El Madrid incluye un cheque regalo en sus últimos partidos. Juega más o menos bien, pero no tiene pegada. Y en fútbol mandan más los resultados que las virguerías.

Si hay algo que el equipo blanco no puede permitirse es no ganar sus partidos de Liga. Jugar mal devalúa el triunfo. Jugar bien y perder equivale a una crisis. Para recordar cómo se jugó ante el Alavés (por ejemplo) hay que tirar de memoria; para ver si se ganó, basta con mirar la estadística.

Zidane parecía haber encontrado el camino del equilibrio como salvoconducto al país del resultado. Mendy, Casemiro y Valverde hacen del Madrid un equipo impermeable. Si el equipo no concede ocasiones y presiona en campo contrario el camino a la portería rival es más corto y la resolución es más fácil. Aún con menos pegada que en los últimos años, el equipo blanco ganaba partidos. El camino más corto sigue siendo la línea recta.

Cuando alguno de los tres citados no está, el equipo sufre un cortocircuito en defensa. Se hace más largo. Y las transiciones hacia las dos partes del campo son mucho más débiles. Adiós a la cohesión. Hola señora improvisación.

Somos conscientes de que estos tres jugadores no pueden ser camiseta puesta en 60 partidos, pero también de que ninguno de los delanteros ha dado, de momento, coartada para primar otro dibujo que no sea el de preponderar el medio del campo sobre el Madrid de los tres delanteros.

Hazard por sus lesiones, Rodrygo por su inconsistencia, Bale por apatía, Vinicius por no terminar bien las jugadas, Jovic por su falta de adaptación, Lucas Vázquez por dar más pico que pala y Mariano por, suponemos, falta de nivel (y sí es así, no sé para qué le recuperamos), ponen la pólvora en los pies de Karim. Y ya sabemos que Benzema siempre es fiable en el juego, lo del gol ya es harina de otro costal. No es el gato de Mourinho, pero tampoco el león de la Metro.

Ante este panorama, Zidane necesita sentarse a pensar. Está claro que en el parón de la Champions, el francés se preocupaba más del equilibrio que de la búsqueda del gol. Ante la proximidad del City ha comenzado un camino que está trayendo más pena que gloria. Sabe que sin gol no da para ganar la Orejona, pero en el camino de poder encontrarlo ya se ha dejado la Copa y la ventaja de puntos que tenía en la Liga. A veces es mejor asumir y asentar las virtudes que debilitarlas en pos de encontrar aquellas de las que careces.

O el Madrid vuelve a la seguridad de Mendy y a asentar la dupla Casemiro-Valverde o puede que este sea el primer curso completo donde Zidane abrace aire en lugar de títulos. Y él tendrá mucha culpa.

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