Lo que le está pasando a Unidas Podemos en el Gobierno es ley de vida. Es casi imposible decir “no” a una “chica con tierras” que promete llevarte a lugares que jamás imaginaste conocer: sabes que sois diferentes, que en parte dejarás de ser tú mismo y que, cuando rompáis —porque romperéis— tus amigos, aquellos a los que tuviste que dar mil explicaciones, recordarán que ya te lo advirtieron.

Pablo Iglesias, de hecho, fue plenamente consciente, desde que firmó el acuerdo de coalición con Pedro Sánchez, de estos riesgos. En una carta a su militancia el pasado 15 de noviembre, reconoció que gobernar con el PSOE provocaría que tanto él, como el resto de ministros morados, se topasen con “muchos límites y contradicciones”. Y que, para “asaltar los cielos” —lo que toda la vida se ha conocido como “pisar moqueta”— “tendremos que ceder en muchas cosas”.

El actual vicepresidente segundo del Gobierno no engañó a nadie y sus predicciones son hoy una realidad. En apenas mes y medio, Unidas Podemos ha tenido que renunciar a la derogación de la reforma laboral de Rajoy al completo, a la rebaja del IVA para alimentos, y a la nacionalización de Bankia, tres grandes reivindicaciones de su programa económico.

Otra de las principales medidas anunciadas en campaña, y que iba a liderar un ministro de UP, era la prohibición total de la publicidad de las casas de apuestas. Ese fue, de hecho, el plan inicial, tal y como aseguró Alberto Garzón antes de convertirse en ministro de Consumo. No obstante, su real decreto, anunciado el pasado día 20, ha recibido un sinfín de críticas, al no cumplir con las expectativas generadas.

Efectivamente, el texto elaborado por Consumo no incluye, ni de lejos, una prohibición total de este tipo de publicidad. Tampoco ha impedido que en las retransmisiones deportivas se sigan emitiendo anuncios que animen al espectador a jugar: si esos eventos se disputan más allá de las ocho de la tarde, cuando acaba el horario de protección infantil, no habrá problemas para las casas de apuestas.

Garzón explicó su real decreto en la sala de prensa del Ministerio, sabiendo que fuera, en la entrada al edificio, había manifestantes protestando por la “tibieza” de su gran proyecto. Pese a ello, reivindicó que el 80% de los anuncios actuales dejarían de emitirse si la medida llega a buen puerto, y que jamás un famoso volvería a promocionar casas de apuestas. Un argumento que cayó por su propio peso cuando una periodista le recordó que, al no prohibir que los clubes lleven el nombre de una de estas empresas en sus camisetas, los futbolistas de esos equipos seguirían haciéndoles publicidad. Es el caso, por ejemplo, del Sevilla.

El ministro también tuvo que reconocer que, pese a lo dicho meses atrás, no podía cerrar locales alquilados por las casas de apuestas, porque “es competencia autonómica”, y trató de justificar la no supresión total de la publicidad de estas firmas recurriendo a las experiencias ya vividas en otros países: “Si prohibimos toda la publicidad, ésta se derivará a canales no controlados por el Estado, más accesibles a menores. Esto ya pasó en Italia. Es imprudente actuar de esa manera”.

Al final, la sensación que quedó de la comparecencia de Garzón es que el titular de Consumo, pese a sus buenas intenciones, se ha encontrado con unos “límites y contradicciones”, de los que ya advirtió Iglesias en su día, que le han impedido ir más allá. También se ha topado con la cruda realidad: esa que le hacía olvidar, en campaña, que no tiene competencias para cerrar locales de apuestas, y que algunas de sus promesas no habían tenido éxito en otros lugares.

Escuchando al líder de IU, recordé lo que dijo, en su día, Luis Alegre, uno de los fundadores de Podemos, ya defenestrado por sus diferencias con Iglesias. Al preguntarle por la caída del partido en las encuestas después de sus primeros meses de gobierno en varios ayuntamientos, explicó que, en política, “lo más difícil es pasar de la protesta a la propuesta”.

Cuando estás fuera de las instituciones, añadió, es fácil tener siempre razón, exigiendo en todo momento lo máximo, sin matices y sin ver los posibles obstáculos. Luego, cuando eres tú el que estás al mando, llega el golpe de realidad y te das cuenta de que todo lo que ambicionabas hacer, a veces, es imposible.

Lo mismo pasa, de hecho, en la vida, cuando de repente descubres que, pese a haber vivido durante un tiempo en un mundo que no era el tuyo, la chica “con tierras” te destierra definitivamente. Pablo, Alberto: no digáis luego que no os lo advertí.

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