La subjetividad es al fútbol lo que el gusto a un concurso de tapas en el Madrid de los Austrias. ¿Quién ha sido mejor, Xavi o Iniesta? ¿Baresi o Maldini? ¿Modric o Stielike?…

Así que si ya es difícil responder cuando comparamos a un jugador excelso con otro del mismo palo, la pregunta más complicada sería la de quién es el mejor de la historia.

Para ser claramente el mejor, quizá,  se ha de jugar como Maradona, tener el gol de Pelé y poseer el carisma de Di Stéfano. Ser tan determinante en el campo como el jefe absoluto que te hace conseguir metas imposibles sin su presencia.

Libra por libra, Messi, seguramente juega mejor que lo hizo cualquiera de los tres grandes, pero no se puede hablar del elegido, si no se reúnen las tres condiciones. Ser el más grande es imposible si no eres el gran capitán. Noches como las de Roma o Liverpool echaron en falta a ese líder que se echa, ya no sólo al equipo, sino al club entero a la espalda. Hablamos del que más derecho tiene a firmar en el libro del fútbol.

Es cierto que Leo hace mejores a los suyos. Soluciona problemas del juego con un pase en ventaja, inventando un gol de bandera o rompiendo líneas con un regate imposible. Messi ha nacido para el fútbol y es el único al que este deporte le llama de usted,  pero casi siempre da la sensación de ser Zeus reprendiendo a Teseo. Los dioses no están para resolver los problemas cotidianos, sino para exhibir el rayo y decantar las  batallas. Sin embargo, Maradona hasta cogía del pecho a algún directivo si sus compañeros se quejaban de que la comida estaba sosa.

A Messi le falta carisma. Y no confundamos el no tenerlo con la ausencia de poder. Leo hace que se tambalee la planta noble con diez líneas en Instagram, pero que bonito sería que, por ejemplo, el mensaje a Abidal hubiese sido delante de un micrófono. Leo utilizó una red social cuando la situación pedía un líder que mirase al aficionado a los ojos. ¿Qué hubiese hecho Puyol?

A Leo también se le echa de menos en las ruedas de prensa después de las derrotas amargas. Reconozcamos que tampoco lo hace en las victorias, pero al gran jugador cuando más se le necesita es cuando vienen mal dadas.

Con un Messi más proactivo en el mensaje, seguramente Cristiano no tendría tantos Balones de Oro. Con un Leo más motivador, el Barça no estaría cesando entrenadores hasta tocar orejona. Con un Messi en gran centurión, Argentina hubiese bebido del cáliz mundial o, en su defecto, tendría más Copas de América en sus vitrinas. Como decía Kissinger: “Te llevaré donde nunca has estado”. Eso es un líder.

Leo es un enorme jugador de fútbol. Tremendo, determinante y fastuoso. Pero para ser el mejor de la historia aún se necesita más. A fin de cuentas, hablamos de situarle en el vértice de la pirámide. No es moco de pavo. Mi conclusión es que lo justo es meterle al lado de Pelé, Maradona y Di Stéfano. Pero no por arriba. Los tres grandes ya pueden jugar al mus en una partida imaginaria. Ya son cuatro en la misma mesa. A Messi le sobra fútbol, pero le falta carácter.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here