Adolfo Aldana (Cádiz, 1966) jugó en el Real Madrid, en el Súperdepor y fue internacional. Lo quiso fichar Cruyff, lo intentó Bilardo y también fue pretendido por Jesús Gil. Ahora, casi treinta años después, ejerce como profesor de educación física en un colegio de Algeciras. Y es feliz.

—Llama la atención que un exjugador del Real Madrid y el Súperdepor sea ahora profesor de Educación Física en un colegio de Algeciras. ¿Vocación o le fueron mal los negocios?

—He tenido la suerte de hacer lo que me gusta. Me preparé estudiando la carrera de Educación Física. También tuve la suerte de hacer el primer máster en España de Gestión y Dirección en el Deporte. Mucha gente me pregunta por qué no he sido entrenador, porque tengo la titulación nacional desde 2001. Gracias a Dios, puedo dedicarme a lo que de verdad me llena. Me gusta mucho el tema formativo con los jóvenes y no me satisface tanto la tensión de jugar cada fin de semana o la cantidad de viajes que se hacen. No me mueve para nada el tema económico, sino disponer de mi tiempo y hacer lo que me gusta. En este caso, el tema educativo con los jóvenes.

—¿Los niños saben quién es usted?

—Mis alumnos, sí. Actualmente, los menores de 30 años lo suelen consultar en internet. Hoy en día tienen esa facilidad. En el momento que me buscan en internet, ven mi historial y me reconocen. Si uno no aparece con frecuencia en los medios, desaparece. Los mayores de 40 sí me recuerdan de aquella época.

—Los niños ya no juegan al fútbol en la calle. ¿De qué manera influye eso en el juego?

—Se juega más organizado dentro de los propios clubes. Estuve hace poco en Marruecos, en Tánger. Estuve hace 10 años y ahora ya no juegan los niños en la playa. Ni siquiera allí juegan en la calle. De hecho, visité uno de los barrios pobres e hice un entrenamiento de tres horas con diferentes grupos. Los niños tenían buenas botas de fútbol y había un campo de césped artificial. En Tánger puede haber 25 o 30 campos de césped artificial. Imagínese en España. Ahora se juega de otra manera. Los niños suelen entrenar dos o tres veces a la semana desde los siete años. Cuando yo empecé a jugar, con siete u ocho años, jugábamos en la calle. Yo jugaba frente a chavales de 12 o 13, que eran cuatro o cinco años mayores que yo. Había que recurrir a la astucia, a la picaresca. Ahora a los niños sólo juegan frente a los de su edad. Antes, el niño que no tenía nivel era portero o se iba a otro grupo a jugar. Todo se adaptaba a un mismo nivel. Además, también existía ese gusto por el balón… Actualmente, algunos entrenadores quieren tener demasiado protagonismo y hacen que los niños pierdan en muchos casos su natural creatividad. Pero no es todo negativo.

—Usted comenzó a jugar al fútbol en los Salesianos de La Línea. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos inicios? ¿Se imaginó que sería futbolista profesional?

—En aquel momento ni lo pensé. Con ocho años, teníamos un muy buen equipo en el colegio. Yo era el capitán y la mayoría de mis compañeros tenían once años, tres más que yo. En esas edades, se nota la diferencia.

—¿Cómo hizo para ser el líder del grupo siendo el menor?

—Antes no se miraba la edad, se hacían grupos. En el colegio, desde séptimo de EGB hacia abajo estaban los mejores. Lo normal es que el grueso del equipo fueran los mayores. Sin embargo, si un chico de menor edad destacaba, entraba en el grupo. Aquello me ayudó a mejorar. Me quedaba a comer en el colegio y entre el fin de la comida y el inicio de las clases jugábamos un partido diario, siempre contra grupos mayores. Incluso llegué a jugar contra chicos cuatro o cinco años mayores. Hacíamos unos partidos extraordinarios.

