Antes de Guardiola, incluso antes que Johan Cruyff estuvo él. Laureano Ruiz (Santander, 1937) puso la simiente en 1972 que luego regarían y desarrollarían otros. También la primera piedra de La Masía, orgullo azulgrana que ahora sufre los convulsos tiempos de la entidad. Pero este cántabro, enamorado de la Generación de Oro de Hungría sigue defendiendo a capa y espada el rondo que él instauró en Barcelona: «Ahí está todo lo que se necesita para entender el juego de posición». Con el descubridor de Iván de la Peña, Munitis o Helguera abordamos también el rumbo del fútbol actual desde el Liverpool de Klopp al Madrid de Zidane, sin dejar pasar la oportunidad de preguntarle por otro cántabro que acude al rescate del Barça: «A Quique lo conozco bien y sabe lo que hace, ahora le tienen que dar tiempo».

—Usted empieza a entrenar muy pronto. Se retiró con 28 años como futbolista pero el veneno del banquillo lo llevaba alimentando desde que era muy joven.

—De chaval quería ser jugador pero con 15 años ya era jugador y entrenador de los juveniles del Racing de Santander. Y luego he ido manteniendo la dualidad hasta que finalmente me retiré. Y ahí ya me dedico únicamente a ser entrenador. He disfrutado mucho también en esa faceta.

—¿Qué vio Agustí Montal (Presidente del Barça entre 1969 y 1977) en usted para que fuera a buscar un cántabro para que reflotara su cantera?

—Se dieron una serie de circunstancias. Había un jugador que me conocía, que había entrenado conmigo en el Racing, Juan Carlos Pérez se llamaba y había llegado a Barcelona el mismo verano que Montal había ascendido a la presidencia. Fue él quien le habló de mis métodos al presidente Montal . Es curioso porque en Santander no terminaba de cuajar como futbolista, aquí no le quería ver nadie, y tras un año conmigo le terminó fichando el Barça. En Barcelona la situación era muy mala en los juveniles. Entonces Juan Carlos habla con el presidente, le dice que yo soy el idóneo, el ideal para cambiar la situación. Fue tras aquella famosa derrota del Barça juvenil frente al equipo de la Damm cuando el presidente pronunció esa frase y vinieron a buscarme: “Que nos gane un equipo de fútbol, bien; pero que nos gane una cervecera, eso ya no”.

—¿Qué se encuentra usted cuando llega allí?

—Cuando llegué a Barcelona me encontré con seis jugadores que habían pasado del infantil, todos los demás terminaban por edad. Me sorprendió que no hubiera una escalera para que no hubiera tantos vacíos entre los chicos que salían y entraban. Y me dijeron: «No, no, es que nuestros equipos tienen que ser campeones y eso es lo único que importa”. Les contesté que entonces no ganarían nada y que para ganar había que montar una estructura. A partir de ese momento fuimos formando la base para hacer esa escalera y que todos los equipos estuvieran alimentados de jugadores.

«En Barcelona los querían grandes, fuertes, luchadores. Esto todavía no ha desaparecido del todo»

—Y sobre el estilo Barça, ni rastro, imagino.

—Luego nos centramos en la forma de jugar. Allí lo que querían eran futbolistas grandes, fuertes, luchadores. Yo, en cambio, considero que lo más importante es la calidad y en ese sentido te puedo decir que ese pensamiento sigue existiendo, que todavía los quieren grandes y todavía son mejor vistos estos que otros.  Todavía se sigue creyendo que el jugador alto tiene sus ventajas, que es cierto que las tiene, pero estoy convencido de que tiene que haber una mezcla y lo comenté cuando España ganó el Mundial. Ahí había una mezcla, también había tipos altos y luchadores, pero está claro que todos altos no.

