Lo aclaro de inicio: no soy socio del Getafe, ni vecino, ni simpatizante aunque simpatice, y pese a todo me dispongo a criticar su presidente, Ángel Torres. Asumo que el miedo es libre y en lo que se refiere al coronavirus no sabemos quién tiene razón, si los que tiemblan o los que ríen. Pero lo que transmite Torres con su negativa a viajar a Milán es pánico, y no es el estado de pánico lo que deberíamos proclamar en estos días, especialmente aquellos que gozan (o sufren) de una considerable exposición pública.

Viajando a Milán, con las pertinentes medidas de seguridad, el Getafe no asume más riesgos que ganar un partido o perderlo, o tal vez empatarlo, favorecido por la ausencia de público en el imponente San Siro. El presidente se declara responsable de la salud de los jugadores, pero también lo es de las esperanzas de los aficionados. Y, tal y como marcha el equipo, la oportunidad de seguir haciendo camino en Europa es inmejorable.

Decir que la salud es más importante que el fútbol es, en este caso, una obviedad populista. Por supuesto que la salud es más importante. Y los bosques y la capa de ozono. Pero no se nos presenta aquí una alternativa tan dramática. De la misma forma que Torres se agarra a las recomendaciones del Gobierno para no viajar a Milán, debería tenerlas en cuenta cuando señalan que el coronavirus es un tipo de gripe que sólo amenaza a una población de riesgo entre la que no se encuentran los futbolistas del Getafe, y brindo por ello. Y no estamos hablando de someterse a un baño de multitudes, sino de jugar un partido de fútbol contra once futbolistas (los del Inter) controlados hasta el extremo por habitar en zona volcánica.

Me pregunto qué opinarán los aficionados del Getafe. Si yo lo fuera, querría que se jugara el partido, sin duda. Y valoraría, también sin dudarlo, el esfuerzo de mi club por continuar en la competición a pesar de la tormenta y de algunas incertidumbres.

La situación es incómoda para todos, también sobra apuntarlo. Pero parece razonable que mantengamos la normalidad dentro de lo posible. Cuando se recomienda no viajar a Italia o se impiden los vuelos desde allí es para evitar el movimiento más o menos masivo de personas. No es difícil de comprender. Que un equipo de fútbol viaje a Milán con todas las precauciones posibles y con mínimo contacto con los lugareños no parece una cuestión alarmante.

Aunque entiendo la tentación del populismo. Es hermoso gritar que la vida es lo único importante y declararse mártir ante una posible descalificación. Yo prefiero que pase el Getafe y hacer el mitin después. No obstante, me sigo preguntando qué opinarán socios, vecinos y simpatizantes de sangre azul.

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