Todos los días tenemos noticias de algunos imbéciles que se pasan la solidaridad por el arco del triunfo. Fiestas, salidas no permitidas o, incluso, ir al gimnasio de siempre (ahora a puerta cerrada) a pintar la mona. Son comportamientos reprochables en un Estado de Alarma y que sólo denotan que la estadística es inexorable. Por cada mil individuos hay tres gilipollas.

Pero si está mal ser bobo como ciudadano menos disculpa tiene el hacerlo como representante del pueblo. Leer las noticias diarias le pone los pelos como escarpias hasta a las lubinas (prueba de que la tontería consigue milagros evolutivos). Desde presidentes de Comunidades Autónomas que recuerdan en sus mensajes a algún director de Parque Jurásico (es mejor que les coma el dinosaurio a alarmar al público antes de que le vea los dientes) a jefes de compras que adquieren material de “los chinos”, pasando por un centro logístico que si repartiese marisco daría vergüenza hasta al capitán Pescanova.

Las malas gestiones se ven más en los grandes problemas. Sabemos que son tiempos difíciles. También que es más complicado decidir que criticar, pero el comportamiento general de la sociedad española se merece a gente más competente a los mandos. Y aquí no hay colores, banderas o ideologías, sino la imperiosa necesidad de hacerlo bien. Por cada cagada, en situaciones normales, muchas familias se quedan en paro. Ahora, las mismas se miden en vidas humanas.

Hay que hacer bien las cosas. Pero es que, mirando el escaparate del mundo, te das cuenta de que muy pocas administraciones lo hacen mejor que la nuestra. Quizá a algunos países les haya pillado en mejor situación económica y de recursos sanitarios, pero hasta hace pocos días se estaban tomando la pandemia casi a pitorreo. Hasta los chinos ordenaron prisión para el médico que avisó de este virus. Mal de muchos, desconsuelo de todos.

La conclusión es clara. Hay tantos intereses creados que cuando te das cuenta de que la situación es de guerra, el enemigo ya ha tomado los pulmones de tus soldados. La estulticia política de conservar el estatus a toda costa sólo sirve para ayudar a destruirlo. Ahora sólo vale aplanar los picos de las curvas sanitarias, que realmente manden los científicos y que los políticos se vayan al rincón de pensar. Quizá un examen de conciencia consiga que no se tropiece muchas más veces en la misma piedra.

Todo lo que ha sucedido es por mala gestión, por preservar el modelo económico y por no creerse la realidad. Porque, seamos serios, si fuese verdad que el gobierno se hubiese creído la realidad… ¿Hubiese mandado el presidente a su madre y esposa a la manifestación del 8M? La respuesta es no. Pero eso no es excusa para que no tiemblen las manos para cesar a los que no avisaron, avisaron mal o taparon el aviso porque creían en una mejor realidad paralela. No vale todo

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