Carmelo (Murcia, 1959) forma parte de la historia más gloriosa del Cádiz. Aquel fue el equipo de Mágico, pero también el de otros muchos futbolistas entre los que estaba un central inconfundible por su sobriedad y por su bigote. Ahora, 26 años después de su retirada, Carmelo dirige en El Puerto de Santa María la empresa familiar tras una incursión en la política.

—En la mejor época del Cádiz le apodaron el Beckenbauer de la Bahía… ¿Le sigue llamando alguien así o ahora se dirigen a usted como señor Navarro?

—Ahora me llaman Carmelo, pero es cierto que todavía me encuentro con muchos nostálgicos que se acuerdan de mí y me dicen el Beckenbauer de la Bahía.

—Así que le siguen reconociendo por la calle…

—Sí. Parece mentira después de tantos años, pero hay que darse cuenta de las circunstancias. Fue la época más gloriosa del Cádiz con tantas temporadas en Primera. Eso va a quedar ahí durante bastante tiempo.

¿Cuánto se echa de menos el fútbol?

—He tenido mucha suerte en mi vida. Lo añoro, pero no lo echo de menos. Gracias a Dios, hay muchas cosas que hacer en la vida. Con el trabajo que tengo me llega de sobra. Es cierto que añoro mucho esa época porque estaba haciendo lo que más me gustaba en la vida. Hacía deporte y además me pagaban.

—Háblenos de su empresa, Vinagres de Yema, por si nos podemos hacer clientes…

—Es una empresa familiar de segunda generación. Nos dedicamos en exclusiva al mundo del vinagre. Exportamos el 40% de nuestra producción. Hacemos 19 tipos de vinagres diferentes y servimos a cadenas de alimentación. También hacemos marcas blancas para muchos clientes de las empresas más grandes de aceite que hay actualmente en el mercado nacional.

—¿Cómo les está afectando el coronavirus?

—Estamos muy contentos porque no nos está afectando. El sector de la alimentación es un sector estratégico en España. Nosotros seguimos sirviendo tanto al extranjero como al mercado nacional. Por suerte, no hemos tenido que hacer ningún ERTE; seguimos trabajando a pleno rendimiento, adecuándonos a lo que nos mandan tanto el Ministerio de Trabajo como el de Sanidad para que no haya contagios.

—¿Mantiene el contacto con los compañeros de aquel Cádiz?

—Muy poco. De vez en cuando nos vemos. Es una gran alegría cuando podemos hablar aprovechando alguna efeméride porque así recordamos viejos tiempos.

—Se habla mucho de Mágico, pero en aquel equipo había muy buenos jugadores…

—Fueron ocho temporadas consecutivas en Primera División que dieron para mucho. Tuve muchísimos compañeros y hubo muchos canteranos. Creo que esa fue una de las señas de identidad de aquel Cádiz. Y es lo que echo de menos en el Cádiz actual. Ahora hay mucha gente de fuera y poca de la casa. La cantera del Cádiz siempre ha sido muy prolífica y ha dado muchos futbolistas que han llegado a Primera. Es una pena que el Cádiz no los pueda aprovechar.

Cádiz 90-91. Arriba: Szendrei, Raúl, Carmelo, Kiko, Quevedo, Oliva. Abajo, Dertycia, Poli, Barla, José González, Pepe Mejías.

—¿Por qué cree que se ha reducido la presencia de la cantera?

—Se la ha desatendido. En el momento en que el club vuelva a apostar por la cantera seguro que logra salir adelante. El futbolista gaditano es muy especial.

—Todo el mundo tiene alguna anécdota con Mágico, ¿cuál es la suya?

—He tenido la suerte de estar con el Mágico futbolista y el Mágico persona. Como futbolista, se nos quedó un día dormido en Las Palmas, en el descanso del partido. No me lo ha contado nadie, porque lo despertó Rovira y yo estaba sentado a su lado. Era un auténtico fenómeno. Mágico era un fuera de serie como persona y como futbolista. Todos somos muy dados a hablar sin conocer. Mágico no fumaba ni bebía, lo único que hacía era dormirse muy tarde. Cuando los demás nos despertábamos, era cuando a él le gustaba irse a dormir. Era un ser excepcional y una persona fantástica siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba.

«Mágico no fumaba ni bebía, lo único que hacía era dormirse muy tarde. Cuando todos nos despertábamos, a él le gustaba irse a dormir»

—¿Fue mejor que Maradona?

—No lo sé. Si uno se centra, creo que lo que ha hecho Maradona sólo lo han hecho Cruyff, Pelé, Messi y Cristiano. Se cuentan con los dedos de una mano. Maradona ha sido un futbolista excepcional; Mágico hizo cosas increíbles, pero durante poco tiempo. En cambio, Maradona lo hizo durante mucho tiempo. Comparar a Maradona y Mágico, con todos los respetos, creo que no es poner los pies en el suelo.

Carmelo, junto a Pajares Paz y Diego Armando Maradona en un partido de Liga.

