Es difícil explicar lo que se siente en el momento en que te dan una estocada. Y debe ser todavía más difícil pensar en la resurrección de las almas: en Ámsterdam, en Paris, en Glasgow. ¿Qué hacemos aquí, congregados fuera de Europa por quinto año consecutivo?, nos preguntan miles y miles de personas. Esperamos al ser superior que llega hoy, habría que decirles.

Nos han metido cuatro y el mejor de nuestros hombres ha sido el portero, con lo paradójico que eso implica. Mientras, en el club, todos callan y se miran de un lado a otro. ¿Por qué esta inacción de la Junta? ¿Por qué están ahí sentados, tocándose el ombligo los directivos? Porque, hay que decirlo, ya llega el ser superior. ¿Qué política de fichajes plantean, qué soluciones nos traen a la crisis institucional del club? Comprarán a Kaká, a Cristiano, a Ribery cuando llegue el ser superior. Mientras, allá lejos una turba nos canta: cuando camines por una tormenta mantén la cabeza alta y no tengas miedo de la oscuridad… cuando pienses que tus sueños han sido sacudidos y zarandeados, camina, camina con esperanza en tu corazón y nunca caminarás solo. Nunca caminarás solo. Pero los que nos cantan están equivocados, para qué darle más vueltas. En este momento y ahora mismo, caminamos solos, esperando al ser superior que nos marque el camino y toque la corneta para tirar del marketing.

Nos encontramos con un chorreo en toda regla, un baile de salón y una salida similar a la de la Guardia Imperial Inglesa. Fuimos la Armada Invencible, Trafalgar. No es esta, debería serlo, una retirada o una huída. ¿Por qué nuestro Boluda madrugó tanto y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad, está sentado, solemne y ciñendo su solapa de presidente? Porque hoy llegará el ser superior. Y el presidente espera, calentando la silla, para dar a su jefe la acogida. Incluso preparó, para entregárselo, las prestaciones a la causa: estados de cuentas y eternas promesas. En él, se juran muchos títulos y hay escritos estupendos contratos. Buenas intenciones y pocas capitulaciones. Nadie es culpable, felicidad a mansalva. Cuatro cero y que nos revienten como dios manda.

Los mitos también tienen su lado negro, su oscuridad que nos mece y nos atrapa. ¿Por qué nuestro hombre de Ámsterdam aparece con rojas togas bordadas; por qué lleva brazaletes con tantas amatistas y anillos engastados y esmeraldas rutilantes; por qué empuña báculos en plata y oro magníficamente cincelados? Porque hoy llega el ser superior y hay que recordarle que tiene un contrato hasta 2010; que hay que aprovechar las suculentas comisiones por los fichajes que vendrán y que el equipo que él ha construido, esos posgalácticos, necesita nueva argamasa y cemento para cerrar ese círculo de riqueza deportiva y personal.

El ser superior llega hoy. ¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores a echar sus discursos, escribir cositas lindas y decir que aún somos el Madrid? Porque hoy llegará el ser superior y le fastidian la elocuencia y los discursos, a no ser que sean laudas y poemas meritorios, como los que componía aquel gaucho espigado desde la dirección deportiva. Todo era Operación Triunfo, operetas dirigidas para subir el ranking. No hay crítica: adiós al pampero de Manchester, al capitán de hierro y al señor del bosque.

Se ha hecho de noche y el ser superior no ha llegado. Algunos han venido y contado que el ser superior no existe, que es un invento del Buitre. El cielo se encapota, la turba sigue cantando. Charlatanes, quienes se apartaron del deber, quienes han dejado de ser justos y rectos, aquellos que nos han vendido esta idea. Ingenuos, esos que prevén –y muchos prevén– que el ser superior aparecerá por la puerta ahora mismo y ganaremos la Décima.

Para los escépticos, queda una última pregunta: ¿qué será de nosotros ahora? Ese tío, el ser superior, al fin y al cabo, era una solución para vender humo y no deprimirse.

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