable para el hombre de la selva.

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