El 30 de junio es tradicionalmente el fin de año futbolístico. Se cierran los balances financieros y deportivos y el 1 de julio empezamos temporada nueva, entran en vigor contratos firmados y se formalizan los acuerdos que los jugadores que quedaban libres habían alcanzado con sus nuevos clubes. Con el balón parado a consecuencia de la crisis del coronavirus, la temporada no va a acabar el 30 de junio (salvo que hagamos borrón y cuenta nueva), pero los contratos sí. Un problema.

Hace unos años Víctor Valdés había decidido no renovar con el Barcelona e irse gratis al Mónaco una vez acabase su contrato. Firmó un preacuerdo con su nuevo equipo y antes de terminar la temporad se lesionó de gravedad. El Mónaco no hizo efectivo el preacuerdo y Valdés se quedo sin equipo y sin posibilidad real de buscar una alternativa hasta que cumpliese su rehabilitación. Aquella situación fue excepcional, pero podría pasar ahora, más aún cuando vamos a tener que acelerar los partidos y con apenas una mini-pretemporada. El riesgo de lesión es mayor.

Las complicaciones vienen de todas las direcciones, porque el futbol no es solidario – entre los clubes – y siempre van a buscar el beneficio propio sobre una opción que sea lógica para todos, salvo que sea impuesta por FIFA o UEFA. Pongámonos en una situación hipotética: un jugador ha fichado a partir del 1 de julio por un club que esta disputando una plaza importante con su club actual (pongamos que se están disputando una plaza en la Copa de Europa o por la permanencia). El club nuevo, digamos el Atlético de Madrid, querrá contar con el jugador al que ya estará pagando y no tiene sentido que juegue para un equipo, digamos la Real Sociedad, con el que ya no tiene contrato y que además es rival directo.

Se podría decir que el fichaje estaba previsto para una vez se hubiese resulto la clasificación de la temporada, así que el Atlético no tendría al jugador en ningún caso para lo que queda por jugar. Pero el contrato ha entrado en vigor. Se podría solucionar con una “cesión obligatoria”. UEFA o FIFA deberían imponer una extensión al día en que los contratos entran en vigor y así todos los clubes verían sus operaciones retrasadas hasta el último día real de la temporada, pero esto no tiene en cuenta, por un lado, el cambio financiero de los jugadores: Lo mas normal es que este jugador de nuestro ejemplo gane más en el Atlético que en el la Real y que quiera cobrar su sueldo: ¿Cubre la Real el nuevo sueldo? ¿Y si no puede? ?¿Cubre el Atlético la diferencia? ¿Y si por la razón que sea el jugador necesita irse a Madrid cuanto antes? ¿Y si tiene miedo a que le ocurra como a Valdés y elija no jugar con la Real para evitar lesionarse y poner su contrato en riesgo? Desde el punto de vista de los clubes, ¿quién compensa al Atlético si el jugador se rompe el cruzado? ¿Se hace cargo del nuevo contrato la Real? ¿Obligamos al Atlético a pagar el sueldo de un jugador que no ha tenido y que se va a pasar un año lesionado?

Legalmente me parece imposible que FIFA o UEFA puedan obligar a diferir sus nuevos contratos e ingresos a los jugadores, que obtendrían con facilidad una sentencia judicial que le permite irse al nuevo club. Otra cosa es que las distintas ligas no permitan la inscripción, y entonces nos encontremos con equipos que han perdido 3 o 4 jugadores para finalizar la temporada y otros que estén pagando sueldos a sus nuevos fichajes y no los puedan utilizar.

Solo se me ocurre una solución, y es abrir el mercado de fichajes el 1 de julio para todo lo que ya esté firmado. A partir de ahí, quedan otras opciones: permitir solo lo firmado puede ser injusto, entonces tendremos que aceptar todos los traspasos y abrir la ventana de fichajes como siempre se ha hecho y permitir la inscripción de jugadores. Será raro pero estamos en una temporada excepcional. Y recordemos que las ventanas de fichajes son un concepto relativamente nuevo.

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