Desde que Laso es entrenador, cada temporada el Madrid acostumbra a ofrecer un mes o dos de rendimiento irregular, en una especie de respiro –casi siempre invernal- que favorece la acumulación de agoreros que poco después quedarán desmentidos, una vez regrese la velocidad de crucero. Las fluctuaciones, tanto dentro de los partidos como a lo largo de la campaña, constituyen uno de los sellos más definitorios del equipo del vitoriano, hasta casi rozar el chascarrillo. De modo que un puñado de derrotas en enero no debiera justificar las luces de alarma que la afición blanca encendió tras el esperpéntico último cuarto ante la Penya el domingo. No obstante, el problema no deriva tanto de los resultados concretos como de las sensaciones.

El Madrid comenzó ligeramente trabado, sin que el Baskonia necesitase de una defensa especialmente dura para complicar los ataques merengues. Las canastas iniciales aisladas de Taylor y Randolph llegaban más por la falta de acople inicial de los vascos que por mérito madridista. En cuanto los rojinegros se asentaron, la fluidez local desapareció. Shengelia y Eric cerraban por dentro, y Janning castigaba por fuera. Ivanovic tiene un equipo hecho de retales, pero es mejor sastre que la mayoría: solo así una plantilla con carencias puede sobrellevar tan dignamente ausencias como las de Vildoza o Granger. En el otro lado, Campazzo dio muestras de agotamiento, acaso más mental que físico, y el drama vikingo surgió en todo su esplendor. Sin el argentino titular, Laprovittola –ayer no estaba- y Llull, por motivos diferentes, no están a la altura. Tan simple como duro de escuchar.

Los cero puntos en el casillero de Llull se agravaban con la idéntica cifra en la cuenta particular de Rudy, que al menos se aplicaba en defensa. Con un porcentaje en triples paupérrimo, Laso prefirió no darle entrada a Carroll, se ignora si por castigo ante el bajo rendimiento del mormón o por falta de fe. Los puntos en ataque los aportaba Thompkins, único tirador a quien el aro no expelía los balones, y atrás el Madrid se aguantaba por la envergadura de Tavares, cuya leyenda ha alcanzado cotas en las que intimida solo con la sombra. Unos buenos ataques tras el descanso, con un ritmo más alto gracias a alguna galopada de Deck, resultaron un espejismo. El Baskonia permaneció impasible, fiel a su plan de ralentizar el juego, y el Real no tuvo herramientas para modificar el insulso guion.

En las filas baskonistas destacó Shavon Shields, que aparecía por todos lados en un ejercicio de solidaridad y ayudas encomiable, y la defensa impetuosa de Sergi García, que no se amilanó y aprovechó el bajo momento de los bases del adversario. Por su parte, Zoran Dragic dejó algunas buenas acciones, pero sin liderar con consistencia el ataque vasco. Christon se cargó muy pronto de faltas, y aunque aguantó la quinta personal hasta el último período, la inteligencia de Campazzo consiguió mandarlo al banquillo los minutos decisivos. Para entonces al Madrid le había dado tiempo a fracasar ofensivamente con casi todas sus alternativas: ni siquiera los comodines de Causeur y Randolph se hallaban disponibles. Con empate a 62 y un parto en cada posesión, Facundo asumió la responsabilidad en varios ataques consecutivos, forzando tiros libres y asistiendo al único inspirado, Thompkins. Puntos con cuentagotas obtenidos gracias a los rebotes ofensivos de Tavares, verdadera red de seguridad de tanto trapecista poco inspirado. Sin embargo, cada canasta era respondida con dolorosa facilidad  por Toko o por Shields. Entonces, a falta de 4,9 segundos y empatados a 69, cuando todo el Wizink Center se resignaba a sudar sangre en la prórroga, una ridícula falta de Stauskas a Campazzo le regaló dos tiros libres absolutamente inesperados. El cordobés no los desaprovechó, y pícaramente falló a propósito el segundo, dejando sin tiempo la posible contestación. La prueba de que la vejez nos suaviza a todos es que Ivanovic no disparó a su jugador tras el sonido de la bocina.

Se acerca el tramo importante del año con una plantilla repleta de dudas, algunos jugadores desconectados, otros fundidos físicamente, y otros en plena crisis existencial. Uno ha visto demasiadas veces al Madrid de Laso como para apostar en su contra en la próxima Copa del Rey de Málaga. Aunque hasta Pedro tuvo que enfrentarse al lobo verdadero alguna vez. Y, este año, el lobo azulgrana tiene colmillos auténticos. 

2 Comentarios

  1. En cuanto Heurtel entre en dinámica … Yo creo que el Barça hace doblete en Liga y Copa. En Europa dependerá de como llegue a la F4 Anadolu y Larkin.

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