Cuando anunció su incorporación al equipo francés Arkea Samsic, el escepticismo se apoderó del ambiente. Muchos aficionados se sumaron a las voces de periodistas que veían el hecho como un revés, no sólo porque se trataba de un equipo de segunda categoría,  lo que le impediría disputar algunas de las mejores carreras, sino porque se interpretó como una consecuencia —velada— de la irregularidad competitiva que acusaba el corredor colombiano desde el año 2017.

No obstante, pocos se  imaginaron que gran parte de las dudas advertidas se despejarían al inicio de la temporada. Este año no sólo podrá seguir persiguiendo su sueño amarillo, sino que en su agenda ya figuran los Juegos Olímpicos y algunas de las mejores carreras del calendario UCI 2020. Pero además, en corto tiempo, ha vuelto a cosechar éxitos con un rendimiento sorprendente: fue segundo en la prueba élite de contrarreloj en el campeonato nacional de ruta y campeón de las recientes ediciones del Tour La Provence y del Tour del Var y los Alpes Marítimos en Francia.   

Las victorias referidas, per se, tienen un valor intrínseco, pero para que estas nos permitan sacar conclusiones de cara a lo que viene, es preciso revisar cómo, dónde y contra quién se lograron. Sea lo primero decir que en un interregno de siete días el jefe de filas del Arkea se impuso en dos altos de gran entidad: Mont Ventoux y Col d’Eze, que también se subirán en la Grande Boucle de este año. En cuanto al estilo y la forma, Nairo impresionó con una gran cadencia de pedaleo, lo que a algunos globeros pro les pareció un molinillo froomiano. Se vio a un corredor gobernado por un espíritu ofensivo, a un escalador capaz de atacar, de ralentizar y de atacar de nuevo imponiendo un fuerte ritmo en las duras ascensiones, con tirones incontestables a 7 km de la línea de meta. Parece que en el bolsillo más recóndito de su viejo maillot quedó aquella táctica conservadora que tanto se le ha criticado.

Si bien es verdad que entre los rivales faltan muchos de los grandes nombres —algunos acusan una baja forma ­natural por tratarse del inicio de temporada—, no  es menos cierto que su time taken es cuando menos revelador. En la prueba élite de contrarreloj en el campeonato colombiano de ruta, en el que quedó en segundo puesto, Nairo terminó el recorrido de 41,4 km con un registro de 48 minutos y 30 segundos, dos segundos menos que Egan Bernal, que ocupó el tercer puesto, y superado por Daniel Martínez, con un tiempo ganador de 48:02. En el Mont Ventox, Quintana batió un récord en poder de Marco Pantani desde 1994 alcanzando la meta del Chalet Reynard en 28 minutos y 12 segundos. En el Col d’Eze sacó de rueda a Thibaut Pinot  —el que más pudo aguantar sus latigazos—, y entró en meta con 40 segundos de ventaja sobre un grupo de 22 ciclistas encabezado por Simon Clarke, donde rodaban, entre otros, Romain Bardet y Richie Porte.

Todo parece indicar que en Nairo Quintana se vislumbra un renacer y que como en el caso de La nouvelle vie de Paul Sneijder —la película de Thomas Vincent—, el regreso a la vida del tipo en cuestión, ha requerido de una gran apuesta canadien-français. Me refiero a un grupo de expertos canadienses implicados en la tarea de llevarle a su mejor posición aerodinámica y a ayudarle a consolidar el ritmo del pedaleo durante todas las competencias. Emmanuel Hubert e Yvon Ledanois se han motivado e involucrado en un coaching que le ha calado bien. Un equipo en función del líder, unido y trabajando sin restricciones el uno para el otro: Bram Welten, Connor Swift y Nacer Bouhanni esforzados en colocar a los escaladores al pie de la última dificultad, Winner Anacona, Warren Barguil y Dayer Quintana comprometidos en situarlo en posición de ataque. Y como no podía ser de otra manera, un público francés a sus pies que lo lleva en volandas. 

Es muy pronto para decir que Nairo es uno de los ciclistas a vencer este año, lo cual no obsta para afirmar que de momento experimenta buenas sensaciones y que además no lo oculta: «Me siento como en casa, han llegado a mi buenos recuerdos, vivo de nuevo, quiero hacer lo máximo con este maillot del Arkea-Samsic». A la espera de confirmaciones en París-Niza, prueba en la que ha arrancado como favorito, lo cierto es que el colombiano, que ha recuperado la confianza y despertado la fe en él por parte de sus compañeros, se perfila como un gladiador de más experiencia pero con la misma sed de ciclismo ofensivo de antaño. Transmite alegría y, lo que es mejor, en sus últimas salidas se ha recordado así mismo cómo era en sus años dorados, en los que fue el mejor escalador del pelotón y el hombre más regular en las pruebas por etapas.  

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