Miguel Ors. FOTO: LUIS CÁRCAMO

A los 91 años a Miguel Ors le sigue apasionando su profesión de periodista. Aunque no le atrae tanto la España que le rodea. Son otros tiempos, otro fútbol y otra edad. Después de sus reflexiones sobre el Real Madrid y Santiago Bernabéu, Ors conversa sobre periodismo, política y deporte.

—¿Cuál es su visión actual del periodismo?

—El periodismo nunca ha sido una profesión para ganar dinero. Yo no he ganado dinero y he trabajado como un loco. En la época de Franco, trabajaba en televisión, en Pueblo y en la radio. Y mire, no tengo dinero. Porque los sueldos antes eran insuficientes. En 1936, cuando empieza la Guerra Civil, España era un país muy atrasado y sólo había tres castas: la militar, los grandes terratenientes y la Iglesia. Eran los tres poderes que existían. En la época de Franco se crearon las clases medias, inexistentes en España. Si hubiera habido clases medias en 1936 estoy convencido de que no habría habido Guerra Civil. Además, Franco no organizó la Guerra Civil, sino que se opuso a ella en principio. Pero esto no lo cuentan porque la historia se manipula. Yo soy de Barcelona y cojo ahora los textos de historia y me caigo de espaldas. Mucho de lo que leo es mentira… Pero me preguntaba por el periodismo… El periodismo es una vocación. Yo soy un hombre muy feliz por haber tenido la suerte de haber vivido del periodismo.

—¿Cuál es su opinión de José María García?

—Él entró en Pueblo por Bobby Deglané, que habló con Emilio Romero. Yo necesitaba gente en deportes y me habló de este chico. Era muy voluntarioso y trabajador. No falló nunca. Y tenía imaginación. Él estaba siempre al pie del cañón. En Pueblo funcionó muy bien. Levantaba noticias y hacía bastante bien los reportajes. El problema viene cuando se traspasa la línea roja, pero prefiero pasar a otro asunto.

—¿Por qué a la Selección española le costaba tanto ganar antes de la Generación de Oro de los Xavi, Iniesta…?

—No te lo puedo explicar. Cuando España fue al Mundial de Chile llevaba una Selección impresionante, pero fracasó. Ahora ves los partidos de muchos equipos y tampoco te explicas cómo son capaces de jugar tan bien un día y tan mal otro. Creer en el fútbol es más difícil que creer en Dios, como decía Bernabéu.

—¿Tuvo algo que ver Luis Aragonés en el cambio de mentalidad en el fútbol español?

—No, Luis Aragonés tuvo suerte. Del Bosque empezó el Mundial perdiendo, pero había varios jugadores fabulosos: Xavi, Iniesta o Villa, que jugaba en el área. Fíjese, ahora los delanteros no juegan en las áreas. El fútbol actual no me gusta, porque no es bello. Y cuando no ves un partido de fútbol bonito, te aburres. Antes se jugaba por los extremos y era un fútbol abierto y vistoso. Ahora, todos juegan por el centro. El Madrid y el Barcelona, por ejemplo, tienen laterales que hacen de extremos. Vinicius es el único que juega pegado a la banda. Y hay que ponerlo, porque cuando sale, la lía. Se echan en falta los extremos puros.

—Hablando de l Barça, ¿le pareció oportuna la destitución de Valverde?

—Lo que le hicieron a Valverde me pareció fatal. Un entrenador que ha ganado dos Ligas, una Supercopa de España y que tenía al Barcelona líder y vivo en Champions y en Copa…. No se engañen, el Barcelona actual es Messi. El fútbol es muy complicado…

-—Usted ha visto otro fútbol y otros futbolistas: Di Stéfano, Gento… ¿cómo eran?

—Cuando Gento llegó al Madrid no era muy bueno técnicamente, pero corría como nadie la banda. Era una liebre. Un día se le ocurrió jugar por el centro y Di Stéfano le dijo que se volviera de inmediato al extremo. Los que hicieron futbolista a Gento fueron Di Stéfano y Rial. Le cuento: en la final de la Copa de Europa entre el Real Madrid y el Eintracth de Frankfurt la gente pensaba que el Madrid iba a golear. Sin embargo, los alemanes marcaron primero. Di Stéfano agarró el balón, lo colocó en el centro del campo y se lo pasó a Gento, al tiempo que le gritaba: “¡¡Corre, corre!!”. Ya saben lo que pasó luego. El Madrid ganó 7-3…

—Esos extremos puros se han perdido.

