Hace unos años, en Riazor, José María Gutiérrez, antes llamado Guti, decidió hacer una jugada inverosímil, un taconazo hacia atrás en una jugada de gol. Aquella genialidad fue enormemente aplaudida y reverenciada, pero en mí suscitó una duda: ¿Se aplaudió la idea o el resultado? ¿Qué habrían dicho todos esos que aplaudieron y catalogaron aquel gesto técnico como algo magistral de no haber terminado la jugada en gol? ¿Es lícito aplaudir lo que habrías silbado si no hubiera acabado bien?

Esta vez Zidane no se disfrazó de Guti, no; simplemente ejecutó lo que lleva haciendo todo el año con esas decisiones incomprensibles a la hora de decidir las convocatorias y sus onces iniciales. La diferencia es que hasta que llegó la Real, como Guti en Riazor, esas decisiones terminaron en gol. Y ya sabemos que en el fútbol el gol da la razón.

Todos los que aplauden su habilidad moviendo jugadores de la grada a la titularidad y viceversa — decisiones sin razón deportiva aparente—, poco tienen que reprochar al francés. Simplemente, volvió a tomar las mismas decisiones inexplicables que llevaba tomando los 21 partidos anteriores sin derrota. ¿Se perdió?, sí. Pero Zidane no hizo nada distinto a lo que vimos ante el Valladolid o el Atleti.

Zizou saltó con Areola en la portería, con Nacho y Marcelo en los laterales, Militao de compañero de Ramos en el eje, Valverde haciendo de Casemiro, con James y Kroos de volantes, y tres puntas, Vinicius, Benzemá y Rodrigo. ¿Qué ocurrió? Pues como tantas otras veces, fue el propio Zidane quien se creó los problemas incluso antes de que se los creara la propia Real. Sin una buena circulación del balón desde atrás (Nacho y Marcelo ahora mismo son dos futbolistas anticompetitivos), sin una posesión estable y de calidad que te asiente en campo contrario y te permita presionar, sin profundidad posicional (esa que te da Valverde jugando de interior), el Real Madrid fue tácticamente un ejército de Pancho Villa.

Enfrente, la Real se volvió a mostrar como un equipo sólido y equilibrado, que además juega al fútbol. Ante eso, y pese a eso, los blancos le pusieron ganas, es verdad. Pero hablamos de fútbol de élite y solo las ganas no valen si no hay un mínimo soporte táctico que haga de un grupo de buenos futbolistas un equipo. Recordemos que otras veces un gol de cabeza de un defensa en el minuto 78 servía de coartada.

El Madrid fue un desastre línea por línea y ni las ganas de Vinicius ni alguna buena acción de Valverde y Kroos aliviaron el desbarajuste. Intentar explicar tácticamente el partido de Nacho o de James es complicado; definir posicionalmente lo que hizo Marcelo se escapa de mis capacidades; intentar entender qué quería Zidane que hiciese esa banda derecha formada por Nacho, James y Brahim, me resulta imposible.

Fue una jornada más de rotaciones imposibles. Fue un grupo de jugadores descolocados, desubicados y sin un mínimo de compenetración. Verles presionar (o intentarlo) resultaba esclarecedor. Zizou apostó por unas rotaciones que solo él y su cuerpo técnico comprende. Hasta ahora los resultados le daban la razón, aunque su fútbol no tanto. A los que nunca las hemos comprendido, la eliminación no nos sorprende ni más ni menos que algunas victorias blancas sustentadas en la misma idea; no siempre Nacho va a marcar el gol de la victoria, o Casemiro hacer dos goles, o cinco remates te bastarán para ganar un derbi.

 


CALIFICACIONES


Zidane: Mucho se critica a Pep o Setién por ser fundamentalistas de un estilo, pero se alaba a Zidane que lo es tanto o más del suyo. En ese “más difícil todavía” en el que ha convertido sus rotaciones, el equipo de Zizou fue víctima de decisiones incomprensibles que afectaron, como muchos otros días, al juego. La diferencia es que, ante la Real, también afectaron al marcador.

