Pedro Sánchez nos ha hecho una petición muy concreta: «Tengamos confianza en la resolución de esta crisis». Según el diccionario, confianza sería “la esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una manera determinada, o que otra persona actúe como ella desea. Lo cual es probable que nos llene de seguridad al emprender acciones comprometidas”. Con esta definición tan precisa, efectivamente parece que La Confianza -con mayúsculas- podría ser importantísima, y no solo para resolver esta crisis, sino para encarar cualquier reto que debamos asumir.

¿Qué reto tenemos por delante?  Tratemos de obtener más información. “Nos encontramos –dijo- ante una emergencia global de Salud Pública, que afecta ya a más de 101 países, y que requiere una respuesta coordinada y también global”. Y añadió: “Esta emergencia tiene una dimensión sanitaria (…) pero también tiene una dimensión económica por las consecuencias que esta crisis está provocando en nuestro entorno familiar y laboral…”. Según palabras de Sánchez, necesitaremos superar una crisis sanitaria, pero también económica, de dimensiones ambas todavía no calculables, fruto de la combinación de un virus y de sus consecuencias para nuestra energía diaria; es decir, para nuestro trabajo; que es el alimento básico de nuestras familias, de nuestras ciudades, regiones, países y mercados…

¿Qué responsabilidad individual tenemos cada uno de nosotros? Utilizando un lenguaje común tomado del deporte, es evidente que no todos vamos a jugar en la misma posición, ni vamos a tener que correr y sudar lo mismo, pero ni nuestro presidente, ni usted, ni nosotros, ni nadie, deberíamos sentirnos fuera de juego en un momento así. Sánchez ha dividido el posible ‘equipo’ en dos tipos de jugadores; primero, los denominados Expertos en Salud Pública y enfermedades infecciosas. «Son los expertos científicos y médicos los que nos tienen que marcar el camino». Y nos animó a los demás a ocupar otra posición importante en el campo: “Todos deberíamos seguir al pie de la letra sus instrucciones”.

Por último, quiso hablarnos “de forma honesta”, según sus propias palabras: “Todas las decisiones que se han ido tomando –dijo- han tratado de dar un seguimiento continuo de la situación, para adoptar medidas proporcionales a cada caso, teniendo en cuenta que los escenarios no son estáticos, sino dinámicos».

Visto lo visto, ¿cree usted, querido lector, que puede otorgar esa confianza que nos está pidiendo al Presidente del Gobierno? Humildemente, creemos que la confianza en alguien jamás es ciega. Cuando alguien nos la solicita, siempre exploramos cuatro conceptos básicos.

Primero. El COMPROMISO. Con implicación, buena disposición y una adecuada actitud, siempre es más fácil que acabemos otorgando, o nos otorguen, esa necesaria confianza frente a un reto.

Segundo. Los RECURSOS. Eso que los ingleses llaman ‘skills’. Sin que nos demuestren –o demostremos- unas mínimas habilidades, que podamos transformar en oportunidades, la cosa se complica mucho.

Tercero. Un LIDERAZGO firme. Personal y también grupal. ¿Qué sucede cuándo cada uno hace lo que toca en cada momento? ¿Y cuándo eso no pasa?

Cuarto. Comunicar con HONESTIDAD. Cuando se nos transmite –o transmitimos- la información relevante en función del objetivo, centrándonos siempre en la solución y sin agendas ocultas, la seguridad aumenta.

Por lo tanto, sería bueno asegurar al menos esos elementos básicos, que además se pueden trabajar. De lo contrario, estaremos embarcándonos en el territorio de la fe, que según el diccionario sería la “Creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior”. Un asunto que para resolver juntos esta crisis no parece que venga tan a cuento.

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