Antonio Esteva (Madrid, 1975) descubrió su interés por el periodismo cuando comenzó a escuchar la radio en la cocina de su abuela. La disyuntiva fue dedicarse a la medicina o a la comunicación. Al final, su futuro estuvo en la prensa. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense, mientras lo compaginaba con sus primeras experiencias en periódicos locales y revistas. También con su trabajo en El Corte Inglés, donde le auguraron una gran proyección en el departamento de recursos humanos. Sin embargo, una oferta de Real Madrid TV terminó de enfocar su destino. Actualmente, es director y presentador de Radioestadio en Onda Cero.

—¿Quién le motivó para ser periodista? ¿Quiénes fueron sus maestros?

—Desde pequeño me gustaba mucho escuchar la radio, sobre todo en la cocina de mi abuela. Me gustaban mucho las retransmisiones deportivas, las entrevistas… Cuando era pequeño, mis referentes televisivos eran Informe Semanal y Documentos TV. En cuanto al deporte, la narración de Víctor Hugo Morales, lo que hacía Matías Prats padre, Ramón Trecet en baloncesto, Gaspar Rosety, Olga Viza, Rubén Amón, Sandra Golpe, Carmen Morodo… Tengo mucha influencia anglosajona, porque me encanta cómo tratan el deporte como espectáculo y evento único. Tanto el boxeo como el fútbol americano, la NBA…

—¿Qué diferencias encuentra entre el periodismo deportivo anglosajón y el español?

—Depende de la época y del evento. En este momento, algunos se han desviado un poco del camino y han confundido espectáculo con sensacionalismo. Soy de la opinión de que el periodista vale tanto por lo que cuenta como por lo que calla. Imagínate las cosas que podría haber contado de cualquier vestuario, como el del Real Madrid. Pero hubiese hecho daño a terceras personas… Creo que el comunicador necesita una dosis de humildad y entender que el periodista no es el protagonista, es quien cuenta la historia, el testigo. Debe ceñirse al rigor de la información. Esto, que suena muy deontológico, lo llevo a gala en mi vida. Creo que el periodismo norteamericano ha realizado importantes investigaciones que han sido una labor de años y años. Eso en España también lo llevan a gala muy buenos profesionales. Esa es mi escuela. Todavía quedan en España profesionales que son capaces de investigar, de ceñirse a los hechos, de buscar y contrastar la información con testimonios y de hacer público sólo aquello que creen que es necesario.

—¿Qué periodistas destacaría en el periodismo de investigación español?

—Muchos. Aunque todo en España está últimamente muy polarizado. Si un periodista saca una información crítica sobre el Gobierno socialista, es que es de derechas; si la saca sobre la izquierda o Podemos, es anticomunista. Ése es el problema que tenemos como sociedad. Los que merecen la pena no son los que más ruido hacen; son los que están en un segundo plano. Llevándolo al mundo deporte, Trueba con sus crónicas de los partidos, Segurola… Hay personas que tienen una capacidad de análisis más allá de lo que de las filias o las fobias.

—¿Cuántas veces le dijeron que esta era una profesión sin futuro?

—Les cuento una anécdota a mis alumnos sobre esto. Cuando estudiaba en la Universidad Complutense llegó un periodista para dar una charla al grupo. Éramos ciento y pico alumnos en clase. Lo primero que nos dijo fue: “¿Qué hacéis aquí? No sé por qué estáis en esta facultad. No tenéis futuro. Haberlo pensado mejor, todavía estáis a tiempo”. A mí eso me marcó, porque yo hacía verdaderos esfuerzos por llegar a la facultad. Yo tenía que trabajar para pagarme la carrera, como muchos otros. Tenía que compaginar mi trabajo con los estudios y con mi vocación de periodista deportivo. Por tanto, no me gustó ese discurso que buscaba desanimarnos y pintarnos una determinada realidad. Aunque quizá esa realidad sí era la que había, porque sólo existían grandes cabeceras como El País, ABC, El Mundo… En la radio, sólo estaban la Ser, Onda Cero, la Cope… Si no trabajabas o tenías una beca, o un máster que costaba por encima del millón de pesetas de aquella época, no podías trabajar, porque sólo pasaban a la plantilla como redactores o becarios aquellos que sí podían pagar ese máster. Los demás teníamos cero o ninguna posibilidad. El tiempo ha colocado a cada uno en su sitio. Si tienes un sueño, te preparas, lo persigues y tienes suerte en la vida, quizá lo puedas conseguir. A mis alumnos les digo lo contrario que escuché aquella vez. Si habéis elegido esto, luchad por ello. No les voy a pintar el mundo de color de rosas ni la profesión tampoco. Sabemos todos cómo está el periodismo.

