Si antes de empezar el partido nos hubieran dicho que el Real Madrid iba a ganar el Clásico con goles de Vinicius y Mariano, habríamos pensado que se trataba de un chiste. Pero ya saben que la realidad supera a la ficción.

Es verdad que el partido fue muy entretenido de ver, vibrante y cargado de emoción. Sin embargo, al mismo tiempo, nos mostró la triste verdad de Barça y Madrid, dos equipos cargados de miserias y cuyos resultados en Champions no son casualidad.

Por lo que se refiere a Zidane, presentó un equipo con pocas noticias. Se agarró a su guardia pretoriana, a los de siempre, y sus únicas concesiones fueron Valverde (en lugar de Modric) y Vinicius en punta. De esta forma dio dos paladas más de tierra en la tumba de Bale; las dos últimas se las echó al no sacarle ni un minuto y eligiendo antes a Mariano, la auténtica noticia de la noche.

El Madrid saltó al campo con un plan reactivo: quien proponía era el Barça, y los blancos corrían y presionaban, respondiendo con físico y carácter al plan de Setién. El Barça tocaba y tocaba esperando a Messi, y mientras eso ocurría o no, el Madrid se dedicaba a intentar robar y contragolpear.

Ni uno ni otro sacaban provecho de su plan. Los culés porque en ataque sólo disponen de Messi, y este Messi paseante de 32 años se ha quedado para tres chispazos por partido; si en ellos hay gol, que lo suele haber, bien, pero si no lo hay, el Barça se queda en un amasar y amasar la pelota sin veneno.

El Madrid, que al comienzo del partido se encontraba en una situación muy parecida a la del año pasado por estas fechas, buscó soluciones donde Solari. De ahí que apareciese en escena y como protagonista Vinicius. Igual que el técnico argentino, Zidane puso a correr a los suyos intentando así equilibrar su problema con el gol. La idea era pasar del reino de la puerta a cero al paraíso del 1-0, olvidarse del fútbol y abrazar la intensidad, el ritmo y la agresividad.

Si al descanso se llegó con 0-0 fue porque Messi y Griezmam fallaron lo que nunca fallan, y porque Courtois es mucho más portero de lo que muchos creen.

La segunda parte comenzó igual: el Barça tocando y esperando a Messi, y el Madrid corriendo detrás del balón. Hasta que en el minuto 55, cuando mejor estaba el Barcelona, a la salida de un córner, Isco remató a la escuadra y Ter Stegen hizo la parada del partido. Esa acción provocó un chispazo emocional en la grada que se trasladó al campo.

El partido se rompió. Los blancos, que parecían agotados, se reavivaron y el Barça desapareció. Isco y Karim la tuvieron, pero este Madrid carece de gol, es bien conocido. En medio de esa locura de partido, Braithwaite que acababa de salir al campo, tuvo el 0-1 en el primer balón que tocó, dejando en evidencia de nuevo al Marcelo defensa.

Los blancos, hiperexcitados, presionaron como una jauría, unas veces con orden y otras, las más, por puro corazón. En esos momentos, el Barça se transformó en un guiñapo. Busquets naufragaba en el mediocampo asfixiado, De Jong no daba una a derechas, Messi desaparecía del partido y solo Piqué aguantaba atrás. Fue entonces cuando Kroos vio un agujero a la espalda de un Braithwaite, descolocado como lateral derecho, y le regaló un pase de gol a Vinicius. El brasileño hizo lo que toda la noche, correr como alma que lleva el diablo y rematar lo peor posible. Piqué en su afán de tapar el disparo, lo cambió de sentido… 1-0. Cuatro minutos después, Marcelo celebró como si de un gol se tratase un robo a Messi, en jugada que olía a pólvora.  

Los últimos veinte minutos volvieron a mostrar las enormes carencias de ambos equipos; un Barça sin llegada y perdido en su búsqueda de Messi como única opción ofensiva, y un Madrid incapaz de dormir el partido jugando al fútbol. Y para que todo fuese todavía más Zidanesco, el francés sacó a Mariano a jugar tres minutos y el canterano hizo el 2-0 con un remate mordido tras una buena carrera.

