Siempre nos queda la sensación de que sólo se van los buenos. Será por el impacto y la negación del no querer aceptar que no nos van a durar para siempre. La realidad es que todos tenemos que coger ese autobús. Hoy le ha tocado a Gregorio Benito.

La primera reflexión que me queda es la de que se nos ha muerto un símbolo. Estaban la bandera, el escudo, la camiseta y, después, una foto de Goyo.

Debutó en el 69. Yo tenía siete años y un padre que me llevaba al fútbol. En todos los años que estuvimos yendo juntos a Chamartín, vimos a decenas de jugadores con más clase que él. Pero el corazón siempre lo ponía Benito. Nadie tenía más pundonor.

Goyo creó dos mandamientos en el Real Madrid. El primero. que para ser defensa en la época, mejor dejarse bigote (había que imponer). El segundo fue enseñar al madridismo a aplaudir a quien corre para que un balón no salga de banda. Y eso se empezó a festejar igual que un recorte de Pirri, un pase en largo de Uli, o un gol de Santillana. Gracias a él. Benito hizo del esfuerzo un símbolo y del jugador de equipo una enseña. Después llegarían Camacho, San José, García Cortés, Ángel, Isidro o Rincón. Pero Goyo fue el primer ídolo de esta estirpe. Y, seguramente, el más celebrado.

Y con esto no quiero quitar foco a Dí Stefano, Puskas, Gento, Amancio, Pirri o Stielike, pero ellos lo tenían más fácil. Es más habitual que te jalee la grada por lo bien que juegas al fútbol, que por los litros de sudor y kilos de esfuerzo que te dejas en el campo. Goyo no es que lo consiguiera, es que lo institucionalizó.

Todos nosotros gritábamos su nombre. Un cruce a velocidad sideral o un salto ganando el balón, y el …¡Beniiitooo!…¡Beniiitooo!, se escuchaba de norte a sur en el Bernabéu. Incluso, cuando había miedo en la grada (pocas veces, que somos el Madrid), el cántico era el de encomendarse a San Benito (aunque algunos le pidiesen que fuese armado de un hacha). Era otro fútbol. No nos lo tengan en cuenta.

Un maestro

Después de que le llegase la retirada (13 temporadas de blanco) , tuve la suerte de no perderle el contacto. Benito, con otros jugadores del Madrid, tenía un pub al lado del Hotel Cuzco, el Lancaster, y jamás esquivaba una tertulia de fútbol con los más habituales. Decenas de anécdotas que es mejor dejar en el tintero (uno sabe más por lo que calla), pero que siempre tenían el denominador común de defender a muerte al Madrid. Daba igual que estuviéramos mejor o peor deportivamente, Goyo siempre decía que había que pelear hasta el último minuto, y que fuera la matemática la que nos apartarse del campeonato de Liga. Once títulos, y mucha épica, le daban la razón a quien, de verdad, sabía de lo que estaba hablando.

No voy a recurrir al estereotipo de que ya será titular en el equipo del cielo. Nos faltan ya muchos que fueron mejores centrales que él. Pero de lo que no me cabe ninguna duda, ninguna, es de que estará sentado en el consejo celestial del madridismo. Allí donde se pide carné de símbolo para poder tener silla. Bernabéu ya tiene vicepresidente deportivo.

Descanse en paz.

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