—¿El periodismo siempre fue su vocación?

—De pequeño tenía dos vocaciones, la de científico y médico y la comunicación. Una vez, ayudando en el negocio familiar de mis tíos, llegué a la puerta del mercado donde tenían su puesto y descargando la furgoneta vi a un médico joven con una bata tomando la tensión a la gente. Me acerqué y le pregunté si era médico; me respondió que sí. Estaba tomando la tensión y haciéndole exploraciones a las personas mayores porque quería seguir ejerciendo su vocación aunque no tuviera trabajo. A mí eso me marcó y me pareció una injusticia social enorme. Quizá fue el punto de inflexión para decidirme por la comunicación.

—Cuando comenta que compaginó trabajo y estudios durante la carrera, ¿ya ejercía como periodista o ayudaba en el negocio familiar?

—Las dos cosas. Yo empecé en un periódico local de barrio, evidentemente sin remunerar. Yo le digo a la gente que eso es injusto, pero creo que hay tomárselo como una inversión, siempre que no abusen de ti. Hoy en día eso es imposible. En Atresmedia, los becarios cobran, pero en cuanto termina su periodo de prácticas el contrato no se prorroga. En mi época era muy diferente. Yo trabajaba los fines de semana en Carrusel Deportivo de Madrid, el Carruselillo se llamaba. Retransmitía partidos por los campos de fútbol de la Comunidad de Madrid. Ahí no me pagaban. Tampoco cobraba en el periódico local, ni en algunas revistas con las que colaboraba, ni en Radio Marca cuando comencé como contertulio… Tenía mi trabajo, del que vivía, y al mismo tiempo estudiaba la carrera. Es cuestión de las circunstancias de cada uno. A mí aquello me sirvió para coger experiencia. En esos momentos, me llamaron para unas pruebas en Telemadrid. Estaban buscando una persona para hacer la información de Atlético de Madrid y para presentar un programa el fin de semana. Pasé las tres pruebas y fui seleccionado. Me pagaban 50.000 pesetas (300 euros) y tenía que estar a tiempo completo. Si aceptaba, no podía seguir estudiando la carrera ni seguir con el trabajo que tenía en aquel momento, que me pagaban más que eso. Tuve que decir que no.

—¿Seguía trabajando en el negocio familiar cuando le hicieron la oferta?

—No, en aquel momento trabajaba en El Corte Ingles. Allí trabajé primero los sábados, los domingos, festivos, campañas de Navidad… Aprendí el oficio. Me hicieron un contrato y luego pasé a recursos humanos. Estaba en una buena proyección dentro de la empresa y me estaba formando también en recursos humanos y marketing. Después de la llamada de Telemadrid, me llamó Real Madrid TV a finales de los 90. Aquel fue el punto de inflexión. Me ofrecieron un contrato a tiempo completo, y era más que aquella beca en Telemadrid. Ahí tuve que decidir si seguía con mi carrera en El Corte Inglés o me dedicaba a lo que había estudiado. Y me decanté por el periodismo.

—¿Su trabajo con clientes en El Corte Inglés le ha servido para comprender mejor al espectador/oyente?

—El trato con el cliente y el servicio público son almas gemelas de la comunicación. Y sí, me ayudó mucho. Yo atendía y tenía una cartera de clientes fija. Esa experiencia de tantos años de cara al público, y anteriormente en un negocio familiar donde tenía que fidelizar a la clientela para garantizar la supervivencia, me ha resultado fundamental para la profesión periodística.

—¿Quién le ha ayudado más a lo largo de su carrera?

—He tenido grandes mentores, aunque me considero una persona muy autodidacta. No porque crea que es la mejor forma de aprender, sino porque no me ha quedado más remedio. Por la circunstancia de tener trabajar y estudiar. Cuando terminaba la jornada de trabajo en El Corte Inglés, llegaba a las diez de la noche a mi casa y me ponía a ver todos los partidos que grababa o a escuchar la radio. Apuntaba en unas libretas las cosas en las que quería profundizar más tarde. Era tiempo que yo invertía fuera de mis horas de trabajo, era mi escuela. Estoy muy agradecido a los que me han dado una oportunidad y han confiado en mí. Cuando llegué a Real Madrid TV, me preguntó el director si era narrador. Yo le dije que me gustaba narrar y me dio un micrófono: mi tarea era narrar el entrenamiento del primer equipo del Madrid. No sabía narrar un entrenamiento, pero aquello fue lanzarse a la piscina… y aprendí a nadar.

