No sé si saben ustedes que está pasando algo. Algo. En toda Europa, en todo el mundo. Algo gordo. Es tan gordo que hasta han suspendido la Champions, que ya es suspender. Hay apuestas sobre cuánto durará (que no me entere yo que uno de esos bingos online se quedan sin su parte del pastel, ¿eh?) pero al final resulta todo muy incierto. Como debe de ser, porque el tema es delicado, técnico y de difícil encaje (por mucho que su cuñado, sí, sí, usted sabe quién, lo tuviera todo solucionado en un fin de semana, si a mí me dejasen, te lo voy a explicar…).  En fin, que entre las muchas cosas paradas (todas ellas comprensibles, todas perfectamente lógicas) está el ciclismo. Nos hemos quedado sin Clásicas (con lo clásico que soy yo), y, al menos, sin Giro de Italia. El Tour pende en el aire y la Vuelta… bueno, para septiembre vaya usted a saber cómo va el asunto, yo prefiero no hacer previsiones a medio plazo, porque la realidad se está mostrando especialmente estricta estos días…

Así que, como tampoco hay mucho más donde rascar, tiramos de ideas. De frikadas, entiéndase esto con todo el respeto del mundo. Una que ha generado (cierto) debate en el aficionado partió de Iván García Cortina, ciclista del Bahrein-Merida que, por cierto, tiene pinta de haber sido bastante perjudicado por esta suspensión de la primavera a pedales, porque en Niza iba como un tiro. Pero a lo que vamos, que el mozo asturiano (y residente en Andorra) planteó la posibilidad de que, oye, si no podemos hacer Giro, Tour y Vuelta este año podríamos lanzarnos de cabeza a hacer una supermegavuelta a los tres países, que empezase en Madrid y acabase en Milano (o cualquier otra combinación) y así no teníamos el mono de Grandes en cada territorio.

Es una paranoia mental, no se crean. Vamos, nada serio. No creo que nadie piense realmente que va a ocurrir. Entre otras cosas porque los organizadores no querrían. Si el tema se extiende más de lo que todos deseamos y la Vuelta queda como la única Grande del año estaría ante una participación insospechada, y no querría compartir protagonismo. A esto hay que sumar que las tres Grandes no tienen la misma empresa detrás, sino que el Giro es propiedad de RCS, mientras que Vuelta y Tour vienen regidas por ASO. Nuevamente, problemas de agenda e intereses.

Pero, y hablando en el puro espacio de lo hipotético, también existen aficionados que se muestran contrarios a la idea. Por desnaturalizadora, por la dificultad de encuadrarla en nuestro universo mental, por suponer que queden en el tintero extensas regiones tradicionales que resultaban claves en cada una de esas pruebas. Cómo cuadrar Sistema Central, Cordillera Cantábrica, La Cabrera (bueno, aquí no pasa nada, porque no aparece nunca), Pirineos, Alpes, Sistema Central, Vosgos, Dolomitas, Alpes Italianos, Apeninos… Imposible. Sobre todo porque habría que sumar un buen puñado de etapas llanas, traslados en avión, etcétera. Luego los hay también que hablan desde el miedo. A ver si van a aprovechar y nos meten mano al calendario de siempre… Vueltas Grandes de dos semanas en el futuro, por ejemplo. O absorción de alguna de ellas por las otras. Ustedes me entienden.

Aclaremos… no sería la primera vez que ocurre. Una carrera de este tipo, o con estos condicionantes, digo. En circunstancias parecidas (no voy a ir más allá, por respeto). Durante la Segunda Guerra Mundial hubo sendas pruebas en Italia y Francia, que vinieron a sustituir a (los suspendidos) Giro y Tour. En la Bota incluso se dio una maglia rosa, no se vayan a pensar. Incluso antes, en 1919, se celebró un épico Circuit des Champs de Bataille, cuyas siete etapas buscaban pasar por los sitios donde habían tenido lugar los hechos más sangrientos de la Gran Guerra. Imaginen la estampa… debió ser una carrera desolada, abrumadora. Quizá la más dura de siempre…

Experimentos sin más recorrido, claro. No pasa nada. Y tampoco se pide volver a ello, solo (imaginar) una corsa trinacional. Claro que uno, que peca de ambicioso, empieza a venirse muy arriba. Qué etapas poner, cuáles. Homenajes, homenajes y una buena ración de sadismo, porque meter montañas y clásicas es algo que nos gusta mucho a quienes vemos la bici cómodamente desde nuestro sofá. Así que pienso y repienso. ¿Qué no podría faltar? Veamos… Los Lagos de Covadonga, claro, la gran etapa pirenaica, quizá el Angliru. Galibier y Alpe d´Huez, Stelvio, Mortirolo, un maratón dolomítico. ¿Y qué tal si repetimos Pra Loup, que es algo mítico por lo de 1975? O La Fauniera, ya puestos, hace mucho que no pasamos por allí. Y Abetone, claro, por Coppi. Izoard, por Bartali. Hombre, que metan algo en Cantabria, que me queda cerca de casita. ¿Un final en Liencres? Conozco algunas cuestas. Ya que estamos en plan excepcional estaría bien que se abriese el Puy-de-Dôme solo por esta vez. O Lavaredo, que debemos recordar a Tarangu. Espera, ¿no han suspendido las Clásicas?  Pues que las etapas llanas sean esas. Trescientos kilómetros entre Milán y San Remo. Adoquines de los gordos, de los que tienen filo. Un Flandes, una Lieja, Lombardía alrededor del Lago di Como y el Lago Maggiore. Hasta dejo que suban Mottarone, por si se queda la cosa corta de montaña. Y cronos, cronos monstruosas. Repetir la de Luxemburgo, o aquella de los años treinta, la que subía y bajaba Iseran. Oh sí….

Ya ven, transformen esto en algo medianamente realista… se darán cuenta de la dificultad. Con todo, qué bien lo pasamos pensando en estas cosas. Y no en otras.

Cuídense.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here