“Donde nace el infarto” es el título del álbum publicado el pasado 7 de febrero ¿Tiene algo que ver el título con el vértigo que significa esta etapa nueva post La Raíz?

—Sí, seguramente. No estaba pensado así pero cuando tomas una decisión tan fuerte, el vocabulario que ronda el subconsciente en tu cabeza sea impactante como un infarto. Tiene que ver con que esta deriva artística me ha salido del corazón y la metáfora surge de ahí, del órgano justo de donde nace el infarto. 

El nombre del grupo lo inspira el nombre de su hija y su paternidad recientemente inaugurada ¿Cómo es esa ciudad? ¿Bulliciosa, tranquila o de esa que tiene mucha marcha por la noche?

—Es una ciudad tranquila con un residuo cultural. Me la imagino como en 1984, de George Orwell, pero nosotros estamos ahí para darle color. 

El disco me ha parecido que tiene un sonido muy reconocible para los seguidores de La Raíz con la lógica huella del tiempo. Querría preguntarle por la madurez del artista, la necesidad de evolucionar hacia otros proyectos, las etapas que se acaban (o se pausan). “Hemos crecido con La Raíz y nos hemos hecho mayores, tan sencillo como eso”, le he leído en otra entrevista. 

—Yo empecé con La Raíz a los 24 años y hemos estado 13 años girando. Tengo ya casi 40 años y no es lo mismo, no sientes igual ni tienes la misma energía y las inquietudes, sin que sean diferentes, las quieres plasmar de otra manera. Hablas de cosas que ya tenía La Raíz pero no quieres ser tan explícito, por ejemplo, o le das una interpretación libre, algo que me gusta mucho. El sonido puede recordar un poco a La Raíz, pero no lo es tanto, y el fondo tampoco.

La otra gran diferencia que percibo, además de enfocar esa composición desde un punto de vista más personal, intimista, es un menor “bullicio”. La Raíz la componían once miembros y Ciudad Jara baja a seis ¿Necesitaba más tranquilidad? ¿Ha sido más sencilla esta forma de trabajar?

—Hay un poco de todo ahí. En el aspecto compositivo desde luego. En La Raíz éramos once pero no todos componían, porque sino no hubiese salido ningún álbum. Componía yo y luego entre todo lo arreglábamos. Esa composición a mí me causaba un estrés gigante que ahora ya no está. Me he rodeado de menos gente porque quiero que la música sea intensa y que transmita mucho sin que sea para ello necesario un escándalo o, como tú dices, un bullicio. Creo que la música de La Raíz sí pedía eso y además creo que gran parte de la magia que tenía era la creación de un concepto colectivo de la música, no solo arriba, también debajo del escenario. Grupo y público éramos todos iguales, no había un ego. Eso transmitía y enganchaba, porque el público venía a ser protagonista del bolo. 

“La canción del pensador”, uno de los adelantos del disco, es un tema existencialista, filosófico, inspirado en la escultura de Rodin. Casi le pediría que nos lo explicase, más que como músico, como el licenciado en Historia del Arte que es.

—Nunca he ejercido, así que así creo que no te lo voy a poder explicar (sonríe). Me ha servido que yo amo el arte y que, igual que a otras personas en la composición les puede influir una situación cotidiana, a mí también lo puede hacer una obra que conozco. En la intro del disco, por ejemplo, me inspiró el cuadro de “La balsa de la medusa” y aquí, como dices, la escultura de Rodin. Creo que es una obra que guarda muchos secretos porque estás viendo a una persona enfrente de ti, casi a tamaño real, que parece perfecta y, lógicamente, nadie es así. Tiene sus altibajos, demonios y miserias. Creo que es un buen símil con la imagen que el público se proyecta del artista. A mí me pasa que no sé gestionar bien el fenómeno fan. No me considero el ejemplo de nadie y tampoco me gusta serlo. Te idealizan. Y por eso hice la metáfora con la estatua.

¿En esa gestión ha habido también una evolución o cuesta tanto como antes?

—Creo que estoy un poco más cómodo porque estoy defendiendo algo que me representa a mí solamente. Antes era más complejo porque me tenía que poner en la piel de once. No sé cómo me afectará en la gira pero estos días de promoción y presentación sí he notado algo diferente, no tan “cañón” como La Raíz, sino que se paran a escuchar lo que dices y cómo lo transmites. Y eso me gusta. 

¿Es una evolución hacia una música más de cantautor?

—Sí sí, totalmente. En el anterior disco no está vestida así porque hay un mucho rock pero aquí sí que hay una energía en esa línea. 

