Hola, Emmanuel. Me recuerdo con alrededor de ochos años, en edad de catequesis, encerrándome en mi habitación a estudiar el himno del Madrid con más interés que el Padrenuestro. Aproximadamente un cuarto de siglo atrás, el acceso a la información era más precario que ahora. Ante la falta de un aparato electrónico que hoy te muestra cualquier cosa que quieras saber, entonces un cartoncillo con un calendario a un lado y la letra del himno del Madrid al otro era uno de los mayores tesoros que se podía tener. De ahí saqué las líneas que para mí eran más importantes que todos los estatutos del club:

Enemigo en la contienda,
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como buen y fiel hermano.

Uno va recogiendo ejemplos y valores de aquello que tiene a bien adquirir, incluido el fútbol, que es «una de esas experiencias básicas en las que se funda nuestra niñez y, por lo tanto, lo que somos y seremos», como dice el escritor argentino Eduardo Sacheri. El himno de tu club es una lección tan válida como cualquier otra. Por eso me hizo especial ilusión ver el vídeo que difundió la Real Sociedad en el que Casemiro, que esperaba a sus compañeros al final de la escalera del túnel de vestuarios, se acercó a felicitar a Imanol Alguacil por su pase a semifinales de Copa. Ese gesto tan simple y tan escaso en tiempos de trincheras me lleva a reafirmarme, junto con su capacidad de autocrítica y su extremo compañerismo, en que el brasileño es el jugador que mejor representa los valores madridistas. Si hablamos del Barça, ¿qué futbolista de la actual plantilla defiende mejor tu idea de barcelonismo?

Vivimos en la época de la intolerancia al aburrimiento y a la derrota. Tres veces he escuchado críticas (e incluso peticiones de dimisión) a Zidane en esta temporada, las tres coincidentes con partidos perdidos: París, Mallorca y la eliminación copera. Tan pronto sus rotaciones son una gestión genial de estratega como una actitud kamikaze. El resultado lo condiciona todo, lo doy por hecho, pero un método no puede ser válido una semana sí y no la siguiente en función del marcador.

Parece que la eliminación del enemigo ha provocado una mejor digestión de la derrota propia. Madrid y Barça respiran aliviados al firmar tablas de perdedores en la Copa. Me pregunto si siempre ha sido así o es una tendencia más actual esta de mirar por el rabillo del ojo antes de decidir nuestro propio diagnóstico. Pienso, por ejemplo, en finales de los 90, cuando el Barça ganó la Liga, la Copa y la Supercopa de Europa con Van Gaal y el Madrid alzó La Séptima después de 32 años de sequía en la máxima competición continental. ¿Se dio por buena la temporada en Barcelona? Ayúdame a refrescar la memoria y ver si ha sido siempre igual o ha cambiado algo más que los calendarios de cartón.

Eduardo Sacheri pasó la semana pasada por el Hotel Jorge Juan, el podcast de Javier Aznar. El escritor argentino cuenta que hizo de Racing de Avellaneda al asesino de El secreto de sus ojos porque entiende que los hinchas de Independiente, los suyos, son todos muy educados y buenas personas. Lo relacioné con mis lamentos cuando veo que comparto equipo con gente despreciable; también me pasa al revés: me gusta coincidir en pasión madridista con personas a las que admiro, como, por ejemplo, Rafa Nadal. ¿A ti también te pasa esto?

Me hablabas de Haaland. Creo que su fichaje por el Dortmund tiene más que ver con una estrategia de carrera deportiva, con ir peldaño a peldaño hasta llegar a un grande. Por el camino, su agente, Mino Raiola, se llevará sus correspondientes comisiones por cada traspaso. 

Alúmbrame sobre la situación actual del Barça. ¿Ha habido ya armisticio entre plantilla y dirección deportiva?

Un abrazo,

Juan Carlos.

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