—Usted fue un jugador atípico en su época por su altura y su técnica. Marco van Basten también fue otro jugador que irrumpió con esas características…

—Van Basten fue un Dios del fútbol. Fue un jugador genial, de los diez más vistosos y completos de los últimos 30 años. Y probablemente de la historia del fútbol. Creo que la naturaleza de cada uno crea una plasticidad en el sistema nervioso, en las capacidades coordinativas inherentes al fútbol. Yo tuve la suerte de nacer con esas características. El hecho de jugar desde pequeño en un espacio reducido me vino bien. Jugué hasta los trece años al fútbol cinco, que no fútbol sala, porque jugábamos con un balón parecido al de voleibol. Era un balón muy vivo y más grande. Se puso de moda el fútbol cinco y ahí se cogía mucha habilidad. Otro jugador de aquel equipo que tenía mi edad llegó a Primera División, Chuti Andrades. Teníamos un grupito muy bueno. Otro chaval del equipo se marchó a la capital con 13 años y llegó a jugar en la cantera del Madrid.

—Serían un equipo prácticamente imbatible…

—A nivel provincial, éramos un equipo muy fuerte. Casi siempre ganábamos. La prueba es que tres conseguimos llegar arriba de un grupo de ocho o diez chavales.

—El Madrid se fijó en usted cuando jugaba con la Selección Gaditana. ¿Cómo fue el primer contacto?

—Fue un ojeador gaditano el que me vio jugando en un amistoso con la Selección Gaditana. Le propuso a mi padre hacer una prueba en el Madrid. Mi padre me lo contó, hablamos con este señor y concertamos una prueba. Hicimos coincidir la prueba con las que tuve que hacer para ingresar en el INEF de Madrid. Fue una semana maravillosa e inolvidable, porque ambas pruebas salieron muy bien. Estuve entre los 180 elegidos, de los 1.500 que se presentaban y pude estudiar lo que me gustaba.

—Usted jugó poco en su último año de juvenil por un problema con un contrato…

—No se puede culpar a los clubes de las cosas que hacen las personas. Los que llevaban el club antepusieron sus propios intereses absurdos a los de un chaval que sólo quería jugar al fútbol. Me tuvieron un año en blanco. De los dos años de juvenil, hice uno. Al final la vida premia muchas veces el esfuerzo y el interés. Y el premio fue probar en el Madrid.

—Cuando se marchó a Madrid, compaginó el fútbol con los estudios…

—Aquello se dio por venir a probar al Madrid. Descubrí en mi último año y medio de estudios de bachillerato que existía una carrera de Educación Física. En Granada, llevaba un año vigente. Hasta entonces estaba en Madrid. Seguramente, si no hubiera hecho la prueba en Madrid, me hubiera animado a hacer la carrera en Granada, porque me pillaba más cerca de casa. Yo tenía confianza porque sabía que si hacía la prueba tenía posibilidades de quedarme en el Madrid. En cuanto a las pruebas físicas para entrar en la carrera, no me importaba hacerlas en Granada o en Madrid.

—Se presentó en Madrid con 18 años en plena movida madrileña y en plena irrupción de La Quinta del Buitre…

—De la provincia de Cádiz había salido poco. Había ido a Sevilla y a Málaga. No era muy frecuente viajar en aquella época. Además, mi padre trabajaba muchas horas. Ni eran tiempos de viajar demasiado ni mi padre era de salir. Cuando había salido, lo había hecho por el fútbol, viajes con los equipos. Así que cuando llegué a Madrid, en 1984, me impresionó la ciudad. Recuerdo el primer día que llegué con mi padre. Ver La Castellana, el Bernabéu… fue tremendo. Los días de prueba en la antigua Ciudad Deportiva fueron muy bonitos. A las dos semanas, me dijeron que había pasado las pruebas. Sólo me faltaba que me dieran los resultados de las pruebas del INEF, que también fueron positivos. Viví en Atocha 55. Es un lugar de triste recuerdo porque es el mismo sitio donde en 1977 asesinaron a los abogados laboralistas. El asesinato fue en la tercera planta y yo viví en la primera. Allí residí tres o cuatro años durante mi etapa en las categorías inferiores.