Mencionaba antes la novela ‘1984’, que ha servido para inspirar “Bailé”, otro de los adelantos ¿Estamos en un mundo en el que la guerra es la paz, la libertad es esclavitud y la ignorancia es la fuerza?

—Sí. Cuando era joven y pensaba en novelas como “Un mundo feliz” o “1984” dices “joder, lo han adivinado todo” pero lo dices con el entusiasmo de pensar que los escritores estaban un poco locos, que se la jugaron. Ahora con una hija como tengo yo abres tus miras y piensas que será una maquinita a la que le van a dar un sitio en el que estar, una ropa…

¿Le faltará libertad?

—Yo creo que sí.

Del disco quería destacar para terminar, y por no destriparlo del todo, “Las manos” y “Las nanas de Jara”, donde aparecen sus viejos compañeros de La Raíz, sus hermanos de Zoo y Rozalén, que le canta a su hija ¿Cómo ha sido volver a trabajar con todos ellos, en especial con Rozalén? No se me ocurre mejor voz actual que la suya para cantar una nana.

—Rozalén es una persona increíble y me llevo muy bien con ella. En realidad, todos los artistas se llevan bien con ella (sonríe) porque es muy respetuosa y ayuda a todo el mundo. Yo le ofrecí cantar en el disco y le pasé tres temas para que ella eligiera. Ella dijo “Las nanas” y la verdad es que ha quedado un tema impresionante. 

—En “Las manos” sí que se ve la herencia “raízera”. Este tema se convierte en una murga, un estilo musical proveniente de la chirigota y en el que se utilizan muchos timbres de voz. Decidimos intentar hacer una murga uruguaya, digo intentar porque con ella pasa como con el flamenco, con gente que conocíamos y del país, como la Vela Puerca o Facu Díaz y con gente que no como TéCanela.

En A La Contra tenemos el deporte dentro de las venas. Quería preguntarle por su faceta deportiva, si le gusta algún deporte en especial o practica o ha practicado alguno con asiduidad 

—Toda la vida he sido muy futbolero, de practicarlo. De verlo…solo el Madrid. Solo lo veo a él, sobre todo los partidos tochos. En los de Champions mando una instancia a casa a ver si me puedo ir a verlos (risa). 

Y en cuanto a jugar…

—Siempre he jugado mucho a futbito. Me encanta. En fútbol 11 llegué a estar en el Gandía. Jugaba de mediocentro. Yo era un organizador muy lento, tipo…Celades, Milla o Schuster (carcajada). Lo dejé en infantiles porque no me daban mucha bola y chupaba banquillo.

¿Y cómo ves a tu equipo en la actualidad?

—Creo que la época de Messi, porque así debe llamarse esta época, debería haber estado gobernado por el Barça y no lo han hecho por casualidades. Le mete cuatro la Roma, el Liverpool…el Madrid tuvo la fortuna de tener a Cristiano y pelear bien. Sin Cristiano pensaba que íbamos al hoyo pero, bueno, a ver qué pasa este año. Veo un buen espíritu de equipo. 

¿Y lo de ser del Madrid en Valencia cómo es? Diría que no sencillo…

—No no, tío. Es muy difícil. En Valencia o se es del Valencia o se es antimadridista. Allí la gente es más cercana al Barça, aunque haya discrepancias a nivel político. Lo prefieren. He vivido mi infancia con un poco de soledad en ese sentido pero eso crea un efecto rebote y te hace ser más madridista y pensar “va, que se jodan todos” (risa). Lo vivía hasta con rabia de pequeño porque era el único en clase del Madrid.  

Para terminar, quería pedirle un nombre de todos los palos que hemos ido tocando en la entrevista.

Deportista favorito: (lo piensa bastante) Te voy a dar varios nombres y recuerdos. Era muy pro Luis Enrique de jugador, a pesar de que se fue al Barça y nos odiaba. Yo lloré con el codazo de Tassotti. 

—También me acuerdo de Pedro Delgado y Miguel Induráin. Yo era de Pedro Delgado y mi hermano Pancho, de Zoo, que somos casi de la misma edad, era de Marino Lejarreta; yo era de Induráin y él de Zulle. ¡Mira, Zulle me gusta mucho! Se ‘piñaba’ siempre, era un poquito segundón y siempre hacía la goma (ríe de nuevo, muy cómodo).

Recinto deportivo donde actuar: En la Fonteta no hemos actuado…estaría guay. El Bernabéu sería increíble pero, de forma realista, aspiramos al Wizink Center.

Poeta favorita: Miguel Hernández.

Escultor favorito: Bernini

Pintor favorito: Dalí.

Consulta aquí (https://ciudadjara.com/conciertos/) la gira de Ciudad Jara

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