No ha hecho falta ni un mes de suspensión de la actividad futbolística para que algunos clubes, como cuenta Mariano Escribano en su texto, empiecen a mostrar grietas en su situación financiera. A esas grietas podemos añadirle el cartel de “edificio en demolición” desde el punto de vista moral.

Empecemos por un club que, al menos, ha sabido rectificar, aunque tuvo que ser señalado por sus propios aficionados: el Liverpool. Antes de tomar decisión alguna sobre los sueldos de los jugadores o el cuerpo técnico, el Liverpool se acogió a una ley más o menos equivalente al ERTE español para mandar a casa a sus empleados “civiles”, los taquilleros, celadores, empleados de las cafeterías… Un ahorro de unos cientos de miles de libras, equivalente a dos o tres semanas del sueldo de un jugador de la primera plantilla. Las protestas públicas de los grupos de aficionados del propio club —y se comenta que las privadas de Klopp— hicieron a la propiedad del club rectificar. Bien está lo que bien acaba, pero no hacía falta un máster en relaciones públicas para entender que la decisión original no iba a ser bien acogida.

Otros clubes han hecho lo mismo, la primera parte: mandar a los empleados a casa. Por ejemplo, el Tottenham, que con esa medida ahorra 500.000 libras, cifra que se cae en los redondeos de los costes de fichajes de cada verano. El Tottenham ha decidido recortar los salarios de esos empleados pero no tocar una libra del sueldo de los jugadores, quizá forzándoles a tomar la decisión ellos de cubrir los sueldos de los empleados del club. Los jugadores pueden hacer frente a esos costes, pero su misión no es gestionar el club: no es justo cargarles la responsabilidad. Con todo, hay quien ha logrado llegar un poco mas lejos: el Newcastle United, además de mandar a sus empleados a casa y a cargo de la hacienda pública (cubrirán el 80% del sueldo hasta 2.500 libras), ha decidido pasar por los bancos de los aficionados el recibo de los abonos de la temporada que viene, esa que ni tiene fecha. El Newcastle se ha defendido de las críticas diciendo que los aficionados sabían que esto pasaría, estaba en el calendario.

Si bien en Inglaterra aun no ha habido recortes de sueldos entre los jugadores, sí los ha habido y sonados en España. El Atlético de Madrid ha decidido acabar con ese relato tan bonito de falso “equipo del pueblo”. Como intelectuales del despotismo ilustrado, los propietarios del club (me encantaría ver a Cerezo con peluca del siglo XVIII y falso lunar en la mejilla) han decidido que el pueblo se haga cargo de los sueldos de los jugadores del equipo del pueblo. Parece lógico; si es el equipo del pueblo, que el pueblo lo pague. En Barcelona, la directiva de Bartomeu ha seguido una doctrina de tabla rasa y ha optado inicialmente por recortar la misma cantidad porcentualmente a todos los empleados del club, sea cual sea su área de trabajo. Una exhibición de democracia e igualdad, o una tomadura de pelo. Tan tomadura de pelo que ha obligado a Messi y los jugadores a decir públicamente que ellos se harán cargo de los empleados no deportivos del club. Como el futbol es así y el Barcelona lo es aún más, el mismo día se publica que vuelven a iniciar contactos con Neymar y unas horas después se publica el interés en fichar a Lautaro Martínez.

Querría pensar que esas dos noticias o titulares no dejan de ser las clásicas llamadas de atención al consumidor que vivimos cada verano: no hay futbol y hay que publicar algo. Pero me parece intolerable que, siquiera, el Barcelona se plantee invertir un euro en reforzar la plantilla. La ley dirá unas cosas, pero la moral y el sentido común dicen otras. Como no hay deportes para ver después de terminar la jornada laboral (y televisar juegos de ordenador no cubre ni de lejos la necesidad) me pongo a pensar si la idea del Barcelona fundamentalmente, y por extensión la del Atlético, es cumplir con las normas del Fair Play Financiero. Me explico: dicen que el Barcelona invierte cerca del 80% de sus ingresos en salarios (el Madrid ronda el 50%, por comparar). Si con algún ajuste contable deducen los sueldos recortados de sus cuentas, bajan el gasto salarial y liberan dinero para nuevas fichas. Sería una pésima decisión a medio plazo, pues antes o después los sueldos volverían a su 100% habitual y los ingresos quizá no se hayan recuperado (pero hablamos de la directiva del Barcelona y todo es posible, incluso lo más absurdo).

A la vez, no hay mayor evidencia de insolvencia que el no pagar los sueldos de los empleados, digan lo que digan las tablas del Fair Play Financiero de UEFA o FIFA. Cualquier negocio que lo pasa mal empieza por suspender pagos a proveedores, renegociar su deuda y cuando ya no puede más, recorta sueldos o simplemente despide personal. Ese negocio es insostenible. La sección de futbol del Barcelona poco menos que ha anunciado al mundo lo mismo. Y se plantean fichar a jugadores por 100 millones de euros, más sueldos y comisiones de agentes.

Moralmente, antes de fichar a nadie, debería devolver al erario lo que la gente ha pagado. Ya sabemos que el Barcelona vive en otro mundo en cuanto a impuestos se refiere («Messi somos todos», recordarán). Mientras tanto, un club insolvente no puede fichar jugadores, es lógico. Todos los clubes que se acogen a esa ley deberían tener prohibido registrar jugadores nuevos hasta que hayan devuelto a las haciendas de sus países lo que han cargado estos meses. Puede que la ley actual no lo diga, que los clubes se pasen por el forro cualquier sentido de ética y responsabilidad social y que el sentido común se pelee con la avaricia, pero algo habrá que hacer porque las arcas de los países y la sanidad publica habrán quedado muy debilitadas cuando acabe la crisis del coronavirus.

Solo el Liverpool ha sido capaz de entender que el daño a su imagen era mayor que el daño a su tesorería. ¿Merece la pena trabajar en las oficinas del Tottenham o Barcelona sabiendo que si hay que ahorrar tres euros, tú eres el primero al que van a mirar? ¿Ficharía un jugador por un club que tras un par de semanas de incertidumbre manda tu sueldo a la hacienda pública porque no puede hacerse cargo, y que además te fuerza públicamente a cubrir los sueldos de otras áreas? ¿Se puede compaginar la imagen de grandeza institucional con el cargo de tus gastos a la tesorería pública?

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