Cuando un gran equipo como el Real Madrid pierde en un campo como el del Levante el primer impulso (casi un movimiento reflejo) es enumerar los errores, repartir culpas y espolvorear la crítica de reproches varios. Depurar responsabilidades nos ayuda a entender el fracaso y nos libera de la angustiosa incertidumbre del caos. Sin embargo, el fútbol nos ha enseñado a lo largo de los años (casi dos siglos) que hay derrotas inexplicables cuya responsabilidad recae única y exclusivamente en el contrario, o para ser más exactos, en un contrario que, arrebatado por las musas, inclina súbitamente la balanza. El único culpable de la derrota del Real Madrid fue José Luis Morales, conocido como el comandante. Lo único que doblegó al Madrid fue un gol extraordinario consecuencia de un golpeo insensato que no dibujó una trayectoria, sino una formidable sorpresa. Nadie, absolutamente nadie, creyó que tuviera futuro aquella ocurrencia, salvo, quizá, el autor de la misma. Y digo quizá.

Eso mató al Madrid y no otra cosa. Acepto que la falta de gol es el problema que expuso al al exlíder a ese riesgo improbable. El asunto no es nuevo. Desde que se fue Cristiano hay que matar osos con cuchillos de postre. Pero más allá de esa enfermedad diagnosticada, el Madrid no hizo nada mal, más bien al contrario, lo hizo casi todo bien. Movió la pelota con criterio y dinamismo, generó ocasiones de gol y mantuvo durante más de una hora un control casi total del juego. Marcelo parecía el de antes, Benzema el de siempre y Hazard se situaba a la altura de las estratosféricas expectativas. El gol era cuestión de tiempo. Debía serlo. Pero no lo fue.

He señalado a Morales como único responsable de lo ocurrido, pero tal vez me haya precipitado. Hay otro momento clave. La lesión de Hazard pasada la hora de juego, parece que por dar un mal taconazo, cayó sobre el madridismo (incluyo jugadores) como un augurio fatal. Como si de la baraja del tarot se hubiera extraído la carta de muerte. Bajo esa nube negra creció el Levante y se desvaneció el Madrid, que no recuperó la conciencia (ni la consciencia) hasta que Morales marcó un gol digno de Zidane o Van Basten (pocos más).

Es verdad que ya no hubo fuerzas para contestar al destino. Las jugadas de Vinicius fueron descargas eléctricas sobre el pecho de un paciente que no respondía, atrapado, más que por una mala racha, por una negra premonición. En la curva más cerrada de la temporada, al Real Madrid se le ha reventado una rueda. Por la simple razón de que las ruedas revientan. Por lo que sea, pero revientan. Así que me niego a señalar a Zidane como responsable. Tampoco pienso culpar a los jugadores, los mismos que completaron una excelente hora de fútbol. Fue la rueda, la maldita rueda, si ustedes quieren. Un accidente, como el empate del Celta. El fracaso sólo será cierto si el madridismo (incluyo jugadores) se deprime ahora, o si comienza una caza de brujas en busca de culpables que no existen. No ha pasado nada. Solo son piedras en el camino. Morales tiró una y rompió un cristal.


Ficha técnica

1 – Levante: Aitor, Miramón, Bruno, Postigo, Toño; Bardhi, Campaña, Vukcevic, Mayoral (Sergio León, m.88), Roger (Melero, m,67) y Morales (Pablo Martínez, m.80).

0 – Real Madrid: Courtois, Carvajal, Ramos, Varane, Marcelo, Casemiro, Kroos, Modric (Valverde, m.82), Isco (Lucas Vázquez, m.73), Hazard (Vinicius, m.67) y Benzema.

Gol: 1-0, m.79: Morales.

Árbitro: Alejandro José Hernández Hernández (Comité canario). Mostró tarjeta amarilla al local Roger y a los visitantes Ramos y Casemiro.

Incidencias: partido de la jornada 25 de LaLiga Santander disputado en el estadio Ciutat de València ante 23.667 espectadores. En los prolegómenos del partido se guardó un minuto de silencio en memoria del dramaturgo Juan Alfonso Gil Albors y del exjugador del Levante Manuel Campuzano. 

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