Hoy tengo el honor de estrenarme en A la Contra. Así que, antes de nada, permítanme presentarme: mi nombre es Jesús Ortega y soy periodista político. No me malinterpreten, cuando empecé a estudiar la carrera, no es lo que buscaba. Mi idea, como tal vez imaginarán al leerme aquí, era trabajar en prensa deportiva. Pero luego las circunstancias cambian. Miren a Sergio Ramos: su objetivo era ser delantero, y ahora es un central top que, eso sí, marca goles en finales de Champions.

Mis pretensiones, en todo caso, no son tan elevadas. Busco salirme de mis crónicas parlamentarias escribiendo sobre otras cosas, que puedan estar, o no, relacionadas con la política o el deporte. De todas formas, creo que lo que ocurre en los partidos y en el Congreso no difiere tanto de lo que pasa, por ejemplo, en los equipos y en los campos de fútbol: en ambos casos hay filtraciones interesadas, guerras en el terreno de juego y después declaraciones para calentar más el ambiente.

Hay veces, además, que la política y el deporte se entremezclan. E incluso se pisan. Y esto último, precisamente, es lo que ocurrió ayer en el Palacio de la Moncloa. Allí se celebró la primera reunión de la llamada mesa de Gobiernos entre el Ejecutivo central y la Generalitat que pretende pactar una solución a la crisis política existente en Cataluña desde hace más de un lustro.

Como habrán podido leer y escuchar, la cumbre estaba convocada a las cuatro y media de la tarde, pero ya saben cómo son estas cosas: hablar es importante, pero en la sociedad de la imagen unos buenos posados ante los cámaras, antes de cerrar las puertas y quitar la sonrisa Profident son fundamentales. Y, por eso precisamente, el encuentro propiamente dicho no comenzó hasta pasadas las cinco.

Ya entonces, en la sala de prensa de Moncloa se entremezclaban comentarios sobre la escenificación del encuentro entre ambos gobiernos con las primeras previsiones sobre la duración del mismo. Nadie pensaba que aquello durase más de tres horas. Más que nada, “porque de esa forma las declaraciones posteriores de Quim Torra y María Jesús Montero llegan al Telediario de las nueve”.

Ese análisis, de hecho, no pudo ser más acertado, porque se cumplió a rajatabla. Pero también provocó que el madridismo —y también el antimadridismo— de muchos de los periodistas allí presentes, viera la luz. El comentario más repetido entonces, y en las horas posteriores, fue el siguiente: “No llegamos al partido”.

Se referían, nos referíamos, al Real Madrid-Manchester City, que se iniciaba a la misma hora de los telediarios: las nueve de la noche. Una circunstancia a la que no dieron ninguna importancia ni Pedro Sánchez, ni Quim Torra, ni sus respectivos equipos. Pero sí los redactores y cámaras que echaban la tarde en Moncloa.

Con el paso de las horas, la sospecha se convirtió en evidencia: entre las declaraciones de Torra y Montero, y la vuelta a casa, ya había que pensar en ver el partido de vuelta de la eliminatoria. Fue entonces cuando un compañero dijo La Frase: “Esto con Mariano Rajoy no pasaba”.

La carcajada de los que estábamos alrededor no pudo estar más justificada. Efectivamente, el expresidente jamás hubiese puesto una cumbre para solucionar “el conflicto catalán” en día de partido. O, al menos, hubiese buscado otros horarios. Y no lo digo yo, lo dice la hemeroteca: histórico fue, por ejemplo, su viaje a Polonia para ver el debut de la Selección en la Eurocopa de 2012 con el rescate de Bruselas a los bancos españoles recién aprobado. Las explicaciones, y las reuniones pertinentes, las pospuso para la semana siguiente.

En el caso que nos ocupa ahora, además, existe el agravante de que Quim Torra rechazó la fecha inicial para celebrar la mesa de gobiernos propuesta por Moncloa: el pasado lunes 24. Sánchez, entre los diferentes días alternativos planteados por el president, eligió el miércoles 26, con el riesgo evidente de que el pospartido coincidiera con el partido del Madrid en la Champions.

Algunos compañeros justificaban esa decisión en la escasa afición al fútbol del actual presidente, al que le tira más el baloncesto y el Estudiantes. También se recordó en Moncloa la “escasez de madridistas” en el Consejo de Ministros y más aún en la mesa de gobiernos, donde probablemente no hubiese ningún aficionado del Madrid.

Más allá de los colores, también políticos, la estrategia de Sánchez no difiere tanto de la de Rajoy. Ambos, y sus asesores, son conscientes de que un buen partido de fútbol puede tapar tanto un rescate a la banca como una reunión polémica. Y en Moncloa siempre se ha jugado con eso.

El expresidente, eso sí, al ser un aficionado más, y no ocultarlo nunca, parecía ajustar más los horarios para que ni él, ni nadie, se perdiera el partido. Y eso, la verdad, es de agradecer…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here