Son las 07:45 a.m. y suena mi despertador. Me doy una ducha, me visto, preparo café y ya estoy en mi puesto de trabajo. Sin atascos, sin esperar al tren… Siempre llego pronto. Esto que os puede sonar familiar estos días es la rutina diaria para miles de opositores. Mismo escenario y mismo guión, día tras día. Aunque en esta cuarentena también entre nosotros algo está cambiado.

Cuando decidí opositar, en mi caso al Cuerpo de Profesorado de Secundaria, renuncié al mercado laboral durante un tiempo para conseguir un puesto en esas aulas, hoy cerradas. También renuncié a pasar tiempo con mi familia, con mis amigos, a viajar con ellos y tuve que reducir mis tiempos de ocio. Organicé mis semanas, horas de descanso y actividades con un plan organizado al milímetro hasta el día de mi examen… Pero ahora a nosotros nos ha llegado la otra cuarentena: esa en la que el reloj se para también para los opositores, que ven ralentizados sus procesos selectivos mientras siguen preparándose en casa.

Hemos oído hasta la saciedad que la organización del tiempo, a pesar de estar en casa, es fundamental para que la rutina no nos ahogue. Nosotros también salíamos: íbamos al gimnasio, a pasear y cenábamos con amigos… Aunque ese tiempo fuera más reducido y siempre oyéramos ese «Quédate un rato más que no pasa nada». Esa era nuestra rutina y con ella salvamos nuestra salud mental (y la de los que nos rodean). A nosotros tampoco nos gusta estar encerrados en casa. La cuestión es que antes era una opción personal y ahora es una obligación para todos y todas.

Estos días de bulliciosa actividad en redes sociales, me han llegado multitud de imágenes y comentarios con mensajes de apoyo para los opositores. La empatía que recorre España ha alcanzado a nuestro colectivo, entendiendo muchos de nuestros comportamientos y rutinas. El cariño se agradece más que nunca en estos momentos, especialmente difíciles para nosotros. Mis compañeros en esta carrera de fondo, en su mayoría mujeres, comentamos con resignación que, a pesar de hacer nuestra rutina de estudio, no nos concentramos igual. Nos preocupa la evolución de la curva, estamos pendientes de las últimas noticias y el no salir también nos ahoga.

«Todo saldrá bien», también para los opositores. Todo volverá a ser como era antes. Y, sobre todo, lo que nunca cambiará es la mirada con la que ese amigo de los «5 minutos más» nos verá marchar a casa antes de que acabe la fiesta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here