Bueno. Pues me han pillado. ¡Cuando Juanma Trueba se pone pesao!… (es una broma, jefe).

Os advierto que se me da fatal esto de recomendar un libro, una peli y una serie. Me pongo a pensar y se me viene tanto material a la cabeza que elegir resulta complicado. Así que, primero no me lo tengan muy en cuenta y, segundo, intentaré escoger entre lo menos obvio (aunque con la serie no he podido seguir el plan), porque para hacer lo de Jiménez Losantos (El Quijote, El Verdugo y Farmacia de guardia), mejor se está uno calladito.

En fin, empecemos…

PELÍCULA

Me apetece volver a ver Vivir y morir en Los Ángeles. Film ochentero de un William Friedkin que ya nos había regalado títulos como Los chicos de la Banda, French Conection, El Exorcista o A la Caza. Una verdadera peli de culto, donde los buenos no son tan buenos y los malos sí son tan malos. Venganza, traición, corrupción a tope…, y una interpretación de Willem Dafoe para sacarle a hombros. Un gusto también disfrutar de secundarios como John Turturro o Robert Downey (senior). Del otro protagonista, William Petersen, decir que está mejor en CSI.

LIBRO

He comenzado tres. No les recomiendo ninguno de ellos. Me voy a volver a lo seguro, y a refrescarme De como me convertí en alcalde y cambié el mundo, de Jon Gnarr.

Dicen que en Islandia todo es posible. Estamos viendo que en el resto del mundo también. El protagonista, payaso de profesión, se convirtió en alcalde de Reijkiavik de 2010 a 2014. Aquí podemos descubrir el proceso de como lo que empezó siendo una broma, pasó a realidad, y como la desafección y repulsa hacia los partidos políticos al uso han hecho que gente como Bolsonaro, Trump, Boris Johnson o Salvini, hayan tocado pelo y poder.

SERIE

¿Y por qué no Breaking Bad? Para los que la hayan visto va a ser un gusto pegarse un maratón refrescante y los que no, se merecen un capón si no se ponen delante de la tele ya mismo.

La vida puede convertir a un timorato profesor de química en el peor de los narcotraficantes. Una metáfora del Virgencita que me quede como estoy, contada de una manera dura, cargada de ironía y con escenas donde dudas entre reír o llorar (aunque hay más de lo segundo que de lo primero). Todo, por supuesto, agarrado al sillón, porque el que empieza la serie, la termina. Bryan Cranston y Aaron Paul, simplemente, bordan sus papeles.

Y no me quiero despedir, ya de puestos, sin decirles (sobre todo a los millenniall) que existieron Hendrix, Joplin, Pink Floyd y The Queen. Es hora de que vuelvan a girar dentro de casa.

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