Hola, Emmanuel.

Lo peor que le puede pasar a un hipocondríaco, más que tener un virus de fácil propagación pululando a su alrededor, es llevar razón una vez, porque pensará que la tendrá siempre. Idéntica situación ocurre con los aficionados excesivamente optimistas, como esos madridistas que ya se veían remontando al City por ganarle al Barça, y también con los extremadamente pesimistas, que son los que ahora comparan a Zidane con Solari. El resultado de una semana les da la razón a unos a la vez que se la quita el de la siguiente. Y viceversa. La razón efímera exige no sacar pecho porque se difumina al espirar.


El fútbol ha cerrado ya las puertas en nuestro país, aunque ha dejado una rendija para que entren los jugadores y las cámaras, únicos elementos imprescindibles para el negocio según los que mandan. Quizá convendría hacer una huelga de mandos caídos, porque hasta los que no acostumbramos a ir a los estadios no entendemos el fútbol sin el decorado ambiental que forman quienes sí van. La suspensión de las competiciones nos haría ver un panorama difícil de afrontar (¿se jugaría más tarde? ¿se daría la temporada por acabada tal y como está o quedaría todo desierto?). Puede que en próximas cartas nos toque hablar de medidas y propuestas sobre el tema porque al fútbol tendrán que obligarle a parar aunque no quiera.


Si la Liga acabara sin campeón, nadie podría hablar de una injusticia. Barça y Madrid son los únicos que la pueden ganar y, si alguno lo hace, bien podría considerarse vencedor de una carrera de caracoles. Por lo lento que avanzan en la tabla y por lo aburrido de su juego. Eso no supone que no acabe habiendo emoción y que la victoria sepa incluso mejor que cuando se muestra una superioridad incontestable y un despliegue brillante sobre el césped. Pienso en la segunda Liga de Capello y me cuesta encontrar otro título liguero al que le tenga más cariño el madridismo. Por eso, te pregunto: ¿vale más ganar con emoción que con brillantez? Y ya que estamos, ¿tú también te aburres últimamente viendo fútbol?

Cuando veo un partido feo me lamento por las dos horas perdidas. Precisamente, el otro día escribió el jefe de esta reserva sobre el tiempo que malgastamos viendo fútbol y que dejamos de aprovechar para ver cine, leer, visitar museos o aprender idiomas. Me parece un tema interesante para tratar en esta correspondencia. Supongo que la clave está en decidir si el tiempo de ocio debe ser provechoso o si simplemente se trata de hacer algo que nos guste. El fútbol, me temo, sólo entra en la segunda categoría. Quizás en las próximas semanas nos liberen y descubramos otras aficiones más interesantes, pero también menos emocionantes que el fútbol. Aunque a veces nos aburra. Este deporte es una eterna contradicción. Como nosotros.


Un abrazo,

Juan Carlos.

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