—Enrique Collar, del Atlético de Madrid, y Gento jugaban pegados a las bandas. El fútbol inglés ha copiado un poco el nuestro y ha sido para peor. Era divertido ver a esos extremos porque creaban peligro. Ahora no regatea nadie. No saben pasar el balón. Al Barcelona le quitas a Messi y es una porquería.

—¿Quién ha sido más importante para el fútbol español, Del Bosque, Luis Aragonés o Guardiola?

—Cada uno en lo suyo. Guardiola ha tenido suerte. Muchas veces, los entrenadores son lo que son gracias a los futbolistas. Él se encontró con un equipo maravilloso. Ahora en el City no da una en Europa, veremos contra el Madrid. La conjunción de entrenador y vestuario es muy difícil. Cuando se da esa conjunción, el resultado son equipos fabulosos. Del Bosque no era un entrenador maravilloso, era un buen gestor de vestuario.

Le pregunté a Miguel Muñoz cuál era su secreto para durar tanto en el Real Madrid y me respondió: «Hacer lo que quieren los futbolistas»

—Igual que Miguel Muñoz…

—Miguel Muñoz ha sido el entrenador que más ha durado en el Madrid, doce o trece años. Con él tuve muy buena relación. Era un poco engreído. Un día le pregunté cuál era el secreto para durar tanto en el Madrid. Me dijo: “Yo hago lo que quieren los futbolistas”. Tenía la misma habilidad que Helenio Herrera. A Helenio también le pregunté y me dijo que su secreto fue uno: “Presumir de lo que no soy”.

—¿Es partidario de la continuidad de Simeone?

—No lo sé. A mí Simeone nunca me ha gustado, porque su fútbol es lo contrario a lo que yo pienso. Yo creo que la mejor defensa es un buen ataque y él lo contrario. A nivel de estética, no me gusta el equipo. Hay partidos en los que el Atlético de Madrid me hace bostezar. Muchas veces no aguanto un partido entero.

—¿Cuál ha sido el mejor equipo que ha visto?

—La selección de Brasil en Suecia 1958 y en Chile 1962. Ese es el mejor juego que he visto, el jogo bonito. Esos sí que jugaban por los extremos. Si hablamos de clubes, el mejor ha sido el Barça de Guardiola. Ahora muchos equipos juegan a no perder en lugar de ir a ganar. Y a mí eso no me gusta.

—¿Quién ha sido el mejor deportista de la historia de España?

—Ahora se habla mucho de Marc Márquez. Un día a Ángel Nieto le pregunté si no tenía miedo jugándose la vida. Me contestó que el motorismo es como el amor: se siente. Si uno siente miedo, no sirve para la moto. Pero a lo que iba. En mi opinión, Nadal es la conjunción del perfecto deportista. Tiene voluntad, tenacidad, talento, trabaja muchas horas y es humilde. El problema de la fe existe en el deporte. Y no me refiero sólo a la fe religiosa, sino a la fe en uno mismo. En el periodismo pasa igual: o sientes devoción por el periodismo o no eres periodista. Mire, es muy difícil ser periodista. Cuando empecé a escribir, conocí a Camilo José Cela. Era muy amigo del presidente del Banco Central, Alfonso Escámez. Alfonso le preguntó a Camilo por qué le costaba tanto escribir. Él le respondió que escribir era fácil, lo difícil era saber cómo escribir.

—También se relacionó con Paco Umbral…

—Umbral era amigo de Camilo. Umbral decía que el artículo tenías que empezarlo con algo que llamara la atención en las dos primeras líneas. Él decía que tenía un defecto, que era muy barroco y lírico. Y que eso le hacía mucho daño. Pero que había conseguido algo extraordinario: no defraudar al lector que le leía con un poco de atención. Siempre había un adjetivo o una frase que le daba calidad al artículo. Si coges ahora los textos de Umbral, te das cuenta de que tiene cosas que no posee ningún articulista. Es sí, Umbral era muy mentiroso, no como Cela. Cela se levantaba a las siete y se ponía a escribir desde las ocho hasta las doce. Antes de ponerse a escribir, leía entre 10 y 20 minutos. Tenía unas lecturas de cabecera, que eran tres libros. No me dijo cuáles eran. Leía uno de esos tres libros para inspirarse. Alguien, no recuerdo quién, decía que escribir es plagiar porque escribimos en base a lo que leemos. Escribir bien y con ángel es muy difícil. Luego hay que ser original. En La Razón, yo mezclo mucho la política con el deporte. Me he encontrado con la sorpresa de tener muchos lectores.

Camilo José Cela leía cada mañana tres libros para inspirarse, pero nunca quiso decirme cuáles

—Tiene muchos lectores a pesar de no estar en las redes sociales.