Areola: Poco acertado, se comió al menos dos de los cuatro goles. Pese a todo, la derrota no fue culpa suya. La Real pudo irse del Bernabéu con un resultado histórico, más propio del fútbol sala.

Nacho: Hoy en día, y como lateral derecho, Nacho no es un jugador competitivo. Descolocado, nervioso y sin una idea clara de cómo moverse atrás. Apenas aportó nada ni en defensa ni en ataque. Uno de los más señalados.

Militao: Tácticamente el partido le vino grande y a sus problemas con el balón le sumó su nula interpretación posicional de cómo y cuándo dar ayudas a Nacho. Tampoco interpretó la posición de Ramos. Un mal partido de un jugador que aún tiene muchas cosas que demostrar.

Ramos: Volvió a revivir una de esas tardes/pesadilla, en las que la posición de Marcelo le obliga a ladear mucho la suya, quedando expuesto a acciones para las que ya no está preparado. Sin Mendy ni Casemiro, el de Camas se vio muy expuesto, pero esta vez no tenía a su escudero al lado y sí a un Militao limitadísimo. Ramos ya no puede liderar una defensa con tres suplentes; ya no es quien abriga, sino es el que debe ser abrigado.

Marcelo: Solo él, y puede que Zidane, entienden de qué jugó ayer el brasileño. Sin presencia en defensa, de la que pasó olímpicamente jugando siempre a más altura que Kroos, en ataque fue una sombra. Nada en su juego justifica su presencia en el once y ya son demasiados partidos. Marcelo hoy es un déficit competitivo en un equipo.

Valverde: Esta vez le tocó jugar de pivote haciendo de Casemiro, pero tener detrás a Nacho y Marcelo, y a su lado a James, convirtió su tarea en imposible. Le faltó pausa con el balón y socios con los que intentar jugar. Sin duda una de las víctimas del planteamiento surrealista de su entrenador.

Kroos: El alemán es un futbolista que te da muchísimas cosas si le rodeas del decorado idóneo, pero ni es un jugador autosuficiente, ni es un superviviente. Zizou no le dio socios para jugar y al teutón le faltaron continuamente opciones de pase.

James: Ni está ni se le espera. A James hace tiempo que su fútbol le abandonó y necesita de 90 minutos en diez partidos seguidos en su verdadera posición para recuperarlo o, al menos, intentarlo. Lo demás son experimentos con gaseosa. Sus 45 minutos de ayer fueron un continuo quiero y no puedo, sumados a un continuo, no sé cómo moverme aquí.

Vinicius: El brasileño viajó en el tiempo y volvió a la etapa de Solari, donde cada partido era un “yo contra el mundo”. Llama la atención que su mejor partido sea el peor con mucho del Madrid este año. Rápido y descarado, volvió esa imagen del ilusionante jugador que vimos hace un año y que parece podría ser opción a formar parte de la delantera del Madrid, junto a Hazard y Benzema… Pero belga y brasileño son jugadores de banda izquierda… así que ‘Houston, tenemos un problema’.

Benzema: Fundido. En el ecuador de la competición y cuando llega todo lo importante, Karim lleva más de 2.000 minutos jugados. Mientras su entrenador se permite con otros jugadores dar rotaciones absurdas, Benzema, como Casemiro y Ramos, lo ha jugado todo y eso tiene un precio. Ante la Real no apareció.

Brahim: Tras media temporada sin jugar ni un minuto, es más, sin ir ni convocado, y en puertas de una semifinal de Copa, Zidane le puso de titular ante la Real y le acompañó en banda de James y de Nacho… fin de datos.

Modric: Zidane intentó desandar lo andado, pero Luka ya no puede frenar a un equipo que corre sin frenos cuesta abajo. El croata intentó pegar líneas, pero con un equipo tan poco competitivo y con jugadores naufragando de forma individual era imposible.

Jovic: Jugó 15 minutos y no es un Mariano. No es un microondas capaz de alterar derivas, carece de ese empuje contagioso… ni la olió.

Rodrygo: Cazó una que le regaló Vinicius tras un jugadón del brasileño. Que jugase Brahim, y no él, no sé cómo entenderlo. Claro que hay tantas cosas que no entiendo de Zidane…

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