Buenas, Juan Carlos.

Quizá a estas alturas todos hemos redefinido nuestro concepto de aburrimiento. Nos pasamos gran parte de nuestra existencia quejándonos por la falta de tiempo y cuando una pandemia mundial nos confina en casa todavía nos las arreglamos para perderlo, para no exprimir al máximo esa nueva oportunidad, para desaprovechar ese remate a puerta vacía donde solo hay que elegir el qué, sin importar el cuándo o el porqué. Nos cuesta ganar un partido hasta cuando jugamos en casa.

Ya lo cantó Vetusta Morla:

Aún quedan vicios por perfeccionar en los días raros
Nos destaparemos en la intimidad con la punta del zapato

En tu última carta hablabas de perder el tiempo, de lo aburrido que te resultaban ciertos partidos de fútbol y de lo accesorio de este cuando la vida nos enseña los dientes. Te imagino alineado en defensa con Enrique Ballester quien afirmaba recientemente que «lo mejor de escribir de fútbol es que nadie espera que seas especialmente listo». Lo hacía con su ironía habitual por más que la idea resulte frecuente en la cabeza de muchos.

Me gusta saltar como un líbero entrenado por Helenio Herrera ante quien dice que el fútbol es algo para pasar el rato. Entiendo que hay cosas mucho más importantes, pero pocas actividades me han enseñado tanto como la pelota. Desde los valores más primarios a aspectos culturales o políticos, pasando por geografía, historia o idiomas. ¿Cómo hubiéramos conocido la historia de la Diosa Atalanta sin la magnífica puesta en escena de los chicos de Gasperini? ¿Quién demonios habría oído hablar del río Mersey sino bañara la ciudad del equipo más laureado de Inglaterra?

Desconocemos si el telón futbolístico ha caído definitivamente esta temporada. De haberlo hecho el epílogo habrá sido inmejorable. Ese Liverpool-Atlético de Madrid tuvo todo lo que se le pide a un partido: emoción, intriga, errores, aciertos, giros de guión, épica, lluvia y un héroe inesperado. El encuentro permanecerá en nuestra memoria como ese amor veraniego o aquellas tardes eternas de la infancia. Y a la vez sirve para contestar a tu pregunta. Iré a contracorriente, imagino, al preferir ganar con brillantez antes que aferrarme al péndulo de la emoción, que es el gol en el descuento.

Acaso no resulta más memorable un repaso táctico a tu máximo rival que sonreír a última hora tras haber sobrevivido a un bombardeo. Hablemos en plata: ¿El 2-6 del Bernabéu o el 2-3 con el gol de Messi en el último suspiro? Un culé tiene claro cuál permanecerá en su memoria.

Ante el apagón futbolístico (y deportivo) que nos espera, me he puesto a hacer una clasificación de beneficiados y perjudicados. En los puestos de cabeza me salen el Barça y el Madrid, en dura pugna con Boca Juniors que se pegó el fiestón del siglo justo antes del apagón. En el descenso se acumulan ilustres como el Atlético (su gesta ha quedado sepultada), el Liverpool (¿tampoco ganará la Premier este año?) o los Lakers de Lebron (que iban enfilados al anillo). ¿Entre Barça y Madrid a quién colocarías líder en esa hipotética clasificación?

Pese a todo, en el día 4 de encierro, me mantengo optimista y creo que la competición volverá esta temporada. De lo que decida hoy la UEFA con la Eurocopa dependen gran parte de mis esperanzas.

Ánimo y que las cartas nos acompañen en esta cuarentena.

Un fuerte abrazo,

Emmanuel

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