—Y ante ese panorama usted planta la semilla del juego de posición

—Yo entrenaba siempre con balón, con mi método. Cada día en el entrenamiento tenemos que enseñar el estilo de juego para que los jugadores se vayan apoderando de él y lo mantengan. Por eso hay que entrenar como se juega. Recuerdo un día que estábamos jugando un partidillo y se me presentó Rinus Michels y los cuatro o cinco entrenadores principales del club. Rinus me preguntó: “Oye, ¿tus jugadores físicamente no entrenan?”. Y yo le contesté: ¿Físicamente? ¿Qué están haciendo, entonces? Ellos me replicaron: «Nos referimos a darles la coordinación, el equilibrio, la velocidad que necesitan; hay unos entrenamientos específicos para todo eso». Yo les explicaba que aquí está todo, que no necesitan más: «Algunos de vosotros habéis jugado en el Barça y sabéis que hay un esfuerzo físico, porque hay que correr, hay que superar al adversario, hay que llegar en el momento preciso, no antes o después. Esto es algo que ya veo que no contáis con ello». Estuvimos hablando y creo que tomaron nota, al final de la conversación Michels se despidió diciendo: “Lo que ha dicho Laureano tiene cierta lógica”.

—Pero sin resultados posiblemente su idea no hubiera triunfado.

—Otro de los debate que tuvimos fue sobre el portero, por ejemplo. Ya apostaba por sacarlo del área. Ellos tampoco lo veían claro. Al final les terminé convenciendo con resultados, con los campeonatos que ganamos, durante cinco años consecutivos ganamos el Campeonato de España Juvenil. Más tarde me hicieron coordinador general de la cantera. Eso fue calando en los aficionados y al final no hubo que imponer nada. Todos los equipos de las diferentes categorías fueron copiando el estilo de juego.

«Vi al Honved de Puskas en San Mamés y desde entonces me enamoré de ese juego»

—¿De qué fuentes había bebido o quienes fueron sus referentes entonces para apostar por ese estilo de juego?

—Yo soy un enamorado del fútbol y todo lo que yo sé y aplico a mis equipos viene de la Selección de Hungría, El equipo de Oro de Puskas, Kocsis… De hecho, a la mayoría de ellos les vi en directo en San Mamés. El Honved húngaro, que prácticamente era toda la selección, vino a jugar un partido de Copa de Europa a Bilbao en el año 1956 (3-2 ganó el Athletic Club). Aquel estilo de juego me encantó y eso fue lo que yo intenté implantar  en mis equipos a partir de aquel momento.

—Rinus Michels fue uno de los referentes de los 70, usted tendría grandes charlas de fútbol con él.

—A Rinus Michels le gustaba jugar todos los jueves un partido de entrenamiento con los equipos inferiores. Siempre elegía a los juveniles y casi siempre les ganábamos. Y cuando vino Cruyff, tras jugar un partido de los jueves contra nosotros que les habíamos ganado 2-1, Johan dijo a sus compañeros que tenían que jugar como lo hacían los juveniles. Me lo contó luego Juan Carlos.  (Se refiere a Juan Carlos López que jugó en el Barça desde 1968 a 1975. Había salido de la cantera del Racing de Santander). Cruyff tenía una inteligencia superlativa. Se daba cuenta de todo muy rápido.

—¿Cómo era entrenar a Cruyff?

—Siempre traté a Johan como uno más y de hecho tenía bastante lucha con él. Porque Cruyff quería irse para atrás, bajar mucho a recibir. De hecho en algún partido jugó de líbero, y yo le decía que se fuera para arriba, que si en algún momento yo veía la cosa mal ya le diría yo que bajara al centro del campo para organizar aquello, pero que de momento se mantuviera de cara al área.

—Eso también lo hace ahora Messi, cuando siente que le llegan balones arriba.

—Lo mismo que creía con Cruyff es aplicable a Messi. Él no puede bajar a recibir, tampoco tiene que estar en punta, como no lo estaba Cruyff. Tiene que mantenerse en una zona intermedia, porque si baja al mediocampo le pueden hacer falta más fácilmente y rompen el juego. Si está en su zona de influencia ya van con cuidado de hacerle falta, porque todos piensan que se la va a meter. También le resulta más fácil culminar la jugada, mientras que si está atrás le entran con fuerza y si le hacemos falta no pasa nada.

—A usted le llegó la oportunidad de entrenar al primer equipo tras la destitución de Weisweiler, a mitad de temporada. ¿Tiene la espina clavada de que no le dieran un proyecto desde principio de temporada?

