Empiezan los días a ser algo más largos, algo que se agradece en unas latitudes que ven el anochecer antes de las cuatro de la tarde en diciembre. Se debería ya intuir la llegada de la primavera, que pese a tener aun temperaturas muy bajas, aun altera la sangre y nos debería deparar fuertes emociones en el final de la temporada futbolística. Pero no es así. En Inglaterra llevamos semanas abatidos por tormentas de todo tipo, con la alarma social del coronavirus y sin la oportunidad de escondernos en los partidos de fútbol.

El Liverpool ha ganado la Liga y ya lo saben todos sus rivales. Quizá en ese parón que introdujo la Premier hace unas semanas Klopp no haya podido evitar que sus jugadores se diesen cuenta de la realidad de la tabla: hacen falta prismáticos para ver a los perseguidores. Quizá por ello el Liverpool haya perdido un punto de tensión competitiva y le haya costado más de lo esperado sacar adelante sus partidos contra Norwich y West Ham, y haya perdido con el Atlético y últimamente contra el Watford. Por cierto, en este último encuentro (3-0), Dejan Lovren hizo lo posible por mostrar los defectos de Van Dijk, su compañero de zaga.

Para los red da igual, porque sus perseguidores tampoco están especialmente finos, y la liga transcurre hacia su final como la Nada a la que se enfrentaban Atreyu y Bastian Baltasar Bux en La Historia Interminable, con un sabor horrible a rutina: Si en la novela las hojas se escribían mientras Bastian leía la historia, en la carrera por la Premier League está ya todo escrito.

En la otra cada de la moneda, hay que decir que el Watford se jugaba casi la vida contra el Liverpool. Tras la llegada de Pearson al banquillo el equipo había remontado posiciones, pero estaba de nuevo en la zona de descenso, con la sensación de haber agotado sus comodines sin haber logrado la ventaja necesaria.

También resultó vital la victoria del Norwich ante el Leicester (1-0) en partido adelantado al viernes y que pasó un poco desapercibido. El Norwich no juega mal, pero es muy colista de la Liga. El VAR le ayudó anulando un gol de los visitantes todavía con el 0-0, un golpe que hubiera sido definitivo para los canarios. Igual que para el Watford, la victoria les da un impulso en su lucha por la permanencia en la Premier League. Para el Leicester la derrota no supone un leve contratiempo en la carrera consigo mismo para acabar tercero o tercero en la liga. En cualquier será una muy buena temporada para el club de las Midlands.

El Manchester City tampoco ofrece ningún misterio: va a ser subcampeón o subcampeón. Así que ocupa estos días de rutina como preparación para el asalto a la Copa de Europa, al asalto de un torneo que pertenece a una institución que el club desprecia y en la que no podrían defender su condición de campeón la temporada que viene. Mientras deshojan el calendario a la espera de la visita del Real Madrid, y quien sabe si del siguiente rival (personalmente deseo que no haya más), el equipo de Guardiola ganó, frente al Aston Villa, su tercera Copa de la Liga consecutiva, el menor trofeo de la temporada doméstica, pero trofeo al fin y al cabo.

Al tiempo que unos celebraban su triunfo, los otros, metidos de lleno en la zona de peligro de la tabla, se mostraban satisfechos por perder por el mismo marcador que el Real Madrid (1-2), temerosos quizá de recibir los mismos seis goles que encajaron en liga o los que recibió el Watford en la final de la FA Cup. A veces sí llueve a gusto de todos.

A partir de ahí la Nada se convierte en mediocridad, de la que apenas cabe rescatar a Sheffield United y Wolves. El Chelsea, que añora a Hazard tanto como el Madrid, peca de ingenuo en el banquillo y en el campo pero no termina de ceder su cuarta plaza a unos perseguidores que empiezan a sentirse expertos en encontrar formas de complicar su existencia.

En la pasada jornada, el premio especial del jurado debe recaer en David De Gea, y si no han visto ustedes cómo colabora con Calvert-Lewin, una imagen —o un vídeo— vale más que mil palabras:

Tampoco tuvo un buen día Jose Mourinho, derrotado en casa por su compatriota Nuno, entrenador del Wolves (2-3), lo que deja a los Spurs en séptima posición de la tabla. Para fortuna de Arteta, el Arsenal no tuvo partido de liga y no sufrió sobresalto alguno.

Las desventuras de Chelsea, United, Arsenal o Tottenham son, si cabe, más frustrantes teniendo en cuenta que la quinta plaza, tal y como está la sanción al City hoy en día, clasifica para la Champions League. Perdida una posición ante el Leicester, estos clubes tienen la ocasión de recuperarla gracias al City y sin embargo parece que será el Wolves, los lobos, los que ganen la cacería. El Everton de Ancelotti vienen progresando, pero quizá sea un poco tarde para aspirar a algo superior a la séptima plaza, lo que a principio de temporada presentaba como “The Everton Cup”.

En la Nada de la clasificación también han quedado Southampton, Burnley y Crystal Palace, muy lejos de Europa, aunque posiblemente con los suficientes puntos acumulados para no descender. El resto de la liga da muestras de mediocridad y, si acaso, parece que demasiados equipos que no dan la talla por unas razones u otras van a evitar descender.

El descenso estará entre los ya mencionados Norwich, Villa y Watford, más Brighton, Newcastle, Bournemouth y West Ham. Este último es el ejemplo clásico de un equipo que en apariencia es demasiado bueno como para descender pero que, por unas razones su otras, se ve en esa situación. Suele ser el propio West Ham quien cumple con este tópico temporada tras temporada.

14. Newcastle 32 (-17)

15. Brighton 28 (-8)

16. West Ham 27 (-14)

17. Watford 27 (-16)

18. Bournemouth 27 (-10)

19. Aston Villa 25 (-18)

20. Norwich 21 (-26)

Podríamos mirar hacia el Championship en búsqueda de emociones fuertes, pero West Brom y Leeds han enderezado el ritmo a la vez que a sus perseguidores les ha entrado el vértigo. Fulham y Forest, tercero y cuarto, parecen seguros en el play-off

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