Me ha conmovido enterarme del fallecimiento de Lorenzo Sanz a través de la frase de su hijo: No se merecía este final y de esta manera”. Caray, cuánta sabiduría y cuánto dolor en esas palabras. Lo que nadie puede negar es que sin usted el Real Madrid no sería lo que hoy es.

Títulos aparte, formará parte de su legado el reconstruír al equipo después de La Quinta del Buitre, cosa nada fácil siendo ellos quienes eran. Pero Sanz tuvo paciencia y vio crecer al gran Raúl y al fantástico Guti. No sólo eso, vio nacer a San Iker Casillas y creo que toda España ni se acordaría de esos pies mágicos de no ser por él. Trajo a Morientes, a Suker, a Seedorf, al grandísimo Mijavotić … Lorenzo Sanz, digan lo que digan, fue quien fichó al primer galáctico: el misil Roberto Carlos. Todos dicen que lo de Anelka fue un fracaso… pero, para mi, el gol al Bayern en la semifinal de la Octava, bien valió su precio.

También trajo de vuelta a los alemanes de Adidas, que en los últimos años han dejado sus euros en la tesorería del club, algo que no es menor. Todo esto es enorme, pero su gesto al darle a Del Bosque el manejo del equipo fue, para mi, lo que mejor que hizo. Muchos técnicos buenos han pasado por el club, pero él ha sido el mejor y quien ha encarnado lo que es ser del Real Madrid. Definir, por tanto, lo que debe ser un madridista es un logro supremo.

Evidentemente, toca hablar de la Séptima, el gran éxito. Lo que todo madridista soñaba desde el 66. Sanz tuvo el mérito y la suerte de terminar con 32 años de sequía. Treinta y dos años, se dice fácil, pero es el tiempo en el que un futbolista nace, se hace, explota y se jubila. Toda una vida, como bien supieron los de la Quinta o antes Los García. La Séptima es el título que lo cambió todo, no hay duda de eso. Para mi, en un momento complicado de mi vida, ha sido una de las grandes alegrías y aún hoy no me creo que Montero no llegase a sacar ese balón. Hubo una época en que un amigo mío, muy hincha del Milán de los holandeses, me traía día sí y día también con aquello de las Copas en blanco y negro. Gracias a usted, mi amigo desde ese día vive muy callado, cosa que en este tema en particular es muy de agradecer.

De la Séptima, lo que ahora mismo me conmueve es la foto en la que se le ve a hombros de su hijo Fernando y de Clarence Seedorf besando la Copa. Va vestido de traje, corbata y mancuernillas, con una bufanda del club sobre los hombros. Abajo, los jugadores llevan el escudo, justo debajo de la palabra KELME, al centro. Parece que va a llenar la Copa de champán y que se la beberá entera. La cara de Fernando conmueve: es un rostro no de alegría, sino de éxtasis. Debe ser muy gratificante, no sólo saldar una deuda como esa -saber que se ha cumplido y que ya puede uno estar tranquilo con la tarea brillantemente hecha y resuelta-, sino encima hacerla a la par de su padre. ¿Qué clase de historias se habrán contado el uno al otro con el paso de los años? ¿Qué clase de sentimiento aflorará? Si existe el llamado legado familiar, ahí queda esa foto.

Vuelvo a la frase de su hijo Lorenzo. No se merecía este final y esta manera. En el viejo Popol Vuh hay un pasaje en donde Hunahpú e Ixbalanqué se enfrentan a un camino en bifurcación: uno corto y otro largo. Creo recordar que la elección les dio igual, pues respondieron algo así como: no importa el camino siempre y cuando se disfrute. Lo mismo habría que decir de la muerte, señor Sanz. En particular, creo que no importa el triste final, sino que podría decirse que se ha disfrutado durante el trayecto. En su caso, lo que le honra de verdad es que, más allá de que usted disfrutase, también hizo disfrutar a gente como yo. Eso, no ha tenido ni tendrá precio.

Muchas gracias por todas esas alegrías. No se le olvide que, si por esas cosas de la teología llega a existir el cielo, antes de entrar, grite bien fuerte ¡Hala Madrid!

Que todos en ese barrio sepan que el que llega no es cualquiera, sino un madridista que hizo que su equipo levantase dos veces la orejona.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here