Tras la tempestad suele llegar la calma, excepto en estas dos últimas semanas, donde han paseado a sus anchas por el Reino Unido dos tormentas llegadas de América y ninguna de nombre Donald. Y por la zona azul claro de Manchester, además, pasó el ciclón de la UEFA, causando furia, incredulidad y una larga serie de preguntas.

Más allá del futuro más o menos inmediato de los jugadores o el cuerpo técnico, que pese a las declaraciones que hagan en los próximos días aún no mostraran sus cartas, las cuestiones se centran en los próximos movimientos del Manchester City, sus propietarios y los papeles que UEFA o FIFA pudiesen jugar en una partida que los grandes clubes de Europa observan con atención.

El Manchester City está basando su defensa en la ilegitimidad de las pruebas obtenidas, mucho más en la forma de su obtención que en el contenido de unos emails que confirmaban que de los 67,5 millones de libras en los que se valoraba el contrato con Etihad Airlines, la aerolínea solo se hacía cargo de 8, y el el resto llegaba al club directamente de los fondos del propietario. El City ha dicho que los emails son erróneos y sacados de contexto, pero ha sido incapaz de mostrar comunicación alguna rectificando el contenido, como hubiera pasado en cualquier organización. Parece claro, con las informaciones publicadas en los últimos días, que el City no aceptaba la autoridad de UEFA y sus normas de Fair Play Financiero (FPF). Se han conocido declaraciones arrogantes, como preferir gastar dinero en los mejores abogados y pleitear durante 10 años antes que pagar una multa a laUEFA. También manifestaciones de desafortunado mal gusto, como la que parece celebrar la muerte de un miembro del Tribunal que investigaba el caso con un “uno menos, quedan seis”. Dado que el email que filtraba este último mensaje, escrito por el abogado del club, Simon Cliff, fue obtenido de manera irregular (a ojos del City), no han ofrecido disculpa alguna. Es posible que la importancia del contenido del caso esté por encima de la mínima decencia humana.

En cualquier caso, el City parece dispuesto a ir a la guerra. Pueden creer que detrás del FPF están las manos negras de Pérez o Rummenigge, y quizá tengan razón, pero nunca hicieron nada por demostrar ese posible oligopolio que los grandes de Europa querrían proteger –—si los emails del City se filtraron, los del Bayern, Juventus, Madrid o Barcelona también estarán al alcance del pirata— y en su lugar han optado por ignorar tanto las reglas como a la organización que las impone. 

Las opciones de una huida hacia delante del club aparecen por el fin comercial tanto de UEFA como de FIFA que, en cierto modo, compiten entre sí. FIFA, por ejemplo, impone un Mundial de clubes que UEFA rechaza, porque le hace sombra a la Champions League, o porque quizá asome a los clubes a la ventana de una liga europea, incluso mundial, sin el amparo de UEFA, pero quizá con el visto bueno de FIFA, usando como explicación su intención de expandir el fútbol por tierras sin conquistar. 

El City podría hacer giras en lugar de jugar partidos de Copa de Europa, buscando obtener mas rentabilidad financiera. Lo cierto es que eso no es del todo nuevo y otros clubes ya lo intentaron, con muy poco resultado. Ir a Miami, a Tokio, Pekín o Nairobi a jugar un partido amistoso en lugar de viajar a Milán, Madrid o Dortmund en Copa de Europa es mucho más cansado para la plantilla, y poco atractivo para el espectador global, que siempre tendrá un partido con contendientes tan atractivos o más que el Manchester City.

El club podría hacer uso de sus ilimitados fondos y la nueva libertad adquirida tras salir del paraguas de la UEFA y trasladarse a Abu Dabi, donde no hace falta paraguas alguno ni llueve todos los días y alguno más, como en Manchester. Allí podría crear su propia NBA del fútbol, en un torneo global, hiper-profesional y con los jugadores mejores pagados. Eso podría tener un punto de interés, pero el fútbol, y en general el deporte de equipos en Europa, funciona distinto al deporte profesional americano porque los competidores son clubes y no franquicias.

El futbol aún tiene su tradición y marcas irremediablemente magnéticas para el aficionado, desde la propia Copa de Europa a los clubes más famosos. Recordemos que el Liverpool siguió siendo uno de los clubes más populares de Inglaterra en el extranjero pese a que esta temporada cerrará un ciclo de 30 años sin ganar un título de liga. Hubo intentos de ruptura en el circuito de tenis, con la creación de una asociación profesional incapaz de ensombrecer a los Grand Slam, como lo hubo en la Copa del Mundo de Ski, pero las estrellas del deporte no dieron la espalda a esa tradición. En ambos circuitos la ruptura “profesional” no tuvo el efecto querido por los promotores, pero sí se alcanzó una mayor profesionalización de la competición tradicional (no solo económica, también en términos organizativos). Pero es difícil pensar que más puede mejorar el fútbol en beneficio de los clubes.

El City podría tensar la cuerda y ofrecernos la solución al enigma, quizá alimentando su fuerza por el sentimiento de injusticia y persecución que algunos aficionados denuncian. Lo cierto es que las reglas estaban ahí, claras, y, seamos cautos mientras llega la sentencia final. También parece claro que el Manchester City las rompió deliberada y continuamente. Pudiera ser que la solución final quedara en una temporada de exclusión, y así reducir las ganas del City por probar otras alternativas y facilitar al club mantener a sus jugadores y su estructura. 

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