—No he entrado nunca en una red social. Ni entraré. Estuve cuatro años en El Economista y me decían que me abriese cuentas de redes sociales. Pero no quiero. Sé que es la moda; sé que es lo que hoy tiene poder, pero es una jauría de leones y tigres. No entro en ese mundo porque no me gusta. Lo que sí procuro es hacer caso a lo que me dijo Umbral: empezar el artículo con un adjetivo o una frase que llame la atención. Porque un artículo largo, si no tiene gracia y no está bien escrito, aburre. Hay que escribir corto, porque largo no te lee nadie.

—¿Cuándo cree que morirá el papel?

—Le doy dos o tres años de vida. Nadie compra el periódico. Los domingos, por curiosidad, pregunto en los quioscos cuántos periódicos han vendido. La Razón, donde yo escribo, vende tres, cuatro, cinco periódicos. En Madrid había 3.500 quioscos y quedan 300. El año que viene quedarán la mitad. La gente no lee periódicos. Es muy triste, pero es así. El gran verdugo del papel ha sido la digitalización. Eso hay que aceptarlo. Yo tengo curiosidad por la digitalización, pero en cuanto veo que un artículo es largo no lo leo.

—¿Por qué han perdido tanto prestigio los periodistas?

—Antes no teníamos competencia. No había televisión.

—La profesión de periodista es de las peor valoradas por los ciudadanos.

—Es que se emiten unas cosas en televisión… El Chiringuito lo vi una vez y, mire, yo no puedo ver eso. Es una vulgaridad y una ordinariez impresionante. Las tertulias en las televisiones son horrorosas; son barrocas. La mayoría de los que están no saben hablar. Ni expresarse lacónicamente. Un día que habló Pedro Sánchez puse la tertulia del 24 Horas y de la Cope y las quité al momento. En mi época había unos columnistas maravillosos, también en el deporte. Marca tenía a Antonio Valencia, Vicente Coello, Manolo Alcántara… Eran periodistas como la copa de un pino. Eso ha desaparecido. Actualmente, son muy barrocos escribiendo.

El mejor articulista de España ha sido Julio Camba. Eso sí, era un tipo con muy mala leche

—¿Quién ha sido el mejor articulista de España?

—Me quedo con Julio Camba. Tenía ironía, gracia y escribía con sencillez. Eso sí, era un tipo con muy mala leche. Camba escribió muchísimas piezas en ABC y un día le dijo Luis Calvo, que era el director, que había escrito un artículo maravilloso. Julio le contestó que como le volviese a insultar no escribiría más en el periódico.

—Ese tipo de periodistas se ha perdido.

—Ignacio Camacho escribe muy bien, pero es denso. Un escritor que escribía maravillosamente, porque no era barroco, era Miguel Delibes. Si coges ahora Diario de un cazador, te partes de risa. Además, es cómo escribe. Lo difícil es eso. ¿Qué se entiende por cómo escribir? Que guste, que caigas bien a la gente, que tengas sencillez, que se te lea fácil…

—Gistau era otro ejemplo.

—Su padre era amigo mío. Trabajó en Pueblo como abogado. Era un caballero, un personaje fabuloso. En el periódico hicimos muy buena amistad los dos. Yo le quería mucho. Era un hombre complicado anímicamente, no sé por qué. Algo le pasaba. Con el hijo hablé una vez, pero no tuve trato. Escribía muy bien.

—Usted también conoció a Hemingway.

—Lo conocí en El Espinar, porque iba con Luis Miguel Dominguín. El empresario de la plaza de toros de El Espinar me dijo que venía Hemingway. Había leído de él dos o tres cosas y me había gustado mucho. Me encontré con un hombre muy pesado, gordo. Me decepcionó. Encontré un hombre muy mayor. No decía nada y no me hizo mucho caso, la verdad. Yo tenía 19 años, era un crío. En Pamplona, lo volví a ver. Fui allí con motivo de un partido de fútbol y él iba a una corrida de toros. Me acerqué y le saludé. Era muy correcto. Hablaba cinco o seis idiomas y era un hombre inteligentísimo. Cuando le contaron que tenía cáncer, se suicidó. Le preguntó al médico si tenía solución y le dijeron que era un cáncer terminal. Le quedaban siete u ocho meses de vida y se pegó un tiro. Él escribía con mucha facilidad.

—Cuando llegó a la televisión en 1957, ¿se veían más los toros o el fútbol?

