El mundo del fútbol está lleno de derbis de rivalidad local, algunos muy equilibrados (Betis-Sevilla, Lazio-Roma, Boca-River…), otros con un equipo algo favorito que domina el cara a cara pero sin exagerar (Madrid-Atlético, Liverpool-Everton…) y otros donde las diferencias son claras a favor de uno, como el Barcelona-Espanyol o el derby de Manchester. El City es hoy en día favorito, pero en la ciudad siempre reinaba el United.

Siempre, o casi siempre. Hubo una ocasión en la que el City se dio el gustazo de descender al United con gol incluido de Denis Law, leyenda del United que había empezado su carrera en Maine Rad, antiguo estadio del Manchester City, y que volvía a jugar sus últimos partidos a la zona celeste de la ciudad

Law marcó de tacón y ni celebró el gol. Hasta un compañero le dio una palmadita —“anímate, hombre”—, pero él sabía que acababa de descender al equipo de su vida y ni la alegría de sus propios aficionados le alivió el disgusto. Las cosas cambiaron rápido: el United volvió y de la mano de Ferguson se hizo con el mando de la recién creada Premier League. El City jugaba en ligas menores; necesitó un milagro para ascender al Championship (entonces Divison One) contra el Gillingham en 1999, el año de la milagrosa victoria del United ante el Bayern en el Camp Nou.

Ya conocen la historia moderna del Manchester City y la conversión en un club rico y poderoso. Para Ferguson, aún dominador de la liga, los del City eran the noisy neighbours”, los vecinos ruidosos, una alusión claramente despectiva. Pero la rivalidad crecía; las victorias del City dejaron de ser esporádicas y legendarias.

Sentó muy mal en la mitad roja de la ciudad que Tévez cambiase de acera y peor aún el cartel de “Bienvenido a Manchester” en tonos azul claro con el que el City publicitó el fichaje. Todos los fichajes de aquel verano se anunciaron de igual forma, pero el hecho de que Tévez ya estuviese en Manchester parecía reincidir en la clásica chanza de todos los aficionados de Inglaterra y Manchester contra los seguidores del United, a los que se considera «Glory hunters”, hinchas que se hacen del ganador. Según esa teoría, la mayoría de los habitantes de Manchester serían del City (algo parecido a la situación Torino-Juventus). Es habitual que las aficiones locales canten a los hinchas del United “you only live around the corner” («vivís a la vuelta de la esquina»), insistiendo en el tópico.

La temporada 2011-2012 fue un mano a mano entre United, campeón la temporada anterior, y City, tercero, a 9 puntos. Inicialmente el equipo de Ferguson dominaba la liga hasta que un empate en Anfield ofreció al City el liderato. La semana siguiente, los citizens visitaban Old Trafford.

Todo iba bien para el Manchester City, al menos hasta el mes de marzo, cuando tras una derrota en Swansea devolvió a los diablos rojos a la primera posición. Un empate en Manchester contra el Sunderland, otro en Stoke y una derrota ante el Arsenal dejó la distancia entre los vecinos en 8 puntos (74-82) favorables al United a falta de 6 partidos.

Con todo perdido y liberado de la posibilidad de ganar un título que se hacía esperar 44 años, el City empezó a ganar partidos. Mientras, el United caía en Wigan (1-0) y dos semanas más tarde empataba un caótico partido contra el Everton en Old Trafford (4-4). Restaban tres partidos y la distancia era aún de tres puntos. Fue entonces cuando el City recibió al United en su propio estadio: ganó por 1-0 con gol de Kompany y recuperó el liderato por diferencia de goles.

La penúltima jornada vio victorias de ambos equipos, todo pendiente de la visita del United a Sunderland y del Queen’s Park Rangers al campo del City, entonces claro favorito. El QPR, un equipo de mercenarios hecho con veteranos de aquí y allá, con jugadores de confianza de los entrenadores que pasaban por allí, no tenía la menor opción ante un City con el viento a favor y ante la ocasión de hacer historia. Pero nadie le había dado el guión a los dioses del futbol.

Todo empezó bien para las aspiraciones celestes: un gol de Zabaleta en el minuto 39 acercaba el titulo al City y neutralizaba el gol de Rooney (20′) en Sunderland. El United había saboreado el título 19 minutos.

City y United no eran los únicos pendientes de lo que ocurría en otros campos, también lo estaba el QPR: si no ganaba su partido, necesitaba un favor del Stoke City frente al Bolton Wanderers, favor que inicialmente se dio, aunque se evaporó al descanso: 1-2 para el Bolton. Con ese resultado, el QPR descendía.

Y la presión se hizo notar. En Manchester, Cissé (¿se acuerdan de él?) igualó el partido en el minuto 48. A continuación, el City quedó en ventaja numérica. Joey Barton, exjugador citizen y polémico donde los haya (quizá haya que dedicarle un texto a su crónica de sucesos) fue expulsado. Como su equipo quedaba en inferioridad, decidió darle un rodillazo a Agüero cuando salía del campo —“Si me tengo que ir, al menos me llevo por delante uno de los suyos”—, declaró después.

Jugar 35 minutos contra 10 futbolistas debería ser suficiente para el City. Llegó, sin embargo, el gol que libraba al QPR de todos sus problemas. Fue en una incursión aislada, con la ayuda de un rebote, pero fue gol: 1-2. Unos minutos después, la salvación del QPR era confirmada en Stoke (2-2) y el United empezaba a celebrar el titulo de Liga con su victoria, 0-1, en Sunderland.

«Fergie time». Así se denominaba en Inglaterra a la cantidad de veces que el United encontraba un gol triunfador en el tiempo de descuento. Pero esta vez fue distinto. En el minuto 92 marcó Dzeko, 2-2. En el 95 llegó la jugada de Agüero. La frase del comentarista de Sky, Martin Tyler, ha pasado a la historia de la televisión inglesa: “Aguerooooo I swear you’ll never see anything like this ever again” («juro que nunca verán nada igual»). El Manchester City, que estaba dejando escapar la Liga cuando la tenía ganada, volvió a rescatarla cuando la tenía perdida.

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