—¿Vivía solo?

—Aquello era un hostal. Vivía con jugadores juveniles y del Tercera División, los mayores. Alguno del Castilla había, pero ellos se solían ir a sus propios pisos. Tenían un poder adquisitivo un poco más alto. Yo vivía con ocho o diez compañeros. También había otro hostal para chavales más jóvenes.

—Coincidió casi de pleno con los jugadores de La Quinta. ¿Quién fue el mejor?

—No quiero ser excesivamente diplomático, pero creo que los cuatro fueron jugadores muy completos. Pardeza estuvo muy poco. Sanchís era un jugador extraordinario con vocación; una especie de Busquets reciclado. Empezó jugando más adelante y terminó de central. Era tan inteligente y completo que podía jugar en cualquier sitio. Míchel era tan elegante que dio unas tardes impresionantes en el Madrid. Llegaba constantemente y no perdía un balón. Butragueño era excepcional. Quizá le faltó un poco de regularidad en tantos años, porque era un futbolista que dejaba unas pinceladas tremendas. Martín Vázquez es con el que tengo más contacto y es muy buen amigo. Algunos lo definieron como el mejor de La Quinta. Probablemente, fue el mejor a nivel global. Tenía todo bueno. Antes de irse al Torino hizo una temporada excepcional.

Aldana, junto a Butragueño en un partido con el Madrid.

—¿Se queda entonces con Martín Vázquez?

—No, no. Para mí, todos eran jugadores súper completos. Al Buitre le faltó destacar todos los partidos: lo que hacen Messi o Cristiano. Emilio tenía un talento descomunal. Es probablemente de los jugadores más talentosos que ha habido. Había momentos en los que estaba más ausente y se notaba. Con Martín Vázquez pasa lo mismo. Míchel y, sobre todo Sanchís, fueron más regulares. Dejar a Míchel por detrás de Butragueño o de Martín Vázquez me parece una injusticia. Todos han tenido sus momentos buenos. Es muy difícil encontrar un equipo mejor en la historia del Madrid que el de La Quinta del Buitre. Independientemente de los extranjeros que teníamos, estos cuatro jugadores eran excepcionales. Si alguno de ellos hubiera tenido todavía más regularidad, hubieran estado entre los diez mejores jugadores de la historia de España.

—Llegó a Madrid en 1984, pero no debutó hasta 1988. Fue en un Clásico y en sustitución del Buitre en el minuto 32...

—Tenía 21 años. Había llegado tarde al primer equipo, porque prácticamente lo hice a esa edad. En tres temporadas pasé del Tercera al Castilla y al primer equipo. El Madrid tenía alguna baja y yo estaba jugando bien en el Castilla. Llevaba muchos goles y me convocaron para aquel partido. Salí tan pronto porque el Buitre se lesionó. Fue un momento inolvidable debutar en el Bernabéu frente al Barcelona.

—Se dice que tuvo alguna fricción con Toshack. En la temporada 90-91 jugó 31 partidos y su participación bajó mucho al años siguiente…

—Después de la primera temporada de Toshack, cuando ganamos Liga y Copa, tuve la oportunidad de ir al Atlético de Madrid con una oferta importante de Jesús Gil. Pero decidí quedarme. Recuerdo que fuimos a jugar el trofeo Ciudad de la Línea en mi tierra. Se disputaban dos partidos y Toshack me dijo que iba a jugar el segundo, pero al final no jugué ninguno. Me tuvo calentando medio tiempo en el segundo partido. Eso no me hizo gracia. La cosa se puso un poco tensa. Jugué el resto de partidos de pretemporada y empezó la Liga. Jugaba segundos tiempos y ratos, hasta que en noviembre él fue reemplazado por Alfredo Di Stéfano. A Toshack hay que conocerlo y entenderlo. El jugador es egoísta por naturaleza y muchas veces no comprende las decisiones de los entrenadores. Me encontré luego con Toshack en La Coruña y siempre apostó por mí como titular.