—No, no me quedé con esa espina clavada. De hecho, cuando me ofrecieron entrenar al primer equipo del Barça les comenté que debía ser Rodri, el segundo entrenador entonces, el que continuara hasta final de temporada. Me dijeron que los jugadores no le querían, porque los jugadores en todas las épocas son los que mandan, esto no es de ahora. Entonces el vicepresidente me preguntó si no me atrevía, si tenía miedo de coger el primer equipo del Barça. Le contesté que de miedo nada, que siendo entrenador del Barça lo normal es ganar todos o casi todos los partidos. Yo he entrenado al Racing de Santander en Primera, luchando para no bajar, eso sí que es duro. A mí lo que realmente me hubiera gustado es entrenar a un Barça con un 80% de canteranos, de jugadores formados por mí. Pero bueno insistieron y tomé las riendas del equipo hasta final de temporada.

Laureano Ruiz en la temporada 1975/76 cuando se hizo cargo del primer equipo azulgrana. Foto: FCBarcelona.

—Martí Perarnau lo definió como el abuelo del Barça, siendo Cruyff el padre y Guardiola el heredero como si de una cadena de lo que es el ADN Barça se tratara. Pero usted parece el gran olvidado de la historia culé.

—Me parece muy acertado y una buena manera de recordar que el que empezó esa cadena fui yo. Yo llegué allí en 1972 y me gusta pensar que de esa semilla germinó todo lo demás. La historia recuerda lo que recuerda, yo saqué al portero de la portería para que jugara con los pies. Dos años más tarde, Rinus Michels lo puso en práctica en el Mundial de Alemania 74, y para la historia ha quedado que fue él. Eso me molesta un poco. Él lo copió y eso que al principio era un poco descreído de sacar al portero.

—Ahora el Barça ha vuelto en busca de un cántabro para recuperar la esencia del estilo. ¿Cree que Setién tendrá tiempo para desplegar su libreto?

—Bueno, va a depender de muchos factores. No siempre se tiene tiempo para desarrollar el estilo que tú quieres, lo que tienes que hacer es sacar resultados. Solo los resultados te hacen ganar tiempo. Tienes que optimizar tus recursos para ello. Por ahora tampoco me ha entusiasmado lo que he visto. Sobre todo la defensa porque les meten muchos goles. Y eso que Ter Stegen ha evitado bastantes. Eso es algo raro en un club grande. No puede ser que un club que aspira a ganar títulos viva permanentemente de la inspiración de su portero, en la historia del fútbol eso ha ocurrido pocas veces o ninguna. Es una mala señal para el Barça que Ter Stegen aparezca tanto en la foto.

«En el Barça consideran que se ha perdido el estilo y quieren actualizarlo. No creen que el juego de posición esté caduco»

—Recientemente ha estado usted en La Masía, ¿para qué le han llamado esta vez?

—Me llevaron para que hablara del rondo. Expliqué largo y tendido lo que yo entiendo por esa figura tan fundamental para desarrollar el juego de posición. El club considera que se está perdiendo el estilo que yo cree, y querían ponerlo al día, actualizarse. Desean una vuelta a los orígenes. En el club, por lo menos con los técnicos de La Masía y de las categorías inferiores no creen que el fútbol de posición sea ya un estilo de otra época, un estilo caduco. De hecho en la charla había dos entrenadores del primer equipo, pero todavía no había llegado Quique Setién. Por lo que yo entendí todos creen ese método y lo que desean es actualizarlo. Pero claro, allí ocurría lo siguiente, entre entrenadores, ojeadores y demás, hay entre 15 o 20 que fueron jugadores míos y conocen a la perfección mi método, pero los restantes solo tienen referencias. Por eso quieren tenerlo claro, actualizarlo y que yo lo explique detenidamente. De hecho tengo otra charla prevista para mayo.

