El condado de Westchester se compone de varios pueblos, o lo que en Estados Unidos se denominan pueblos, lugares donde residen aquellas familias de clase media-alta que trabajan en Nueva York ciudad y que al mismo tiempo quieren disfrutar del aire libre, disponer de los mejores distritos escolares y optar a una casa con jardín rodeada de una valla blanca.

Probablemente hayan oído hablar de alguno de esos rincones, por ejemplo en la serie Friends. Ross trata de convencer a Rachel de que su futuro está en Scarsdale haciendo mención a la calidad de los colegios. En Seinfield, Jerry y sus amigos planean de vez en cuando ir White Plains de mercadillos e incluso los Clinton han encontrado aquí un rincón para desconectar.  

En Westchester, las familias se despiertan temprano los domingos y preparan el desayuno. Son imprescindibles los huevos revueltos, fritos o en tortilla y, como es fin de semana, se les suele añadir algo más dulce, por ejemplo tortitas con sirope o tostadas francesas, algo parecido a nuestras torrijas. Un chute de energía necesario, porque si hay niños en casa los domingos son día de futbol, o soccer como lo llaman por estos lares.

He aquí el fenómeno. Pese a no ser un deporte mayoritario en Estados Unidos, el soccer gusta a los más pequeños y se sitúa como el segundo deporte más practicado por niños y, sobre todo, por niñas de entre 6 a 12 años. Sólo el amor al béisbol supera la pasión por el fútbol. Unos 4,2 millones de chavales estadounidenses se calzan sus botas de tacos y se suben las medias hasta las rodillas cada fin de semana soñando con jugar algún día en la Liga o en la Premier.

Sin embargo, las cosas cambian según se acercan a la adolescencia, que es cuando el baloncesto y el fútbol americano ganan la partida al soccer e incluso al béisbol. Es difícil saber por qué. Hay estadounidenses que me aseguran que a esas edades el soccer deja de ser tan divertido como cuando eres un crío. En su opinión, de niño lo disfrutas más porque es de un deporte con el que es fácil empezar. Y no les falta razón. Es obvio que para un niño de seis años es complicado alcanzar una canasta y no hablemos ya de placar a un rival… En cambio, patear un balón resulta mucho más sencillo…

Capítulo aparte merece la repercusión que ha tenido el fútbol femenino en Estados Unidos. Ya es costumbre que la selección femenina tenga mejores resultados que la masculina. Han sido campeonas del mundo cuatro veces, las mismas que se han colgado un oro al cuello en las olimpiadas. Su última hazaña fue en 2019 cuando ganaron el Mundial de Francia. Reflejo de sus éxitos es el crecimiento de la práctica entre mujeres. En 1971 solo 700 institutos ofrecían la posibilidad de inscribirse en un equipo de fútbol femenino; en 2014 la cifra ascendía a 376.000 colegios. Las chicas cada vez se acercan más a la participación de los hombres. El pasado año la diferencia era de tan solo 50.000 jugadores más en las ligas escolares masculinas.

Fuera de las competiciones escolares es seguro afirmar que el soccer pierde la batalla. En el ranking de los deportes más seguidos y televisados en Estados Unidos debemos bajar hasta el número cinco de la lista para encontrarnos con el balompié. Superado con creces por el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto, que ocuparían los tres primeros puestos, mientras el cuarto queda reservado, de momento, para el hockey hielo.

A pesar de todo, el futbol sigue en alza en Estados Unidos y varios factores han ayudado a ello. Por un lado están los comentados éxitos de la selección femenina; no encontrarán a un solo americano que no disfrute viendo cómo sus compatriotas traen un oro a casa sea en el deporte que sea. Pero hay otras razones para el crecimiento: la inmigración también ha ayudado a afianzar el soccer. Tanto los inmigrantes latinoamericanos como los de origen irlandés han aumentado el número de futboleros en Estados Unidos.

Empecemos por los inmigrantes. Los estadounidenses tienen interiorizado que hispano y fútbol van de la mano, tanto es así que la primera pregunta que te hacen una vez saben que eres español es: ¿Del Barcelona o del Real Madrid? Si respondes que eres del Alavés, como es mi caso, se quedan descolocados. En este sentido, es curioso que me haya encontrado con un puñado de yanquis que sí conocen al Baskonia, al que suelen llamar Tau. Creo que esto demuestra que el baloncesto está más interiorizado en la cultura deportiva del país.

En cualquier caso, los hispanos tienden a seguir la Liga, a Messi, antes a Ronaldo, y los programas de soccer dedicados a la competición española suelen ser en español. ESPN, una de las cadenas de deportes por antonomasia, tiene un canal exclusivamente en castellano y su programación se basa en seguir los partidos del deporte rey en España. Más ilustrativo aun es contar camisetas. El año pasado, el Barca y el Madrid quedaron en segundo y tercer puesto respectivamente en la venta de camisetas de fútbol en Estados Unidos; el primer lugar se quedó en la Premier gracias al Manchester United.

Lo que me lleva a los irlandeses. Suyo es el gran logro de haber unido fútbol y cerveza en el mismo espacio, la taberna, y es difícil resistirse a esta combinación incluso para los más yanquis. Mientras sus locales se reparten por doquier, sobre todo en la costa Este, el soccer se expande en la misma medida. Evidentemente, para el negocio necesitan añadir baloncesto, béisbol, fútbol americano y un largo etcétera que harán del cliente americano un asiduo.

Sin embargo, estas tascas suelen tener no menos de cinco pantallas, por lo que todos los encuentros de interés tienen su espacio. El problema para los europeos es que son generalmente partidos repetidos, pues los encuentros de la Liga y la Premier se disputan a deshoras. Los futboleros no tiran la toalla. Igual que los neoyorquinos se han acostumbrado a celebrar las victorias de Conor McGregor y salen cada 17 de marzo a beber con San Patricio, puede que en un futuro próximo también se festeje de forma similar la final de la Champions. Ya saben, cualquier excusa para brindar es buena.

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