“Actualmente, el mejor entrevistador del país es Carlos Alsina”

—¿Usted también se dormía escuchando a García? ¿Qué aprendió de él?

—Mucho. Aprendí sobre todo a entrevistar. Es una de las cosas más complicadas que hay en la labor periodística. Actualmente, el mejor entrevistador del país es Carlos Alsina. También Carlos Herrera, cuyas retransmisiones son genuinas. Parece que te estás tomando con él unas cañas y te está contando la actualidad. Me quedaba escuchando hasta el final el programa de García y posteriormente pasé a De la Morena. También me gustaba mucho Hablar por Hablar, presentado por Gemma Nierga. En general, soy un fanático de la radio. Con García aprendí a dar información por muy incómoda que pueda ser.

—¿Fue su ídolo de la infancia?

—Fue uno de los referentes para más de una generación. Luego lo fueron De la Morena, Iñaki Gabilondo por las mañanas, Luis del Olmo… Tengo muchos referentes. Como presentador de televisión me quedo con Matías Prats. Cuando elegimos un medio u otro, lo hacemos por un estilo. No es sólo el qué se cuenta, sino cómo se cuenta.

—¿Hubiera cambiado todo lo que ha conseguido por ser futbolista?

—No. El que se mete en esto es porque le gusta mucho el deporte. Como a mí no sólo me gusta el fútbol, me hubiese costado elegir sólo el fútbol. Cuando llego a un estadio, lo primero que hago es bajar al césped y oler la hierba. Soy un apasionado no sólo del deporte, también de su historia. La historia del deporte, en un segundo plano, la conocemos gracias a los relatos. El gol de Maradona es el mejor gol de todos los tiempos, pero también cuenta con el mejor relato de todos los tiempos, el de Víctor Hugo Morales. Fue capaz de unir pasión, retransmisión deportiva y componente histórico. Venían de la Guerra de las Malvinas y a él, a pesar de ser uruguayo, se le saltaron las lágrimas, porque aquello fue una especie de revancha deportiva contra el imperio inglés.

—¿Es Víctor Hugo el narrador en el que se inspira?

—Me siento identificado con ese estilo. Me gustaban también José Ángel de la Casa y Julio César Iglesias. Ellos, junto a Víctor Hugo han sido referentes… Aunque también me quedo con los dos Matías Prats. Por pluma, Julio César Iglesias; por presentación a cámara, Matías Prats; como maestro de maestros, Matías Prats padre; como narradores, Víctor Hugo Morales y José Ángel de la Casa.

—Su estilo parece más próximo a Alfredo Martínez que a José Ángel de la Casa…

—Alfredo y yo tenemos muchas cosas en común, es cierto. Son épocas diferentes y creo que no pueden compararse Alfredo y José Ángel. Lo que me gustaba de José Ángel era su templanza. Él era capaz de mantener el tono y la cabeza fría en momentos en los que nos jugábamos mucho. Salvo en el gol de Señor, no levantó la voz en ningún momento. De ambos se pueden aprender muchas cosas. Cada uno tiene su estilo favorito, pero yo me considero un híbrido entre la radio y la televisión.

—¿Por qué tiene tan mala fama los periodistas deportivos?

—No lo sé, pero hay que tener en cuenta que nuestra profesión tiene un componente público. Estás en la cola del supermercado y hay gente que te reconoce y que te dice cosas buenas o no. No me imagino que a un cirujano católico le critiquen por operar a un musulmán o a un judío… Yo no hablo para la audiencia, sino para una gente a la que le gusta nuestra forma de contar las cosas. Con esta profesión, hay ejemplos que nos han salpicado lamentablemente.

—¿Qué opina del periodismo de bufanda?

—Hay mucho protagonista más allá del periodismo. Yo colaboré en Punto Pelota. Había información, discusiones y debate. Esa era la magia del programa. El estilo de aquellos programas no es el de ahora, porque han evolucionado hacia el espectáculo televisivo. Cuando participé no defendí ninguna bufanda.

