Es muy típico en el fútbol. Pierdes puntos sin jugar mal (Celta y Levante) y de tanto hablar de crisis, la crisis acaba llegando. Lo extraño es que está crisis anunciada tuvo la gloriosa interrupción de la victoria ante el Barça, prueba manifiesta de que los Clásicos son repúblicas independientes, dicho sin ánimo de ofender. El hecho es que el Real Madrid mostró contra el Betis su peor versión, esa que le retrata como un equipo desapasionado y sin gol, víctima de cualquier rival que le ponga un poco de intensidad y coraje.

No se puede rescatar nada del partido del Madrid, si acaso el portero, que paró unas cuantas, o tal vez un arreón con el marcador empatado que culminó con un disparo de Mendy al larguero, pero fíjense en la frase anterior y reparen en las palabras “Mendy” y “larguero” porque en ellas se resume la impotencia ofensiva del equipo, colgado de cuerdas que en realidad son hilos.

Después de que Sidnei adelantara al Betis, el empate fue un regalo de ese mismo jugador, porque hay futbolistas que no se libran del lado oscuro ni en sus noches más brillantes. Benzema convirtió el penalti en el último minuto de la primera mitad, pero aquello era un espejismo, porque no había agua en el pozo, ni pozo, solo arena sin palmeras.

Para la penúltima ofensiva, que todavía no era desesperada, Zidane dio entrada a Mariano como ensayo general de lo que vendrá en Manchester (no lo duden) y no diré que mejoraron las cosas, pero al menos dio la sensación de que alguien podría rematar los balones que se colgaban al área. Es inútil aspirar a mucho más, tanto como consolarse con los nombres en el banquillo (Bale y James); no creo a Zidane tan vengativo como para castigar a futbolistas que le podrían hacer la vida más confortable.

El gol de Tello, el que valió el triunfo, tuvo origen en un fallo de Benzema y hay poco más que añadir cuando se equivoca el único jugador que no suele hacerlo nunca. Si el Betis sufrió como un galeote, sobre todo en los últimos minutos, es porque antes había errado dos goles cantados (Bartra y Joaquín), lo que demuestra que los locales fueron siempre por delante en cuanto méritos y esperanzas.

Zidane asumió las culpas en conferencia de prensa. Su trabajo no es otro que mantener motivado al equipo, ya sea agitando las alineaciones o recitando a Walt Whitman. En esta ocasión no hizo ninguna de las dos cosas.

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