Por @IvanMusaz

Los únicos sonidos de la casa y de la calle eran los de la tecla del piano y las hojas del periódico. La noche se había ceñido sobre ellos y ahora, en silencio, se daban cuenta de que eran dos desconocidos y el niño que venía en camino no lo arreglaría.

Por @JJ_IGWT

– Mari, ocho letras, infinitivo. Recluir algo o a alguien dentro de límites.

– Confinar, Paco, confinar.

Por @Silviasilvisyl

Decían que la fría soledad se había instaurado en las calles, mientras el calor de su hogar marcaba la temperatura de una nueva era glaciar. Dos perfectos conocidos que había aprendido a olvidarse a golpe de miradas.

Por @GuilleHolden

El error en la operación de la noche anterior les iba a salir caro. La prensa ya lanzaba en sus portadas las sospechas. Era cuestión de tiempo. Su lealtad a Rusia tardaría ya muy poco en quedar al descubierto.

Por @juanjperezperez

Clyde leía ávido en el diario la crónica del atraco al banco mientras Bonnie hacía como que tocaba el piano en el que habían escondido el botín sin sospechar que yo les observaba a través de la ventana abierta.

Por dame__una_a

En su jaula de oro se siente atrapada, debió decir que no cuando se sintió tentada. Jugando con las teclas decide si cambiar o no hacer nada… Por eso ha cerrado la puerta y ha abierto una ventana.

Por @MelquiadeSYN

Llevaban meses esquivándose como dos sordomudos. Se hacía difícil certificar la defunción de la pareja. Tocaba volver a la clandestinidad, al olor amargo de los amores contrariados, a pelear a la contra.

Por @SJB_46

No se entienden. No saben qué hacen ahí. En la calle no hay nada ni nadie. El “ruido” se ha ido. Siguen juntos pero solos.

Por @Miweltm

Noche de confinamiento, calles vacías. Él lee la prensa preocupado, todo son malas noticias. Ella toca el piano con desgana, con un solo dedo. No saben cuando volverán a ver jugar a su Real Murcia. Pero están a salvo, su hogar es su refugio.

Por @elreflan

Primer día sin él. La casa donde creció, aprendió, alegró, enfadó, compartió, descubrió, estudió, lloró, gritó. La casa donde vivió, se ha quedado sin vida. Y nuestra vida se ha quedado sin alma. ¡Maldita Universidad!

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