Fue un final surrealista a un partido de gran emoción y muy poco fútbol, en el que ambos clubes mostraron sus miserias, que son muchas, dejando claro que esta liga aún no tiene dueño y que ambos van a perder puntos por el camino; el Madrid porque no tiene gol y el Barça porque vive de Messi, y este Messi ya no es aquel Messi.

UNO POR UNO

Zidane: Con la citación de Mariano y su salida al campo antes que Bale, no solo firmó una de las decisiones más surrealistas que se le recuerdan, y van muchas, sino que clavó un par de clavos en la tapa del ataúd del galés, por no hablar del debate que se abre sobre el porqué del fichaje de Jovic. De la suplencia de Kroos ante el City mejor no hablar…la realidad es que un año después, todo esto ya lo vimos con Solari: el Madrid corre y pelea, pero no juega. Y, desde luego, no marca.

Courtois: Courtois tuvo el mismo efecto salvador que Ter Stegen y Oblak en sus respectivos equipos. Dos paradones evitaron que los de Setién se fueran al descanso con el marcador a favor. 

Carvajal: Hizo un gran esfuerzo físico al tener que ocupar toda la banda. Combinó aciertos y errores con el balón, pero cuando el partido se volvió loco demostró que a coraje no le gana nadie. Qué pena que su fútbol no esté acorde a su carácter.

Varane: Sólido como siempre en defensa, donde volvió a dejar un par de acciones dominantes. Con el balón se mostró cuidadoso. Que el Barça amasase tanto las jugadas no le perjudicó, permitiéndole tapar con suficiencia su zona.

Ramos: Que Marcelo jugase en banda izquierda le obligó a tener que ladear demasiado su posición. Hubo un par de jugadas donde se le vieron las costuras al tener que pelear en velocidad. Bien con el balón y muy concentrado. Griezmann le ganó dos veces la espalda, pero en ambas remató mal.

Marcelo: Aunque celebró como si de un gol se tratase un robo en carrera a Messi, la realidad es que ni en ataque ni en defensa estuvo a su mejor nivel. Pese a que tocó mucho balón, su juego en ataque fue insustancial. Un tremendo error defensivo suyo pudo ser gol de Braithwaite.

Casemiro: En defensa dominó “la zona Messi”, lo que ya le hace merecedor de un notable. Con el balón le faltó lo de siempre, pero al menos no perdió ninguna pelota en zona de peligro. Terminó el partido metido entre los centrales dando muestras de cansancio.

Kroos: El Madrid no puede prescindir del alemán en mediocampo, donde su juego es básico. Le faltó coraje y sentido defensivo en una jugada donde Arthur le comió la tostada en una carrera que le pudo costar el 0-1 al Madrid. Su pase a Vinicius en el 1-0 es una obra de arte.

Valverde: Sin ser uno de sus partidos más brillantes, el uruguayo se mató a correr en la presión. Como este Madrid es más presión que fútbol se ha convertido en insustituible. En defensa no solo presionó, sino que tapó las subidas de Alba y castigó con su zancada la transición defensiva del Barça.

Isco: Para mí es el mejor del Madrid, el que mejor entendió el partido y el que estuvo a punto de ejecutarlo con dos remates que Ter Stegen y Piqué sacaron casi de dentro. Muy trabajador y esforzado en defensa, ahora mismo es el referente ofensivo del equipo.

Vinicius: Hace tiempo que lo bauticé como un cañón cargado de confeti. En esta ocasión volvió a ser ese futbolista de gran arrancada y pésima definición, ya sea en el centro o en el remate. Su gol define su partido, una buena carrera llegando a zona de remate y una definición desastrosa… por suerte Piqué pasaba por allí.

Benzema: Fuera del área es el mejor nueve del mundo y dentro es uno más. Peleado con el gol, tuvo tres remates que puede que no fueran de gol claro, pero es que en sus pies no son ni ocasiones. Eso sí, su juego de espaldas volvió a ser élite.

Modric: Apenas tocó el balón.

Lucas Vázquez: Apenas tuvo tiempo, aunque provocó una falta peligrosa al borde del área.

Mariano: Salió para perder tiempo y marcó. Su presencia en el partido delante de Bale, dejando a Jovic fuera y marcando un gol, dará que hablar.

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