Volvió la algarabía. Volvió Marcelo, la anarquía y la furia. El equipo de Zidane tenía que quemarse a lo bonzo si quería desactivar el plan de los 1000 pases y a un Messi del que creo que ya hemos visto lo mejor, que por cierto, sigue siendo mucho más de lo que puede ofrecer el resto, y por eso el Barça tiembla de frío cuando el argentino no sonríe. El Madrid salió con gesto triunfante de entre las llamas. No hay mejor muerto viviente que este equipo al que queremos volver a ver ganando en lo cotidiano. Zidane siempre ha priorizado La Liga y solo hay que acostumbrarse a vivir el día a día y no de instantes puntuales.

Valverde ató en corto a De Jong para que los puristas viviesen su particular noche de los cristales rotos. Casemiro observaba sin intervenir, porque a los niños hay que dejarles que se raspen las rodillas para que sepan lo dura que es la vida. El brasileño hincó las rodillas minutos después para celebrar el gol de Vinicius, otro crío al que ve crecer bajo su ala desde la distancia y al que le pedimos demasiado cuando puede darnos pequeñas dosis de felicidad si dejamos de ponerle lastres en los tobillos. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Y si no, miren a Mariano. Este Madrid ha comenzado a ordenarse a partir del caos.

Cristiano Ronaldo estaba en un palco. Con su cuerpo caliente a buen recaudo provocando deseos impuros en quienes le observábamos de vez en cuando, pero si querer mirar del todo. Tan cerca y a la vez tan lejos. Cómo no valorar más el pasado que el presente recordando al portugués dejando a varios muertos por el camino cuando se dirigía hacia la portería para hacer lo que mejor sabía. Me desperté rápido y ahí seguía, pero solo era una utopía, porque ahora Cristiano ya no es nuestro, el tiempo ha pasado y la vida ha cambiado.

Así que hablemos de Vinicius un poco más. Gracias a la hegemonía del desastre en los últimos partidos, su carácter canalla y la viveza de sus expresiones reparten un poco de oxígeno en el ambiente. Vinicius encarna ahora mismo la transgresión, pero habrá que tener paciencia para que no se convierta en un producto descafeinado con el paso de los años. Esto solo se conseguirá dándole oportunidades, que no me parece una decisión precipitada, sino justa. La cuestión es no desnaturalizarle, así que midamos los excesos de confianza y la ilusión en torno a su protagonismo. El gusano todavía necesita tiempo para convertirse en otro bicho.

Por otra parte, quiero señalar lo populista y maravilloso que me parece señalarse el escudo en momentos de pesadumbre. Sergio Ramos lo suele repetir como una letanía y parece que, por unas horas, su oraciones han sido escuchadas.  Vinicius no será leyenda, pero tiene cara de saber escuchar a sus mayores. Al menos, el Madrid ya ha dado el primer paso para volver a reconocerse, porque tocarse el escudo ante el Barça es infinitamente mejor que lamerse las heridas.

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