Hay sonrisas icónicas. Da igual que no respondan al canon de perfección y que sus incisivos recuerden más a una gran cordillera que a una secuencia perfectamente colocadas de fichas de dominó. La de Ronaldinho nos conquistó desde el primer día, quizá porque en su imperfección cabíamos todos. Y ni siquiera hoy, recluido en una prisión de Paraguay, ha perdido el brasileño su sonrisa. El Gaúcho vino al mundo para hacer feliz a la gente, ya sea con un balón en los pies o tocando unos bongos. Ese cariz hedonista de la vida es lo que impregna su figura desde la melena rizada hasta sus pies prestos a bailar samba con o sin balón de por medio. Ni siquiera la crisis de los cuarenta amenaza con borrarle su sonrisa, por más que su pronunciada cuesta abajo empezara hace años, casi al tiempo que descendía escalones en la pirámide del fútbol. Su último regate tampoco le ha salido bien, pero al menos confinado en una prisión te dejan jugar con la pelota.

El crepúsculo de los dioses, la genial película dirigida por Billy Wilder y que ejemplifica el fin del Hollywood clásico, no encontraría mejor actor principal en su versión futbolera que la de Ronaldinho Gaúcho. Un ocaso prolongado que en el caso del brasileño no ha dañado su figura de ídolo, al menos para la afición azulgrana. Así de fuerte fue su brillo. Pero son ya 10 años de cuesta abajo, prácticamente desde que abandonara la élite en 2011, tras sus últimas dosis de magia en Milán. Desde entonces los episodios sombríos se acumulan lejos de los terrenos de juego, donde a cuenta gotas ha ido dejando ramalazos de lo que un día fue en clubes tan variopintos como Flamengo, Atlético Mineiro, Querétaro o Fluminense. El último llegó el pasado sábado cuando tanto Ronaldinho como su hermano Roberto fueron internados en una cárcel de Asunción, después de que ambos intentaran entrar con pasaportes falsos en Paraguay.

Son muchos los que señalan a su hermano Roberto de Assís Moreira, de 46 años, como el principal causante del rumbo errante del astro brasileño. El mismo Roberto que desde 2002 se convirtió en el agente y representante del diamante en bruto que la mayoría descubrimos en aquel Mundial de Corea y Japón. En la figura de su hermano menor se representa el sueño frustrado Roberto, el de convertirse en figura mundial del fútbol. Y sería Roberto quien en 2011 elegiría Flamengo y no Gremio, el club en el que Ronaldinho se formó y despuntó en Brasil, para que su hermano pequeño volviera a disfrutar del fútbol en su país. La torcida tricolor de Gremio se sintió traicionada después de que su hijo prodigio les dejara en la estacada y todavía hoy no le han perdonado. En su paso por Rio de Janeiro tan festejado fueron sus goles como sus fiestas posteriores. Pero aquello tampoco terminó bien a pesar de que Dinho lideró al Mengao hacia el título del Campeonato Carioca. Los retrasos en los pagos provocaron que Roberto rompiera el contrato con el actual Campeón de la Copa Libertadores. El Atlético Mineiro sería su siguiente parada.

Allí con el 49 a la espalda se convirtió en ídolo de la afición albinegra, guiando a los de Belo Horizonte hasta el subcampeonato estatal y conquistando una histórica Libertadores (2013). Alcanzada la gloria, tocaba la fuga. Una constante en su trayectoria como futbolista. Tras rescindir el contrato, Roberto puso sus miras en México. Querétaro sería la siguiente parada de su hermano en una liga aún menos exigente en los físico que la brasileña. Su aventura mexicana solo duró una temporada porque la saudade invadió pronto a Dinho, en un equipo con escasas opciones de triunfar. Echaba de menos Brasil y volvió al Fluminense para cerrar allí su etapa como profesional. Su periplo fue testimonial, apenas disputó una decena de partidos y se convirtió en un habitual del banquillo. La afición la emprendió con él por su bajo rendimiento a base de pitos. Su fútbol se apagaba pese a que su hermano le instaba a seguir y aseguraba a los medios “que novias no le faltaban”. Aunque puedan pensar lo contrario, Roberto hablaba de fútbol.

Fue entonces cuando el fútbol dejó paso al circo, a los partidos de exhibición y a los reality shows (algunos en lugares tan recónditos como Arabia Saudí). La música también tomó un peso importante, más aún del que ya tenía en su día a día. Ronaldinho llegó a grabar varias singles que todavía hoy pueden verse en youtube, mientras los negocios del exjugador brasileño hacían agua. De hecho tanto él como su hermano fueron condenados en 2015 a pagar una multa de 1,57 millones de euros por unas construcciones irregulares en áreas de preservación ambiental. Ronaldinho también tuvo que enfrentarse en febrero a otro proceso judicial acusado en esta ocasión de formar parte de una estafa piramidal relacionada con las criptomonedas.

Entre medias, el futbolista de Porto Alegre apoyó al candidato conservador Jair Bolsonaro antes de que el antiguo militar se convirtiera en presidente de Brasil. Ronaldinho fue nombrado en 2019 por el gobierno de Bolsonaro embajador de Turismo, aunque desde finales de 2018 la justicia brasileña le habían retirado el pasaporte a él y a su hermano. Y eso conecta directamente con la situación actual que vive El Gaúcho recluido en la prisión de Asunción después de que intentaran entrar en el país guaraní con pasaportes falsos. En prisión ya ha jugado varios partidos con los reclusos. Ellos, al igual que nos pasaba a nosotros en la Play, también se lo rifan para que juegue en su equipo. Saben que su sonrisa es el principal atajo hacia la victoria y Dinho tras marcar cinco goles y repartir seis asistencias facilitó a los suyos la victoria. Luego llegaron las fotos, los trofeos y un lechón de 15 kilos para degustación del ganador.Y es que mientras le dejen un balón Ronaldinho puede ser feliz incluso entre rejas. La magia, en cualquier caso, no se agota a los cuarenta.

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