—¿Cómo fue su relación con Beenhakker?

—La situación se puso más complicada en mis últimos cinco meses en el Madrid. Cuando cesaron a Antic, el equipo iba líder y jugaba bien, pero tuvo un pequeño bajón. Beenhakker, que estaba como director general, cogió el equipo. Yo estaba bastante bien considerado con Antic y jugando bastante. Sin embargo, con Beenhaker bajó mi participación porque confió en otro grupo. Perdimos la primera Liga en Tenerife, nos eliminó el Torino y perdimos la final de Copa frente al Atlético de Madrid en el Bernabéu. Meses antes Mendoza me ofreció la renovación, pero me acabé marchando.

—Buscó una salida del Madrid desde 1990, pero no se concretó hasta 1992. ¿Qué ocurrió?

—Sentía que tenía capacidades para jugar en cualquier equipo. Por las circunstancias tan complicadas del Madrid no estaba jugando lo que debía. Quería demostrar mis condiciones en el Madrid o en cualquier equipo. Cuando la situación con Toshack empeoró y vi que aquello no era lo que yo deseaba, entendí que lo mejor era irme. Él no quería que dejara el equipo, porque me tenía como un buen recambio y no me facilitó la posible salida al Atlético. Así que opté por quedarme porque tenía contrato en vigor. Cuando terminé el contrato, quería salir y el Madrid deseaba que yo saliera. Después de cinco temporadas, era el momento.

—Cuando abandonó el Madrid, tuvo ofertas del Sevilla y del Depor. Ricardo Rocha lo convenció para ir a La Coruña. ¿Qué le convenció de aquel proyecto?

—Ricardo era un buen amigo y salíamos a veces a cenar. Me hizo un comentario que me llamó mucho la atención. Un equipo que había peleado por no descender a Segunda había fichado a dos de los mejores jugadores del momento de Brasil, Mauro Silva y Bebeto. En aquel tiempo, lo tenía prácticamente hecho con el Sevilla. Estaba apalabrado con mi representante, que era amigo muy amigo del presidente del Sevilla, Luis Cuervas. Sin embargo, en el último momento, mi representante tampoco se fiaba mucho del tema del Sevilla porque tenía mucha experiencia en las negociaciones con Cuervas. La otra opción, la del Depor, le pareció maravillosa. De hecho, él tuvo mucha complicidad con Lendoiro. Muchos representados suyos fueron al Depor en años posteriores. De un día para otro, me dijo que no había nada cerrado con el Sevilla. El que se iba del Sevilla era Ramón Vázquez, al que en principio iba a sustituir. Incluso me llegué a reunir con Bilardo

—¿Cómo fue aquella reunión?

—Bilardo me dijo que le habían hablado muy bien de mí. Ruggeri le había contado. Quería que hiciera la labor de Maradona. Al final yo no fui y firmaron a Maradona al mes.

—Pocos pueden decirlo: usted era el plan A y Maradona el plan B...

—¡Tampoco es eso! A mí me hizo mucha gracia la conversación que tuve con Bilardo en el hotel. Me dijo que Ruggeri, y alguno más, le habían hablado muy bien de mí. Quería que jugara como Maradona en la selección Argentina. Me estaba diciendo una barbaridad, pero quedé muy contento de la charla con Bilardo.

—¿Cómo era Lendoiro? Cuentan que cenas con él eran interminables…

—Efectivamente. Augusto era un gran estratega y muy listo. Era un adelantado, porque pensaba en el Depor de dos años por delante. Era un negociador durísimo con las televisiones e hizo contratos extraordinarios.

De izquierda a derecha, Nando, Fran, Mauro Silva, Aldana y Bebeto en la Playa de Riazor.

