Pocas ligas pueden ofrecer un partido de segunda división que ponga sobre la mesa 2 Copas de Europa, 2 Copas de Ferias, 1 Supercopa Europea, 4 Ligas, 3 FA Cup y 5 Copas de la Liga, y a la vez, ambos clubes lleven tanto tiempo sin volver a la primera división que son más recientes sus respectivos descensos a la tercera categoría del fútbol inglés. En un día con apenas 2 partidos de la Premier League, los focos caían sobre la visita del Leeds United al Nottingham Forest con la batalla por el ascenso como trasfondo.

El ambiente era intenso. Los aficionados del City Ground entonaban el Mull of Kintyre de Paul McCartney, canción de un músico de Liverpool sobre un área (preciosa) de Escocia. El único vínculo entre canción y club fue el de llegar al número 1 el mismo año. La canción de McCartney se hizo con las mayores ventas mientras el Forest caminaba hacia su primer y único título de Liga. El Leeds United dejó su habitual uniforme blanco (Don Revie lo eligió para vestir como el Real Madrid y adoptar su mentalidad ganadora) y lo sustituyó por un azul Manchester City, espoleado esta vez por el gusto futbolístico de Bielsa, si acaso más cercano a Guardiola.

El Leeds United vive un momento complicado, saltando al campo con 8 puntos en los últimos 12 partidos, números tan lejanos a un equipo con aspiraciones al ascenso, que son más propios de un equipo con cara de descenso. El Nottingham Forest, por su parte, dejó escapar 3 puntos en su visita al Birmingham, con la posibilidad de poner el 0-2 en un penalti, Grabban vio su disparo repelido por el portero local para pasar inmediatamente al 1-1 que acabó por convertirse en un 2-1.

El partido siguió una línea parecida en todo su desarrollo. El público de Nottingham era sabedor de la importancia del partido (la victoria les dejaba a un punto del Leeds United, aún en ascenso directo) animaba sin cesar y pedía faltas y penaltis como un público latino. Sabri Lamouchi, el entrenador local, había preparado a su equipo táctica y mentalmente. Bien cerrados atrás sin balón, verticales e incisivos en sus ataques, apenas ofreció resquicios al equipo de Bielsa, ineficaz en la posesión del balón e incapaz de crear buenas acciones de gol en toda la primera parte. Tuvo 2 en la segunda parte, un buen remate de cabeza repelido en el último suspiro por el portero local y un remate detenido por su propio 9, Patrick Bamford, empeñado ayer en demostrar que es hincha del Forest.

El Leeds vive un complicado momento mental, creyéndose el relato por el cual, antes o después, todo lo que va bien acabará mal. Un auténtico pupas. Con el orden táctico de su entrenador y manejando el partido emocionalmente, el Nottingham Forest ni siquiera tuvo que desarrollar su mejor fútbol. El 1-0 lo marcó el veterano Ameobi, engañando a Kiko Casilla, que esperaba un pase, con un disparo fuerte y al primer palo.

El 2-0 llegó en el minuto 94. Pudo llegar mucho antes, pero Grabban, tras sentar a su par y a Casilla con un buen recorte, olvidó levantar la cabeza para ver la portería desprotegida y su tiro rebotó en el portero. El 2-0 lo marcó Tyler Walker, hijo del antiguo defensa del Forest e internacional inglés, Des Walker. El córner sacado por el Leeds United fue despejado por la defensa, Walker y Cash salieron a recuperar el balón, se lo robaron al último defensa de los visitantes y se plantaron 2 contra Casilla.

Algunos aficionados que estaban detrás de la portería saltaron al campo a abrazarse con los jugadores. Llevan mucho tiempo los hinchas del Forest añorando tiempos mejores y quizá en esta temporada, donde la unión entre afición es jugadores es más fuerte, se presente la oportunidad de empezar a reverdecer esos viejos laureles. Al Leeds United las dudas se le multiplican. Viven con ansiedad, en un constante ahora o nunca, convencidos de que Bielsa dejará el club si no ascienden y con la sensación de tener que volver a empezar.

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