En este camino lleno de contradicciones y dudas que están recorriendo dados de la mano el Real Madrid y el Barça, tengo la certeza de que ambos van a corresponderse esta noche como amantes pasajeros. Hasta hace pocos días, el Madrid era un buque indestructible. Hoy, el errante caballero blanco está subido a la cornisa y ya tiene el pie derecho en el aire. El camino fácil es dejarse caer y justificar todos nuestros males con ese paso en falso que dimos en verano y del que poco a poco nos recuperamos tapando la hemorragia con tiritas. Pero cuidado, el Barcelona no nos espera abajo para observar el reguero de sangre. En caso de derrota azulgrana, a sus cabezas también volverán los pensamientos suicidas. Sentidlo. Esta noche no habrá treguas. Es noche de hogueras.

A pesar de la puñalada por la espalda de Guardiola, veo al equipo de Zidane concienciado y comprometido con salvarse a sí mismo de la decadencia que nos acompaña y eso, por lo menos, genera cierto grado de ilusión. Febrero nunca fue un mes en el que nadásemos en la abundancia. Pero los días son más largos y el calendario ha querido darnos la oportunidad de pedir perdón por las molestias causadas frente al City e interrumpir lo de colgar prematuramente el cartel de cerrado por derribo con un duelo ante el verdugo. El partido frente al Barcelona puede dejar al Madrid tocado y hundido, pero si se gana, este equipo podría ser mucho más real de lo que ha sido nunca en este curso. Nada mejor que tener al demonio enfrente para redimirse.

En cuanto al once, tengo fe en la juventud. De Vinicius diré que deseo que se siga equivocando durante mucho tiempo, porque si ahora con 19 años cada error nos genera un pinchazo de ternura en el estómago, con 25 y eligiendo bien qué hacer en cada momento, la fortuna le sonreirá constantemente. Le pedimos que encare, regateé y defina como si lo hubiese hecho durante toda la vida, cuando apenas acaba de nacer. Paciencia, que a mí a los 19 me costaba elegir hasta con qué pie levantarme porque no me fiaba ni del derecho ni del izquierdo.

Veo al Madrid en una encrucijada que no ha elegido. El destino ha querido que el eterno rival confeccione nuestro destino. Creo que este Clásico puede definir muchas cosas, entre ellas, si hicimos bien en no saltar al vacío. Hay ciertas señales que invitan a tener fe en nosotros mismos. La idea es que Messi se canse de no poder aletear tranquilo, y que el Madrid despliegue sus alas. Nos hemos acostumbrado a sufrir, pero de algo habrá que morir. Esta noche hay que tener ganas de arder.

«A pesar de ti, de mí y del mundo que se resquebraja, yo te quiero».

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