—Hablemos del partido crítico frente al Valencia, el del penalti de Djukic. Usted estuvo toda la temporada lesionado. ¿Cómo vivió aquel año?

—Gran parte lo pasé recuperándome en Madrid. Unas semanas antes volví a La Coruña y aquel partido lo vi en la grada. El equipo llegó con una ventaja muy justa al último encuentro frente al Valencia. El Barcelona también se la jugaba, pero no dependía de sí mismo. Dependió los dos primeros años del Madrid, que perdió las Ligas en Tenerife, y el tercer año, del Deportivo. Los tres años, milagrosamente, los rivales no consiguieron la victoria para proclamarse campeones. Lo que ocurrió fue duro porque el Valencia no se jugaba nada. Llegaron muy relajados y primados. En esos años, era muy común incentivar de esa manera. Se supo después y algunos jugadores que tuvieron relación con nosotros lo corroboraron.

—¿Qué fue lo que hizo crecer al Depor?

—Aquella segunda temporada tuvimos la llegada que no habíamos tenido el primer año. Porque Bebeto hizo en la primera temporada prácticamente la mitad de los goles del equipo. Además, atrás el equipo era muy sólido y costaba hacerle goles.

—Tras aquella temporada intentó ficharlo el Barça de Cruyff. ¿Por qué no se cerró?

—No sé cerró porque soy como soy. No me deslumbraba el tema económico y estaba muy cómodo en La Coruña con Arsenio y mis compañeros. Barcelona era una nueva ciudad y no sabía cómo iba a responder mi rodilla después de estar toda la temporada sin jugar. Preferí ser agradecido con el cariño que me demostró La Coruña.

—¿Volvió a ser el mismo tras recuperarse de la lesión?

—Durante mi carrera, he jugado en dos momentos a un alto nivel. El primero fue en el Castilla con Del Bosque de entrenador y el segundo en mi primera temporada en el Depor. En el Madrid, al tener delante a La Quinta y a aquel equipazo, no me consideraba titular y no tuve esa regularidad. En la primera época de Antic, jugué diez partidos seguidos de titular y no lo hice mal.

Aldana, durante un encuentro con la Selección.

—Aquella lesión le dejó sin Mundial. Parece extraño que Clemente contara con un jugador tan técnico como usted.

—Mi relación fue excepcional con Clemente. Me dio mucha confianza. En los cuatro partidos que estuve con él la seguridad que me transmitió fue tremenda. Le dio por mi manera de entender el juego y de ser. Le estoy muy agradecido. Lo que me dijo en el segundo partido ante Dinamarca no lo olvidaré nunca…

—Cuente…

—Me dijo: “Adolfo, no juegues pensando que tienes que volver. Es tu segundo partido. Quiero que juegues como lo estás haciendo en el Depor y como has jugado hasta ahora. Conmigo vas a jugar siempre. Está tranquilo”. Aquello me dio alas. Me convocó para un tercer partido y, cuando me iba a convocar para el cuarto, me lesioné. Estuve casi 16 meses parado, pero él estaba deseando que me recuperaba. Se lo decía Arsenio. En cuanto pudo, me convocó. Jugué un amistoso frente a Finlandia, pero él debió pensar que no estaba al nivel de antes y no volví a ser convocado.

—En el Espanyol sufrió otra lesión y se retiró definitivamente en Mérida en 1999.

-—En el Espanyol fue complicado, porque el equipo practicaba otro tipo de fútbol. Venía de cinco años en el Madrid y cuatro en el Depor, donde se jugaba un fútbol diferente. Me dirigió un entrenador que no fue el que pidió mi traspaso, Camacho. No contó mucho conmigo hasta que se fue. Llegó luego Vicente Miera y el primer partido con él lo jugué, pero me rompí el quinto metatarsiano. Fueron años muy complicados.

—Usted es gaditano y admirador de Mágico González. ¿Se atreve a decir que fue mejor que Maradona?