—¿Por qué hay tantos periodistas que critican El Chiringuito?

—No lo sé, pero quizá algunos de ellos querrían estar en El Chiringuito. Ahí le doy la razón a Josep. Creo que ninguno estamos en posesión de la verdad absoluta. También se criticaba El Club de Bein Sports. Cuando yo comentaba los partidos con Marcos López, lo criticaban porque decían que iba de sabiondo. No. Él es una persona muy preparada, que lleva muchos años en la comunicación y tiene un bagaje importante. Yo dejé ese programa por voluntad propia, porque no podía compaginarlo con el resto de cosas que hago: docencia, radio, televisión…

—¿Volvería a colaborar con Pedrerol?

—Yo tengo todavía una muy buena relación con mucha gente del programa: Roncero, Pedrerol, Quim Domènech, Soria… La relación cuando yo estaba era fantástica tanto delante como detrás de la cámara, aunque las discusiones eran reales. Por horarios, es muy complicada mi vuelta. Hay ocasiones en las que puede llegar a cansar estar muchas horas en antena, y me encanta estar en El Transistor. No creo que pudiese.

“La objetividad es imposible. Yo creo más en la honestidad”

—¿Quedan periodistas neutrales?

—Cuando preparé la tesis de final de carrera, la hice sobre la objetividad en el periodismo. La objetividad, tal y como la entendemos, es imposible. Entre cien hechos eliges sólo 20 para tu periódico: uno va en portada y tres son titulares secundarios. En ese caso, ya estamos haciendo sesgo informativo. La subjetividad va en la persona que informa. El periodista se debe al espectáculo, a la información que está contando y a quién se la está contando. Yo creo más en la honestidad.

—Usted trabajó en Real Madrid TV y supongo que habrá muchos aficionados que le tengan por madridista. ¿Le resta eso credibilidad, influye en la percepción de los demás?

—No, porque también tengo muchos seguidores del Atlético de Madrid y del Barcelona. Tuve la suerte de contar la historia de uno de los mejores equipos de fútbol de siempre, el Barça de Guardiola. Analizamos en un vídeo los detalles tácticos de aquel equipo y nos llamó la secretaría técnica del Barça. Nos dijo que explicábamos cosas que la gente no debería saber. Era un vídeo de dos minutos en el que junto a Marcos López analizábamos al juego.

Antonio Esteva y Marcos López, analizando al Barça de Guardiola.

—El Atlético de Madrid es el equipo del pueblo y el Barcelona es más que un club. ¿Qué es el Real Madrid?

—Es el equipo de lo imposible. Estoy en contra de aquellos que dicen que el Madrid está obligado a ganar, porque creo que el Madrid está obligado a competir siempre. En cuanto no compite, se traiciona a sí mismo. La gente cree que el Madrid gana siempre por goleada y lo cierto es que ganó sus primeras Copas de Europa remontando. El Madrid ha sido pionero en muchas cosas. Guardiola dijo que al Madrid no se le puede dar por muerto. Esa es la esencia del Madrid: ser capaz de conseguir lo imposible. Muchos hablan de su presupuesto, pero actualmente hay clubes-Estado como el City o el PSG con más recursos económicos.

—¿Me equivoco si digo que la principal competencia de los medios deportivos son los departamentos de prensa de los clubes de fútbol?

—No es competencia, es un conflicto de intereses. Unos intentan canalizar la información que interesa; otros intentamos descubrir aquello que no quieren contar y que creemos que es de interés público. Como en todo, hay una guerra sucia. Eso ocurrió con Casillas y Mourinho. A Iker le llamaban topo. Ese es el cinismo que hay en la profesión. Quizá topo y fuente de información sean las dos caras de la misma moneda.

—En la historia del Real Madrid, ¿Mourinho ha sido un error o un acierto?

—Su llegada fue un acierto en la elección, porque aquel Mourinho venía de ganar la Champions y de doblegar al Barcelona de Guardiola. Creo que fue el hombre elegido en el momento adecuado, porque el Madrid lo necesitaba para contrarrestar el dominio barcelonista. De hecho, frenó la supremacía aplastante en juego y resultados del Barça. Coincidió también con el desgaste del conjunto culé; contribuyó a que el desgaste fuese mayor en el Barcelona. Retransmití muchos partidos de aquel Barça y quizá que sea el narrador que más partidos ha narrado en abierto en España, por los años que La Sexta tuvo los derechos.

