Banalizar este problema sería un enorme error. Es un asunto complicado, difícil de escribir con más de 4.000 casos diagnosticados y 120 fallecidos en España.

El coronavirus es una familia de virus que se descubrió en la década de los 60, sí, hace más de 50 años. Gran parte de ellos no son peligrosos y se pueden tratar de forma eficaz. De hecho, la mayoría de las personas contraen en algún momento de su vida un coronavirus. El actual se llama covid-19 y según todos los expertos no hay que tenerle miedo, que sí respeto. Sobre todo, hay que actuar con responsabilidad.

Bob Dylan dijo una vez que “un héroe es alguien que entiende la responsabilidad que viene con su libertad”. En estos primeros días de crisis, pocos héroes nos estamos encontrando, exceptuando a los de siempre, el personal sanitario.  Por desgracia, en otros estamentos —tanto públicos como privados— se está actuando con muy poca responsabilidad y algo de desidia, al tiempo que se pretende trasladar que así tenemos los españoles nuestra forma de entender la vida. Parece que nos cuesta tomarnos las cosas en serio. Noticias de falsos médicos, imágenes de supermercados desabastecidos, bromas de mal gusto, poca profesionalidad, alarmismo…

La comunicación, y sobre todo el marketing, trabaja sobre percepciones. El ser humano tiene la necesidad de dormir, comer, beber y emocionarse, y una de las emociones más efectivas es el miedo. Lo consigue todo. Cuando sentimos miedo tenemos poca capacidad de control, nos puede la ansiedad, nos paraliza, nos bloquea emocionalmente y nos dificulta tomar buenas decisiones. Está claro que en muchos casos esto está pasando.

Nos encontramos ante una infección en las emociones que parece más peligrosa que la propia enfermedad. Se está extendiendo por todo el mundo, llevándonos a una espiral de pánico que nos está absorbiendo y no para de captar consumidores. Parece que está triunfando y con ella la propagación de la enfermedad y el caos en nuestros centros sanitarios.

Está claro que es el momento de ejercer nuestra libertad desde la responsabilidad. Los hospitales están sobrepasados, las mascarillas se venden a precio de oro —y lo que es peor, quienes verdaderamente la necesitan no pueden acceder a ellas—. Es básico controlar el virus y volver a la normalidad lo ante posible. Estamos ante un drama de dimensiones extraordinarias.

Tomémoslo en serio, estamos dando un mal ejemplo. Pasemos del miedo a la tranquilidad, actuando con responsabilidad. Apoyemos iniciativas como #YoMeQuedoEnCasa o #QuedateEnCasa. Utilicemos nuestro pequeño o gran poder de comunicación para concienciar en positivo. Ganemos esta guerra desde el lado positivo de las cosas y, sobre todo, actuemos con responsabilidad. Es una buena manera de jugar a ser un buen director de marketing. Captemos muchos consumidores, ahora lo único que nos toca vender es: RESPONSABILIDAD.

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