—Maradona sólo ha habido uno. Fue excepcional. Mágico era un jugador excepcional que hacía algunas cosas que no hacía ni el propio Maradona. Algunas, pero contadas. Mágico no fue un jugador regular, era un Curro Romero. Hacía genialidades, pero se pasaba partidos sin aparecer. Eso no lo digo yo como rival, me lo han dicho compañeros suyos. Cuando estaba bien, era un genio. Pero Maradona ha sido el más grande.

—¿Más que Messi?

—Es complicado comparar. Messi en los últimos años se ha puesto a la altura de Maradona. Messi es pura regularidad y Diego era genial. Pero Maradona era más dotado que Messi. El mismo Maradona reconoció que se hizo daño a su cuerpo. ¡Qué hubiera sido de él si no se hubiera hecho daño! Fíjese lo que hizo con un equipo que no es el que tiene Messi y estaba enganchado. A Messi le falta el carisma de Diego. Él demostró en un equipo como el Nápoles que se le podía ganar a equipos como el Milán, Juventus, Inter… Ganó dos Ligas y una UEFA. A Messi sólo lo hemos visto de verdad en el Barcelona. En la selección sólo ha hecho buenos partidos.

—Usted dijo de Bebeto que es el mejor tobillo de la historia del fútbol. ¿Lo sigue pensando después de haber visto a Messi?

—Messi es bueno en todo. Bebeto tenía esa plasticidad en el tobillo y era tremendo. Comparar a cualquiera con Messi es complicado. Bebeto era muy elegante, determinante y el tobillo que tenía era asombroso. Había veces que iba en carrera y uno no sabía cómo podía pararse en seco, girar el pie y cambiar el balón de dirección. Era una cosa tremenda.

—¿Quién ha sido el mejor futbolista con el que ha jugado?

—Me quedo con Bebeto. Y he jugado con todos los de La Quinta, que estaban a un nivel tremendo. Schuster y Gordillo también eran jugadores excepcionales. En el Deportivo coincidí con Fran, que fue el mejor futbolista español de esos años. Pero Bebeto tenía una cosa que me tocaba la fibra.

—¿Mauro Silva o Casemiro?

—Me quedo con el Mauro que viví esos años. Era tremendo. Debía haber jugado en el Madrid.

—¿Qué le hubiera hecho más ilusión, una Liga con el Depor o una Copa de Europa con el Madrid?

—Con el Depor me hubiera gustado ser campeón. También con el Madrid si hubiera sido titular. Lo que queremos los jugadores es disfrutar de un campeonato y jugar. Aquella primera Liga con el Depor hubiera sido importante, aunque yo no hubiera jugado. Para todos hubiera sido tremendo.

—¿Se parece Fede Valverde a usted?

—Me dijo hace poco un amigo que Valverde le recordaba a mí. Veo ciertas características comunes como la zancada. Él está demostrando un nivel tremendo. Le ha dado algo diferente al Madrid este año. Últimamente se estaba difuminando el equipo…

—¿Por qué la situación del Depor ha ido a peor con los años?

—Lendoiro hizo las cosas muy bien al principio, pero uno tiene que saber irse a tiempo. Desde mi humilde opinión, le sobraron años y muchas cosas. El club no se renovó bien a tiempo, llegó un momento en el que se dejó de ganar títulos, no entró dinero y se complicó todo. Hubo muchos años en los que no se hicieron bien las cosas.

—Por último, Djokovic preparó Wimbledon 2015 en sus pistas de Sotogrande…

—Así es, estuvo tres días. Se entrenó en una pista de hierba natural… Tengo dos pistas en mi casa: una como la del Open de Australia y otra de hierba natural. Su hermano es amigo y el entrenador del hermano también. Él no estaba jugando las previas y vino a Marbella unos días. Le comentaron que la mía quizá era la única pista de hierba que había en España. Me llamó y se vino. Yo encantado, claro.

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