Karl-Heinz Rummenigge, director general del Bayern, junto a Dieter Hopp, propietario del Hoffenheim. EFE

Dietmar Hopp, de 79 años, es el fundador de la compañía de software SAP y uno de los hombres más ricos del mundo con una fortuna estimada de 5.300 millones de euros. Su trayectoria profesional es, en términos generales, la de tantos magnates hechos a sí mismos, una buena película en manos de Hollywood.

Nacido en Heidelberg, Hopp se crió en Hoffenheim, una pequeña localidad de tres mil habitantes. El joven Dietmar jugó al fútbol en el equipo del pueblo y se pagó sus estudios de informática recogiendo remolacha. Trabajó como desarrollador para IBM y en 1972 fundó su propia compañía, SAP. Primero se hizo rico y luego se convirtió en mecenas en su región de origen: financia proyectos contra el cáncer y el Alzheimer, promueve el deporte, impulsa proyectos biotecnológicos… Hasta que sus afanes empresariales y filantrópicos coincidieron en el TSG Hoffenheim, su equipo de fútbol.

Hopp desembarcó en el TSG Hoffenheim en el año 2000 cuando el club estaba en Tercera. Y se hizo notar: modernizó las instalaciones, subió a la Bundesliga en la temporada 2007/08, compitió en Europa y construyó el modernísimo Rhein Neckar Arena, para 30.000 personas y en términos ecológicos el estadio más verde de la Bundesliga. Un ejemplo: el club imprime papeles con el césped que cortan en la cancha. Hasta aquí, una buena historia con una pregunta a la que hay que dar respuesta: ¿Por qué odian en Alemania a Dietmar Hopp?

La última muestra de ese odio la tuvimos en el partido que disputaron el sábado el Hoffenheim y el Bayern de Múnich. Los ultras del club bávaro mostraron en el minuto 67 pancartas contra Hopp cargadas de animadversión e insultos («hijo de puta», entre otros), que provocaron la reacción de los directivos del Bayern y de los futbolistas sobre el campo.

El partido tuvo una primera interrupción breve, cuando se desplegó un primer cartel. Ahí los jugadores del Bayern fueron a la tribuna y discutieron con los ultras, mientras que en el palco Rummenigge se acercó demostrativamente a Hopp para abrazarlo. En la segunda interrupción, decretada por el árbitro, los equipos se fueron a los vestuarios durante cinco minutos y luego volvieron al campo con la decisión tomada de hacer su gesto de protesta, en medio de los aplausos de la mayor parte del público y de gritos de apoyo a Dietmar Hopp. Los últimos diez minutos de partido (0-6 para el Bayern) los futbolistas se pasaron el balón amistosamente.

Karl-Heinz Rummenigge, director general del Bayern (y mito del club), se acercó a Hopp para abrazarle durante el partido y se declaró luego «avergonzado por el comportamiento» de los ultras de su club. «Es la cara horrible del Bayern y no tiene excusa posible. Lo hemos hecho filmar todo, procederemos contra ellos con todos los recursos y les exigiremos cuentas», dijo Rummenigge en declaraciones al canal de pago Sky. Según el presidente del Bayern, la idea de la huelga de brazos caídos fue «de los jugadores». 

La indignación es general entre los dirigentes del fútbol germano. «Condenamos con toda severidad la persistente hostilidad hacia Dietmar Hopp. El sábado llegamos a un triste récord», apuntó tras el partido el presidente de la Liga Alemana (DFL), Christian Seifert. 

Pero la pregunta sigue sin respuesta, ¿por qué odian en Alemania a Dietmar Hopp? Y es que no solo los ultras del Bayern claman contra el empresario, también los del Borussia Dortmund, que han llegado a mostrar pancartas en las que aparece el filántropo en el punto de mira de un fusil. La razón es que Dietmar Hopp quiere derogar La Regla 50+1, algo así como una cláusula anti-jeque que rige en el fútbol alemán y por la que el 50% +1 de los votos deben estar en manos del club y sus socios, lo que impide el asalto de inversores extranjeros.

Como casi siempre, existe una excepción. En los casos en que una persona o compañía hayan financiado un club por un período continuo de al menos 20 años, el inversionista pueda acceder a contar con una participación mayoritaria en el club. Este es el caso del Bayer Leverkusen y el Wolfsburgo, vinculados al patrocinio de Bayer y Volkswagen de manera histórica, pero también el de Hopp y el Hoffenheim. Que el multimillonario pretenda hacerse con el 100% del club se percibe por algunas aficionados como una amenaza, al margen de las obras caritativas y del prestigio empresarial de Hopp.

En el fondo, subyace el impacto que ha causado en la Bundesliga la irrupción del Red Bull Leipzig, fundado en 2009 por la marca de bebidas energéticas y que ha escalado desde la quinta división la élite. El dueño de Red Bull, Dietrich Mateschitz, quiso comprar un club ya existente (St. Pauli, Múnich 1860, Fortuna Dusseldorf…) pero se lo impidió la cláusula 50+1. Hoy dispone de un club ejemplar que va camino de los cuartos de Champions pero que es el más odiado de Alemania.

Por eso no quieren a Hopp.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here