—¿Qué es más difícil, escribir, hacer radio o hacer televisión?

—Depende del formato, pero todo tiene su dificultad. Si hablamos de televisión, en El Postpartido arriesgábamos mucho porque no teníamos unos grandes recursos; a pesar de todo, hacíamos virguerías. Creo que aquel programa lo hicimos muy bien. De hecho, hubo compañeros de otras cadenas que me confesaron que apuntaban en una libreta cosas que les gustaban para utilizarlas en sus informativos del día siguiente.

—Usted siempre ha tenido el listón muy alto. En su día, le tocó sustituir a Andrés Montes, más recientemente a Héctor Fernández…

—En el caso de Andrés, estamos hablando de uno de los fenómenos mediáticos de este país. Yo era de los que veía la NBA. Soy de los Boston Celtics. Ese universo que creó con Daimiel me pareció maravilloso. Ellos eran capaces de retransmitir un partido de la regular season y convertirlo en un espectáculo, y tenernos enganchados hasta las cuatro de la mañana. Cuando Andrés llegó al fútbol, intentó hacer algo parecido con más o menos fortuna.

—¿Por qué tolera mal las críticas Florentino Pérez?

—No estoy en la mente del presidente del Madrid. Pero creo que habría que preguntarse por qué se es tan injusto con el Madrid. En su segunda etapa, él reconoce errores de la primera y ha intentado subsanarlos, como se ha demostrado. Hay gente a la que todo lo que hace el Madrid le va a parecer mal. Con Florentino, como el nivel ha subido en lo competitivo, se le ataca más. Es verdad que ha cometido errores y él mismo los ha reconocido; es verdad que en el tema de los fichajes, en esta nueva etapa de los clubes-Estado, se ha anticipado en la medida de lo posible al mercado con la llegada de Modric por 40 millones, Kroos por 25… También Sergio Ramos, que lo fichó siendo muy joven. También se es muy injusto con Messi, porque cuando el Barça o Argentina lo pasan mal siempre se le culpa a él, cuando también tiene derecho a desaparecer un partido. En la coyuntura actual de la directiva, Messi es uno de los damnificados, porque lo han dejado muy solo al pie del cañón.

—He leído que el suyo fue el primer contrato que hizo La Sexta. Menuda responsabilidad…

—Fue circunstancial. Formé parte del equipo fundacional de la redacción de deportes con Mel Otero. En marzo, empezamos las emisiones en pruebas. Cuando sentamos las bases de la empresa, según me cuentan, fui el primer contrato. Por la sencilla razón de que lo primero que tuvimos fue la retransmisión del Mundial de Alemania de 2006 y meses más tarde, el Mundobasket. No había ni siquiera un ordenador. Tuvimos que organizar un Mundial sin haber organizado una televisión. Fue una aventura fantástica.

—Dígame un periodista de otra emisora que ficharía para Radioestadio.  

—He trabajado con muchos que ahora están en otras emisoras. Cuando llegué a Radioestadio, fiché a Manu Sarabia. Ya me gustaba mucho como jugador y como comentarista en Movistar+, y es una gran persona. Para mí es importante que sean buenos profesionales, pero también buena gente.

—¿Por qué los medios suelen fichar como comentaristas a jugadores que eran conocidos por su antipatía con los medios?

—No lo sé. Nunca he recomendado o he pedido la llegada de ningún comentarista porque vaya a generar polémica. Sé que hay gente que lo hace, pero yo intento que aporten cosas con un lenguaje diferente. Por ejemplo, Sarabia es muy didáctico. También Marcos López. Él dice que Maldini abrió el camino, pero Marcos es mucho más que un experto en fútbol internacional. Es un tipo que descifra dónde pueden estar las claves de un partido. Marcos aporta cosas diferentes a Maldini y viceversa. Como analista de fútbol, Marcos López es el mejor.

—¿Soñó alguna vez con dirigir un programa como Radioestadio?

—Desde muy pequeño. Estoy cumpliendo uno de los sueños de infancia. Echo de menos la narración, pero estoy muy cómodo en esta nueva etapa.