—El fútbol. Los toros creo que desaparecerán. Se perderán con esa idea de no maltratar a los animales. Aquella era una España diferente. No te puedo decir cuál es mejor. En la España de Franco fui feliz, quizá porque era joven. Hay dos etapas en la vida: la niñez, hasta los siete años, en la que no te enteras de nada y no sabes qué es el dinero o si una casa es buena o mala… Los niños son los más felices del mundo. Y luego hay otra etapa que es la profesional, y en esa tuve la suerte de estar en Pueblo y de trabajar con capitanes de mucha categoría como Luis María Anson, Emilio Romero… A Romero le adorábamos todos: los nacionales, los rojos, los satánicos y los divinos…

—¿Era muy retorcido Emilio Romero? Hay quien piensa que es algo necesario para ser director de un periódico.

—Decía que la oficina del periodista es la calle. Y es verdad. Había un fotógrafo en Pueblo, Raúl Cancio, que entró con 19 o 20 años y era divino ir con él por ahí. Solíamos ir juntos siempre. Él siempre me decía, conforme fueron avanzando los años, que esta no era nuestra España, la España que habíamos vivido de jóvenes.

—¿Cuál cree que es el mejor periódico de la democracia? ¿Y el mejor director de periódicos?

—Actualmente, los periódicos están totalmente politizados. He sido fan siempre de Luis María Anson. Yo fui a ABC porque él me llamó. A mí me gustan los periódicos y los periodistas liberales. No me gustan los periodistas ideologizados. Por eso cuando veo la televisión no aguanto las tertulias. Porque unos son muy de derechas y los otros muy de izquierdas. Sabes lo que van a decir antes de hablar. Ser liberal y objetivo es muy difícil. El periodista es él mismo y las circunstancias que ha vivido, sufrido… Se respira por esas heridas. Mire, hay un comunista al que le tengo una gran simpatía: Julio Anguita. Ahora está escribiendo en El Economista porque lo recomendé yo. Es un comunista teórico. He tenido muchas conversaciones con él; en alguna ocasión le dije que una cosa es ser divino y otra es ser humano. Él defiende la igualdad. Y yo también. Pero Dios no nos ha hecho iguales. La igualdad no existe, ni ha existido, ni existirá. Lo que hay que procurar es lograr la menor desigualdad posible. Si no nacimos todos iguales, no seamos utópicos.

­—¿No ha encontrado ningún periódico que sea liberal?

—Actualmente, no me gusta ningún periódico. De la democracia para acá, el único periódico que he leído siempre es el ABC. El País con Cebrián también lo leía.

—Cebrián empezó en Pueblo.

—Cebrián comenzó en Pueblo con 19 años. Se fue a El País y me dijo si me quería ir con él, pero le dije que no me iba de Pueblo. Porque quería seguir con Emilio Romero. Cuando Romero se fue de Pueblo y fundó El Imparcial, me marché con él. Duré dos años en ese periódico. El Imparcial no me gustaba porque Emilio Romero estaba muy limitado, no tenía fondos. De hecho, tuvo que cerrar al poco tiempo.

—Otro director de periódicos en democracia ha sido Pedro Jota Ramírez.

El Mundo me gustaba. Pero ya le digo, ahora están todos los medios muy ideologizados. Ese periódico, que antes fue Diario 16, donde empezó Pedro Jota, era muy avanzado. Fueron grandes momentos. El Mundo de Pedro Jota me gustó siempre, lo que pasa que luego él se desvirtuó. Perdió el liberalismo; empezó a hacer el periódico en función de una serie de compromisos y de presiones. Por eso perdió la dirección del periódico. Actualmente, es muy difícil que un periódico sea liberal. No hay ninguno que sea liberal. El ABC es completamente de derechas y atiza mucho a la izquierda. No soy hombre de izquierdas, pero no me gustan muchas cosas que se escriben en ABC. En El País pasa lo mismo: es izquierda, pero una izquierda recalcitrante. Así no se puede hacer periodismo.

—¿Cómo se arregla el problema de Cataluña?

—No sé qué pueden hacer. Yo he nacido en Barcelona y sí sé cómo lo arreglaría: aplicaría el 155 y metería en la cárcel a los culpables.

—¿Existía ese problema catalán cuando vino a Madrid?

—Los catalanes son muy inteligentes. Madrid ha sido una villa hasta hace dos siglos; Barcelona ha sido siempre una gran ciudad. El catalán es muy negociante. Ellos se consideran muy superiores a los madrileños y lo comprendo. Porque Barcelona ha sido una ciudad europea siglos antes que Madrid. Por esa razón no entienden la dependencia hacia una villa como Madrid. Cuando vine a estudiar Derecho a Madrid, la calle Princesa era una montaña… imagine, otros tiempos…

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