Obligado a ganar ante la victoria y el +6 del Real Madrid. Obligado a una alineación absolutamente previsible ante la acumulación de bajas. Y obligado a jugar bien ante los recientes aluviones de críticas al juego pasivo. Así afrontaba el Barcelona el último partido de la jornada. Por suerte, el rival era casi propicio. Un Levante que había perdido en todas y cada una de sus visitas al Camp Nou y que, además, se encontraba en una posición tan cómoda en la tabla que no le importaba plantear un partido de tú a tú. Agradece el público culé que, de vez en cuando y siempre que no sea el Real Madrid, el rival de turno venga a jugar al fútbol en vez de plantar el acostumbrado autobús.

Agradecieron los del Pasiego las buenas intenciones visitantes para desplegar un juego algo más vistoso pero con el cansino ritmo habitual. El metrónomo de Sergio Busquets ha pasado en estos 10 años de un allegro prestissimo con fuoco a un andante moderato casi andantino. Al menos los huecos que dejaba la defensa visitante servían para demostrar que Semedo es más y mejor lateral derecho que Sergi Roberto, acaso por el simple hecho de que Sergi Roberto NO lo es. El portugués se puso el traje de Cafú durante toda la primera parte y si dejó de sumar un par de asistencias a su estadística particular fue por la hoy espantosa puntería de El Hombre Gris, quien parecía empeñado en hacer paredes o en asistir al Hombre Invisible.

A la vista de la noche aciaga del francés, Messi optó por buscarse un socio más fiable en la noche dominical. Tras la primera combinación con Ansu Fati, repelida a lo Mazinger Z por Aitor, el argentino concluyó que él tampoco tenía su día de cara a portería. Tocaba plan B: si ya fue el mejor asistente de la década pasada, tocaba seguir siéndolo en la recién comenzada. Como hizo Ronaldinho en su día con él, apenas 100 segundos le bastaron a D10S para señalar el hueco donde encontrar la última veta de la casi extinta cantera azulgrana. Ninguno de los dos disparos del de Bisáu fue especialmente brillante: ni el primero con la derecha ni el segundo con la izquierda. Pero como el gol se tiene o no se tiene, el resultado fue el mismo: balón entre las piernas de Aitor al fondo de la portería. El adolescente se convertía así en el jugador más joven que marca dos goles en la Liga y sumaba otro récord de precocidad a su colección.

2-0 y sensación de resultado corto. Ecosistema perfecto para dedicarse a sestear en la segunda parte. Y dado que las piernas de los muchos treintañeros que había en el campo no permiten mucho más desgaste, el Barça aceptó la invitación de Morfeo. Por su parte, el Levante, que había participado casi como un espectador de lujo hasta ese momento, decidió aportar su granito de arena al espectáculo. Comenzó a acercarse a la portería de un Ter Stegen que, siempre de guardia, no entiende de siestas ni relajaciones. Sus intervenciones impidieron a los visitantes entrar antes en el partido, y bien que lo agradeció su equipo: el postrero 2-1 marcado por Rochina en el minuto 92 desnudó nuevamente a los azulgrana. Quedaban dos minutos de descuento para demostrar que la posesión sirve realmente para defenderse. Ni con cinco centrocampistas (en ese momento ya habían entrado Arthur y Riqui Puig) fue capaz el Barça de mantener el balón e impedir un último (e inocuo) ataque levantinista pero que dejó en el aire la incógnita de qué habría pasado de haber marcado cinco minutos antes. Preocupante.

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