—En Radioestadio convive con dos personajes como Míster Chip y Javier Ruiz Taboada. No debe ser fácil destacar entre dos comunicadores como ellos…

—Me imagino que ellos te podrán decir lo mismo sobre mí. No lo sé. Para algunos habrá sido algo complicado que yo haya venido de la televisión. Me he dado cuenta en estos meses que llevo al frente del programa que la gente de la radio no ve la televisión, pero la gente de la televisión sí escuchamos la radio. La parte positiva es que yo les conozco a ellos y la negativa es que ellos conocen muy poco de lo que yo le puedo aportar al programa. Por tanto, desde ese punto de vista, habrá sido complicado mi aterrizaje para algunos, pero en líneas generales tengo que agradecer que todo el equipo se haya portado de forma fantástica desde el primer minuto.

—¿Se vio con recelo la llegada de un periodista de la televisión?

—No me consta en absoluto. He tenido mucho cariño, desde los directivos que confiaron en mí, y a los que les agradezco la oportunidad, pasando por la persona que ha entrado última como becario. Cuando estás al frente de un puesto de responsabilidad tienes que conocer el terreno y eso es lo que estoy haciendo. Lo que no conocían era mi faceta como conductor de un programa, porque no veían la tele, pero son un grupo fantástico. Tengo buena relación también con los de informativos. En Onda Cero me he encontrado una familia.

 “De la Morena es un tipo muy exigente y un maestro de la profesión”

—Usted también colabora con De la Morena. ¿Cómo es?

—Es un tipo muy exigente y un maestro de la profesión. Es una persona que sigue trabajando de la misma manera después de tantos años. Sigue siendo el alma de su programa. Me siento muy cómodo con él, porque ambos entendemos que lo importante es escuchar al que habla. Sigue haciendo algo como pocos, entrevistar.

—¿Cómo es Ferreras en la distancia corta? ¿Le gusta más el fútbol o la política?

—Las dos cosas. También el baloncesto. Es un apasionado de la comunicación. Sin el factor pasión, el periodismo sería muy difícil. Creo que esto es un oficio y que hay que estar conectado a la actualidad las 24 horas al día los 7 días de la semana. Esa pasión le lleva a Ferreras a vivir el periodismo 24 horas al día.

—Se dice que salir en televisión dispara el ego. ¿Cómo andan sus niveles de ego?

—Muy bajos. A mi hijo le dicen en el colegio “tu padre es famoso”, pero él siempre contesta “no, mi padre trabaja en la tele”. Es un matiz muy importante. No huyo de la resonancia pública que pueda tener mi trabajo, pero considero esto un oficio.

—¿Cómo va a quedar el fútbol después del coronavirus?

—A toda la sociedad nos ha cambiado y nos va a cambiar. Algunos ya tenían una forma de vida y va a ser menos traumática. Al fútbol también le afectará. En la sociedad, había demasiado postureo. Ahora que se nos ha privado de cierta libertad se está viendo lo que es importante y que vivíamos muy bien. Tampoco nos han pedido que estemos cavando en una mina, estamos en nuestras casas.

—¿Ha vivido el fútbol en una burbuja?

—Sí, como la inmobiliaria.

—¿Quién tiene razón, Tebas o Rubiales?

—Los dos se equivocan y los dos aciertan. Rubiales cometió un gran error con la destitución de Lopetegui, porque ni él mismo creía que tenía destituirlo. Acababa de llegar al cargo y no quería que eso le salpicase. Ni que se le viera mano blanda y entonces utilizó la mano dura. Rubiales lo sabía antes de que se supiese públicamente, ya que fue el primero en saberlo de boca del entrenador. En cuanto a Tebas, creo que le ha dado un nuevo impulso a LaLiga como negocio. Cuando llegó, empezó a meter sanciones contra los insultos en los estadios, algo que me parece fundamental. Como padre, he llevado a mi hijo a un campo de fútbol y he escuchado cosas que me parecen inadmisibles. Por lo demás, LaLiga y la Federación nunca se han entendido.

—¿Cuál es su relación con las redes sociales?

—Es una herramienta muy útil y con la que me comunico con mucha gente. También consigues información, aunque hay que saber filtrar todo aquello que llega. En las redes cabe lo bueno y lo peor. Hay gente que cree que las redes sociales son el mejor medio para comunicar, pero lo siguen siendo los medios de toda la vida.

—¿Cómo se imagina dentro de diez años?

—Haciendo cosas que me sigan gustando. Disfruto mucho con la docencia, me apasiona la divulgación, me encanta el deporte y la comunicación, estoy encantado de volver a la radio… Me imagino trabajando, estudiando, analizando y compartiendo con la gente todo aquello que nos apasiona.

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