Todo encaja. Para el Real Madrid, digo. Quién sabe si hasta la eliminación de la Copa tendrá un encaje posterior, algo que le dé sentido. El caso es que el equipo se repone de los golpes como los personajes de los dibujos animados, que igual resisten la caída de un yunque que una explosión termonuclear. En la siguiente viñeta se sacuden el polvo y vuelven a la carga.

El dominio de Osasuna fue apabullante durante el primer cuarto de hora. De allí salió con un gol a favor y con el optimismo por las nubes. Para visitar a Courtois no había que llamar a la puerta. Sin embargo, a partir de ese momento el Real Madrid se desperezó como lo hacen los gigantes. Con solo estirar los brazos ya puso en peligro a su rival. El segundo bostezo se confundió con un rugido y en cuanto se frotó las legañas cayeron como proyectiles sobre el área osasunista.

Se puede zarandezar a un equipo superior, y más en una plomiza tarde de invierno, jornada 23º. Igual que se le puede pegar el primer puñetazo a un tipo más fuerte. El problema es darle el segundo antes de recibir cuatro. 

En cuanto Osasuna perdió empuje y el Madrid se remangó, el partido cambió por completo. No hizo falta que el líder jugara bien, sino simplemente que jugara. Que se acercara. En una de esas aproximaciones marcó Isco, favorecido por un rebote, pero redimido por un gran golpeo. La jugada derivó del enésimo error de Bale, que parecía empeñado en parecer torpe. Lo del galés ya ha dejado de ser extraño: ahora es fascinante. Estoy absolutamente convencido de que no hay nada de provocación en su actitud. Juraría, y no creo equivocarme, que es un muchacho que no entiende nada. En cierto sentido me recuerda poderosamente a Gurb, aquel marciano que nació de la pluma de Eduardo Mendoza y que se perdió en Barcelona con la apariencia de Marta Sánchez.

Pero volvamos al partido. Sergio Ramos marcó el segundo asistido de cabeza por Casemiro, que se elevó sobre la defensa de Osasuna como si se hubiera impulsado con una pértiga.

Lo que siguió fue una leve recuperación de Osasuna y una ligera modorra del Madrid. Fueron los mejores minutos de Isco, por cierto, que va resucitando por partes. La sensación es que cuando termine de volver de entre los muertos será un futbolista distinto, más aplicado en defensa y menos espumoso en ataque.

Junto a Isco, Benzema fue el motor del equipo desde su nueva posición de hermano mayor a cargo de diez huerfanitos. También Karim se levantó un día y era una persona distinta. Sería bueno saber qué cenó la noche anterior.

Para que todo encajara, además del triunfo, fue necesario que marcara Jovic, el único polluelo que se le había quedado rezagado a Zidane. El tópico dice que en campos así se ganan ligas; también ayuda acumular catorce partidos sin perder. Tanto como reponerse en una viñeta de la caída de un yunque o de una explosión termonuclear. Y no olvidemos que en la siguiente página aparecerá Hazard.

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