—Háblenos de aquel Cádiz y de aquella ciudad, de la guasa de la gente en las gradas, de los carnavales…

—El Cádiz se mantuvo ocho temporadas seguidas en Primera tirando de la cantera. Es un hito que, por desgracia, va a pasar bastante tiempo hasta que se pueda repetir. Todo ha cambiado muchísimo. Cuando nosotros terminábamos de entrenar, nos tomábamos un bocadillo y una Coca-Cola en el Carranza y los periodistas se venían con nosotros algunas veces. Hace unos años, hablé con un periodista amigo. Estaba el Cádiz en Segunda B y me dijo que para hablar con cualquier futbolista había que solicitárselo al jefe de prensa, que tenía que venir, dar el visto bueno… En fin, una historia.

—¿Se ha cambiado a peor?

—Ya no hay esa cercanía con la prensa y con la gente. Se ha dimensionado todo de un modo que no es lógico y comprensible. Las cosas tienen que volver a lo que siempre fueron. Un deportista de élite debe estar en contacto con la gente. Porque el deportista depende de la gente. El público es el que al final pone a cada uno en su sitio. Esto es efímero. Lo que hay que hacer es estar en contacto con la gente; los aficionados son los que están ahí.

—Usted llegó al Cádiz en 1987 junto a Víctor Espárrago, procedentes ambos del Recreativo. ¿Qué aportaron al equipo?

—Se hizo la mejor temporada en Primera. Vinimos cinco o seis futbolistas a complementar lo que había. No éramos ni mucho menos de primera línea, pero conseguimos un equipo muy competitivo y apañado. Fue un año muy bonito porque ganamos partidos muy importantes. Se disfrutó en el Carranza con un fútbol de bastante calidad. El Cádiz pegó un salto hacia delante en Primera. Ese año el Cádiz dejó una impronta y fútbol de muchos quilates. Honradamente, se hizo una temporada muy aseada.

Plantilla del Cádiz en la temporada 87-88. Carmelo, en la fila superior a la derecha. Mágico, en la fila inferior a la derecha.

«Ni yo pensaba que iba a llegar tan lejos; ni Lendoiro pensó que fuese a llegar donde llegué»

Usted está tan vinculado a Cádiz que pocos saben que nació en Murcia y se crió en La Coruña. O que jugó en el Ural que presidía un tal Augusto César Lendoiro… ¿Ya se le veían maneras?

—Por circunstancias de la vida, nací en Murcia. Nos fuimos a La Coruña y allí falleció mi padre. Mi madre se volvió a casar al cabo del tiempo y nos vinimos a vivir a El Puerto. Yo empecé a jugar al fútbol en La Coruña. Tuve la suerte de estar en un equipo como el Ural, presidido por Lendoiro. Con 13 años, me mudé a El Puerto. Aquí empecé en el Safa San Luis y pasé al Portuense con 18 años, cuando el equipo estaba en Segunda B. Con Lendoiro no tengo mucha relación, pero sí le he podido ver muchas veces después de haberme ido de La Coruña. Y ha sido una gran alegría, porque ni yo pensaba que iba a llegar tan lejos ni él tampoco pensó que yo fuese a llegar hasta donde llegué. Cada vez que nos hemos visto, ha sido una inmensa satisfacción. Gracias a Lendoiro y al equipo que él llevaba salieron muchos futbolistas para la cantera del Deportivo.

—Por el Safa San Luis también pasó Joaquín…

-En El Puerto ha habido grandes futbolistas: Enrique Montero, Cecilio Zunzunegui, Antonio Flor… Muchísima gente que ha despuntado. Unos hemos tenido más suerte que otros. Aparte de tener algunas cualidades, el destino te puede sonreír o no. Eso es lo que hay que aprovechar. Llegar a Primera es complicado. Y mantenerse lo es todavía más. Ser un referente como han podido ser Enrique Montero o Joaquín sólo lo logran los elegidos.

Coincidí con el Lobo Diarte en el Salamanca y me dijo que me llevaría al Betis con él. Y al año siguiente, me llevó. Cuando fui a firmar, allí me estaba esperando…

—Usted fichó por el Salamanca, pero sólo entrenaba dos veces en semana porque hacía la mili en Madrid. Ahora parece algo de otro planeta…

—Cuando me fui del Portuense al Salamanca, me fui a hacer la mili. El primer año jugué algunos partidos y el segundo fue cuando hice el servicio militar. Jugué los últimos seis partidos de Liga el segundo año. Coincidí el año anterior con el Lobo Diarte, que lo traspasaron al Betis. Cuando se despidió de todos nosotros, me dijo que el año siguiente me llevaría al Betis. Y al año siguiente, me llevó. Me estaba esperando en las oficinas del Betis cuando fui a firmar con mi padre y con el presidente; me lo recordó. Había jugado prácticamente 15 partidos en Primera y me traspasaron al Betis.

—Llegó a jugar la UEFA con el Betis… Después de cuatro temporadas alternas, ¿le queda la espina de no haber triunfado allí?