Laureano Ruiz en la presentación de su libro, El auténtico método del Barça. EFE

—Ahora el que marca la pauta es el Liverpool de Jürgen Klopp

—Pues a mí no me gusta ni el entrenador, ni el equipo. Es un equipo que no tiene una calidad excesiva, sí que hay mucho trabajo, mucha coordinación entre líneas y un gran despliegue físico. Sobre todo llevan un ritmo alto de juego y encima llevaban mucho tiempo sin perder, con la confianza que supone eso. Pero el Atlético de Madrid, que tampoco es ninguna maravilla, les ganó bien y los ingleses prácticamente no crearon peligros. El Atleti juega a destruir, no a construir, y en eso, sin duda, es uno de los mejores. Si encima en el momento álgido del partido, Klopp decide cambiar a Salah, que para mí es el jugador diferencial del equipo, pues no lo entiendo. Pero esto es una eterna lucha en el fútbol, a veces los mejores son los sacrificados en los cambios.

«Guardiola ha acabado con el contraataque, que es el mejor ataque que hay»

—Guardiola lo está sufriendo en sus propias carnes en Inglaterra

—Ahora tiene un hándicap tremendo con el castigo de la UEFA. Pero sobre el equipo hay cosas positivas y cosas negativas.

—Hábleme de lo que no le termina de convencer de este City

—Guardiola ha acabado con la posibilidad de hacer contrataques. Y ese es el mejor momento para hacer daño al rival, cuando le robas la pelota y le coges descubierto, pero eso Guardiola lo ha ido perdiendo porque su afán como entrenador es preparar el ataque con 15 pases previos, habitualmente en nuestra defensa y ¿qué ha traído consigo eso? Pues que es muy difícil hacer un contraataque. Cuando robas la pelota y empiezas a tocar en defensa todos los contrarios aprovechan para replegarse y colocarse. Eso es lo que vemos ahora porque le han copiado todos los entrenadores y entrar en una defensa poblada frente a once jugadores en su propio campo es complicado. Ante eso solo te queda seguir tocando el balón, pero así creas menos jugadas de ataque, menos jugadas de gol. Normalmente juegan además con la defensa en línea y muy adelantada. Eso creo que es un error, porque con un solo pase te pueden romper tu defensa. Así se plantan hasta dos o tres delanteros solos delante del portero. Y esto es algo que no había pasado nunca en la historia del fútbol. Es más fácil romper una defensa en línea o que los propios defensas puedan cometer un error. Se puede resumir en que hay mucho más peligro cuando han robado la pelota los defensores y comienzan a tocar el balón desde el área. Porque no todos los defensores están preparados para hacer eso y te dan más opciones para que la robes.

—¿Es favorito el Real Madrid en su eliminatoria frente al City?

—Bueno pues es que el Real Madrid tampoco me gusta como juega. Luego marcan goles, ¡eh!, a veces no sabes cómo, pero entre Ramos, Benzema y Bale terminan marcando. Han perdido mucha capacidad goleadora. El Real Madrid no ha cubierto una baja tan grande como la de Cristiano Ronaldo. Y no eran solo los goles que hacía el portugués, es que los rivales estaban tan pendientes de Ronaldo que dejaban más libres al resto, podían lucir más o gozaban de más libertad. Eso todavía lo tiene el Barcelona con Messi. Y mucho de lo que ganaron, además de a Cristiano se lo debían al portero. Y eso que no lo querían y menudas paradas se hacía. Pese a ello Florentino terminó echándolo. Era un actor que parecía secundario pero era fundamental en aquel equipo.

—Messi ya ha dicho que a este Barça no le da para ganar la Champions.

—Mientras que esté Messi el Barça puede ganar la Champions. Messi lo cambia todo. Hay cuatro o cinco equipos que la pueden ganar y uno de ellos es el Barça.

—¿Qué equipo en la actualidad le gusta ver? ¿Cuál tiene un juego más atractivo para usted?

—Me gusta el Paris Saint Germain, gracias en gran medida a Mbappé, que me parece un jugador diferente, de los que ganan partidos por sí solos. Este año además tienen un equipo muy completo, con jugadores de equipo, que saben trabajar para los demás y han dado continuidad a un técnico como Tuchel. Pero eso no quiere decir nada, porque mira lo complicado que se le puso el partido frente al Dortmund. Ahora tienen que remontar en casa.

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