—No. Allí estuve cuatro años, pero dos de ellos no pude jugar porque me rompí las dos rodillas. En 1985 me rompí la rodilla el Domingo de Ramos en un partido frente al Zaragoza. Cuando me recuperé, empecé a jugar el año siguiente, pero al tercer o cuarto partido me rompí la otra rodilla y estuve otro año sin jugar. Cuando me rompí la segunda rodilla fue en 1986. En aquel momento, la cirugía era tercermundista. Me había recuperado de la primera lesión, pero hacerlo de la segunda era prácticamente imposible. En aquella época creo que no había ningún futbolista con las dos rodillas rotas por ligamento cruzado.

—Tras marcharse del Betis, se fue al Recre, donde se entrenó sin cobrar…

—Me fui al Recre y coincidí con Víctor Espárrago. Llegábamos a entrenar el míster, el preparador físico y yo 45 minutos antes de que llegara la plantilla. Y me recuperé. Me fui al Recre porque dos años antes había estado allí. La suerte fue que yo me lesioné en marzo de 1986 y en diciembre volví a jugar. En 1987, me vine al Cádiz junto a Espárrago.

—¿Hasta dónde hubiera llegado sin las lesiones de rodilla?

—Nunca me he parado a pensarlo. Soy un privilegiado de la vida porque de todo se aprende. Cada vez que me toco la rodilla me acuerdo de aquellos momentos, que no fueron nada agradables. Me forjaron y me ayudaron a ser más fuerte; a saber que siempre hay que mirar hacia delante.

—¿Se planteó en algún momento dejar el fútbol?

—No, porque me hicieron la vida muy fácil. Cuando me lesioné de la segunda rodilla, ya tenía la experiencia de la primera. Llegué a Huelva, hice la pretemporada con el equipo, pero yo fui durante tres meses una hora antes que la plantilla para la recuperación. Poco a poco fui cogiendo ritmo. Hice partidos por los pueblos de Huelva. En diciembre volví a jugar hasta el final de la temporada.

Bermell, Juan José, Carmelo, Quevedo, Cortijo, Oliva. Abajo: Marcelo, Manolito, Jose González, Barla y Bernardo

—Fuera de Cádiz pocos saben que usted se ha metido en política y que figuró en las listas del PP de El Puerto en las últimas municipales… ¿España tiene arreglo?

—Soy votante del PP de toda la vida. Hasta he ido en las listas. España claro que tiene arreglo, pero con lo que hay ahora mismo vamos a tardar muchísimo más en arreglarlo. Hay que pensar que esto de ahora es un mal sueño. Hemos perdido dos o tres semanas en la lucha contra el coronavirus. Si esto lo hubiera hecho el PP, hubiera sido una locura, porque todo el mundo estaría en la calle. A ver si hacen una cacerolada el domingo en contra de Pablo Iglesias…

—¿No le está gustando la gestión del Gobierno en esta crisis?

—Tenemos que estar todos a una. Lo que me parece una vergüenza es que Pablo Iglesias esté en una rueda de prensa cuando su mujer está con coronavirus en su casa. Él puede contagiar cualquiera. Si los políticos piden ejemplo a la sociedad, ellos deben ser los primeros en darlo. Deben dejar de hablar tanto de la Corona y del Rey y meterse en su casa.

—En julio dimitió de su responsabilidad política. ¿Qué ocurrió?

—O uno se dedica a la política o a la empresa, las dos cosas son incompatibles.

—¿Le agotó la política?

—Al contrario. Pensaba que iba a poder compaginar las dos cosas. Después de un mes y medio estaba dejando la empresa de lado, porque todo eran reuniones. El Puerto es una ciudad de 90.000 habitantes y requiere que los concejales estén dedicados exclusivamente a eso. Vi que éramos ya 19 trabajadores en la empresa y que mi responsabilidad era estar ahí. Había compañeros que lo podían hacer mejor que yo y así ha sido.

—La Liga está suspendida, pero el Cádiz lo tiene bien enfilado para volver a Primera… ¿Cómo lo está viviendo?

—Con muchísima ilusión. Es un sueño para todos los que nos sentimos gaditanos. El Cádiz debe volver a estar donde se merece: en Primera. Queremos que España vuelva a la normalidad y que el Cádiz logre el ansiado ascenso. Pero creo que esto va para largo y que lo peor está por llegar, como dijo el presidente del Gobierno. Tenemos que pensar que esto es una travesía del desierto y que el final está cada día más cerca.

—¿Es mejor el fútbol de ahora o el de antes?

—Son diferentes. Ahora se vive de otra manera con las redes sociales. Ahora uno puede ver cualquier deporte en cualquier plataforma; antes sólo estaban la primera y la segunda cadena. El fútbol va evolucionando como ha ido evolucionando la sociedad. Me imagino que en quince años se parecerá en poco al actual.

—Denos un consejo para sobrellevar estos días de cuarentena…

—Tenemos que tener dos dedos de frente y atender a las recomendaciones que nos están llegando por todos los medios. Debemos quedarnos en casa.

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